Abr 2 2011
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Política

Hillary, reina de Libia

Pepe Escobar*

La actual situación de estancamiento en Libia podría durar semanas e incluso meses. Si así fuera, balcanización al canto. Piensen en una Libia oriental con Bengasi como capital, rica en petróleo y con un régimen-títere instalado por EEUU (algo similar al del presidente afgano, con un Hamid Karzai a la libia). Sería una especie de Arabia Saudí norteafricana (la Casa de los Saud estaría encantada).

 

Y piensen en una Libia occidental con Trípoli como capital, empobrecida, rabiosa y gobernada por Muamar Gadafi e hijos. Si esto llegara a concretarse, nos vamos de regreso a la década de 1950: Libia sería la nueva Corea. O, lo que sería más inquietante aún, retrocedamos hasta los años de la década de 1960: Libia como nuevo Vietnam.

¿Vietnam? No se sorprendan de que un paranoico consorcio anglo-estadounidense-francés no se detenga ante nada con tal de quitarse de en medio a Gadafi. No van a conformarse con medio rollito de primavera; quieren el kebab entero.

El discurso de la Reina
El nuevo hacedor de reyes del gobierno libio es actualmente una reina: la Secretaria de Estado de EEUU Hillary Clinton. Después de la Conferencia de Londres sobre Libia, ha quedado despejada cualquier duda acerca de si el Departamento de Estado estadounidense está ya instalando desesperadamente un nuevo gobierno salpicado de colaboradores de habla inglesa.

La oposición “oficial” libia solía llamarse a sí misma, de forma tautológica, “Consejo Nacional Transitorio Interino”. Ahora son ya el Consejo Nacional Interino (CNI). Está disculpado cualquiera que corra a ponerse a cubierto al escuchar el acrónimo CNI; porque nos trae terribles recuerdos del Congreso Nacional Iraquí apoyado por Washington y su fábula de las “armas de destrucción masiva” en el período previo a la invasión de Iraq en 2003.
¿Y qué me dicen del nuevo comandante militar del CNI, Jalifa Hifter, un antiguo coronel del ejército libio que se ha pasado casi veinte años viviendo en Vienna, Virginia, no muy lejos de la Agencia Central de Inteligencia en Langley? Los progresistas estarán encantados de saber que un agente de la CIA va a ponerse al frente de esos “rebeldes” tan románticos.

En la Conferencia de Londres, el CNI lanzó con estilo su ingenioso, aunque insustancial, manifesto político –“Una visión de una Libia democrática”- con todos los elementos habituales de rigor: libertad de expresión, elecciones parlamentarias y presidenciales y, muy importante, la promesa de “un estado que sacará su fuerza de nuestras firmes creencias religiosas en la paz, la verdad, la justicia y la igualdad”.

Ese es el código –extremadamente educado- del Islam en la Libia post-Gadafi (para no herir las susceptibilidades de Occidente). Junto con su impecable traducción en inglés, todo parece gritar: “Hábil montaje de relaciones públicas por parte de Occidente”. El Consejo jura que el programa se había redactado originalmente en árabe. Pues no parece ser fruto precisamente de un trabajo rápido de Google Translate.

Por tanto, el CNI dice que el regalo para Occidente, a cambio de los Tomahawks, Tornados y Rafales, va a ser una democracia laica. Aunque algún otro podría decir que una coalición de oportunistas y desertores del ejército se subieron a la ola de la radicalización de las masas en el norte de África, aprovechándose de la ausencia de liderazgo político entre las clases trabajadores y medias, y que no se le ocurrió nada mejor que hacer una alianza militar con el imperialismo occidental. ¿Hay otra explicación más satisfactoria?

Todo el mundo está ahora identificando al CNI como un títere de Occidente, absolutamente dependiente de su apoyo tanto en el terreno político como en el militar. Bienvenida Libia como base de operaciones de avanzada (BOA) al estilo del Pentágono en beneficio de ese mismo Pentágono (vía AFRICOM), de las grandes del petróleo de Occidente y de todo tipo de turbios intereses empresariales anglo-franceses-estadounidenses (véase There’s no business as war business, Asia Times Online, 30 de marzo). Bienvenidos a la nueva Libia que albergará una base militar estadounidense y todos los ejercicios que a la OTAN se les antojen, y que no se gastará ni una gota del dinero del petróleo en proyectos de desarrollo en África Subsahariana.

Como los actores principales –los países BRIC y Alemania- habían advertido ya, están retorciendo como un pretzel [*] la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de la ONU. La Reina Hillary está ahora diciendo abiertamente que es legal armar a los “rebeldes”. Otra componente del escuadrón de combate de la reina, la embajadora de EEUU ante la ONU, Susan Rice, dijo que EEUU no había descartado armar a los rebeldes, mimetizando las palabras del Presidente Barack Obama. Impresionado, el Secretario del Foreign Office británico, William Hague, se mostró de acuerdo.

Y, asimismo, Qatar.

Lauren Gbagbo perdió las elecciones presidenciales en Costa de Marfil pero se ha negado a aceptarlo. Controla una inmensa milicia, armada hasta los dientes, en la que van todos exhibiendo el brillo de las pistolas secuestrando a las personalidades electas de la oposición, a los intelectuales y a los dirigentes de la sociedad civil. Cualquiera que haya apoyado al ganador de las elecciones, Alassane Quattara, es un objetivo.

¿Sombras de Gaddafi? Peor aún: sombras de Ruanda en 1994, de Uganda en 2008 y del Congo durante el decenio de 1990. Y no por unos pocos miles de civiles muertos, sino por cientos de miles de civiles muertos (y en el caso del Congo, quizá fueran hasta cuatro millones). Y ni un chirrido de R2P (“responsabilidad de proteger”) salió de la “comunidad internacional”.

Si el consorcio anglo-francés-estadounidense realmente quería detener la violencia en Libia, una solución razonable hubiera sido enviar una comisión de las Naciones Unidas para poder analizar realmente los hechos sobre el terreno. Nadie sabe en realidad cuántos civiles han matado las fuerzas de Gadafi, o cuantos ataques aéreos lanzó su régimen. Nadie sabe cuántos africanos negros fueron violados o asesinados por los “rebeldes”, que asumieron que eran mercenarios de Gadafi.

El mismo Gadafi se mostró de acuerdo con el envío de una comisión independiente de Naciones Unidas. La primera medida de R2P no consiste en la opción Tomahawk, consiste en mediar, en pedir un alto el fuego y empezar a negociar.

El Primer Ministro turco Recep Tayyip Erdogan tiene razón cuando dice que esta guerra “humanitaria” se está convirtiendo a toda velocidad en un “segundo Iraq” o en “otro Afganistán”. También dijo que Turquía está hablando tanto con Gadafi como con el CNI. Con sensatez –y como parte de la OTAN-, Turquía está a punto de asumir el control del puerto y del aeropuerto de Bengasi para acelerar la entrega de ayuda humanitaria. Si se produce un alto el fuego, el mérito lo tiene Turquía, que está trabajando de firme para establecer un corredor humanitario, con ayuda de Italia. Al neonapoleónico Presidente francés liberador de los árabes Nicolas Sarkozy no debe hacerle mucha gracia.

Turquía está también estableciendo vínculos con la Unión Africana, a la que el consorcio anglo-francés-estadounidense había dejado totalmente al margen. Francia y Gran Bretaña ya pueden preparar su paranoia respecto a las inminentes oleadas de inmigrantes procedentes de África, ahora que Libia –que era el poli territorial de los europeos- no va a desempeñar ya más tal papel. Italia –que está ya lidiando con oleadas y oleadas de nuevas llegadas a la isla de Lampedusa- está al menos intentando trabajar en el frente humanitario junto con Turquía.

No hay garantía alguna de que los esfuerzos de mediación de Turquía vayan a llegar a buen puerto. La intervención extranjera del Pentágono/Africom/OTAN en Libia –“legitimizada” por la muy poco fiable tapadera de las Naciones Unidas- aparece perfilada como un golpe maestro contrarrevolucionario. Pero no se equivoquen respecto a cuál es el objetivo final: aplastar el grandioso momento revolucionario árabe de 2011, demostrar quién es el jefe e imponer un neocolonialismo con un lavado de cara. Para ver cómo se desarrolla, uno tan sólo tiene que centrarse en el discurso de la Reina Hillary.

*Periodista de origen filipino de Asia Times Online

Fuente: http://www.atimes.com/atimes/Middle_East/MC31Ak02.html

 

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