Jul 27 2020
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Economía

Hoja de ruta pos-CoVid-19 (VI): Navegando en aguas turbulentas

En la segunda entrega de esta serie discut√≠a sobre c√≥mo percibir los signos que individualmente nos deben hacer reconocer en qu√© momento debemos dar ese giro copernicano a nuestras vidas y abandonar la vida pasada para que una vida futura sea posible. En esta √ļltima entrega de la ¬ęHoja de ruta¬Ľ discutir√© sobre una cuesti√≥n complementaria de la anterior: reconocer qu√© signos debemos ignorar. Si entonces hablaba de decisiones individuales, en esta entrega hablar√© de inteligencia colectiva (o de su ausencia) y sobre c√≥mo debemos hacerle frente.
Uno de los problemas obvios que tenemos por delante como sociedad es que no estamos preparados ni material ni psicológicamente para hacer frente al proceso de transformación que inevitablemente nos va a sobrevenir, transformación que muchos identifican con un colapso más o menos completo de la sociedad. Los primeros posts de esta serie hablaban de las razones de este colapso (El Cisne Negro), de cómo reconocer nuestro colapso personal para poder empezar a cambiar (Poniéndose en marcha) y de qué podemos hacer cada uno de nosotros individualmente (Qué puedo hacer yo) y colectivamente (La forja de la comunidad).
El quinto post explicaba por qu√© no cab√≠a esperar ninguna reacci√≥n √ļtil de los Estados (La ca√≠da de los Estados), porque en esencia los Estados como tales tambi√©n van a colapsar y porque su manera de funcionar y sus pol√≠ticas solo pueden llevarles a colapsar. Pero ese colapso no va a ser sin ruido, sino que la ca√≠da de tan pesadas maquinarias de poder va a levantar una intensa polvareda, y esa polvareda es lo que nos va a dificultar la visi√≥n, y a ratos la respiraci√≥n, durante los pr√≥ximos a√Īos.
De hecho, solo han ca√≠do los primeros cascotes pero la visi√≥n ya comienza a hacerse borrosa, lo que a√Īade a la dificultad psicol√≥gica de aprehender y aceptar el colapso la dificultad de encontrar el camino correcto.
Los primeros signos del colapso del Estado se observan en el incumplimiento de sus compromisos. Los Estados modernos tienen su raz√≥n de ser en el contrato impl√≠cito con sus ciudadanos de ofrecerles una serie de servicios y de atender sus necesidades. Lo que lleva pasando desde hace bastantes a√Īos es que los Estados cada vez se alejan m√°s de ese ideal de servicio al ciudadano (ciudadano que, en los pa√≠ses democr√°ticos, es quien se supone que ostenta la legitimidad, y no el Estado en s√≠, el cual se supone que es su servidor).
Con excusas cada vez m√°s bobas los poderes p√ļblicos dan palos de ciego y emprenden pol√≠ticas cada vez m√°s err√≥neas, presos como est√°n en una mara√Īa de intereses de grandes corporaciones y de una desinformaci√≥n de alta calidad dise√Īada espec√≠ficamente para confundirles. ¬ŅC√≥mo se explica, por ejemplo, que la gran mayor√≠a de los expertos en la ¬ęTransici√≥n ecol√≥gica¬Ľ con los que cuentan los ministerios del ramo no sean bi√≥logos, f√≠sicos, matem√°ticos o ingenieros, sino economistas? Los Gobiernos creen realmente que su sesgada visi√≥n de la realidad es la realidad misma, son ciegos y ni siquiera saben que no ven.
A partir de aquí, confundiendo lo que se debe hacer con lo que aquéllos con acceso privilegido a las esferas de poder les dicen que se debe hacer, los Estados se lanzan a una espiral de incumplimiento de deberes. Se empieza por congelar o reducir las prestaciones sociales, luego las pensiones,  luego las becas, más tarde la inversión en investigación, después la cobertura por desempleo, luego se reduce la asistencia sanitaria y luego todo en general. Lo que se paga con los impuestos de todos sirve cada vez menos a los intereses de todos.
Aquellos que m√°s pagan (y en especial las empresas) se frotan las manos y promueven m√°s desinformaci√≥n con la esperanza de pagar a√ļn menos impuestos, sin comprender que el continuo adelgazamiento del Estado lo aboca a su disfuncionalidad y, peor a√ļn, a la p√©rdida de legitimidad a los ojos de los ciudadanos.
Es en esos momentos más críticos cuando más desinformación se emite, cuando se segrega la que sin duda es la substancia más tóxica que ha inventado el ser humano: la propaganda. Y es que, a diferencia de otros venenos, la propaganda tiene la capacidad de alterar las mentes de las personas afectadas hasta el punto de que olvidan cuáles son sus intereses de grupo y adoptan intereses espurios que en realidad van en su perjuicio. Se comienzan a crear facciones, en función de cuál sea el veneno que predomine en cada grupo.
Un buen ejemplo de este alistamiento por facciones lo podemos ver en la actual crisis de la CoVid-19. Está un primer grupo que cree que la epidemia de la CoVid es una excusa para reducir las libertades individuales e imponernos antidemocráticas medidas colectivistas y uniformizadoras, y que por tanto consideran su deber resistirse a estas medidas como los auténticos luchadores por la libertad que son.
Tenemos luego un segundo grupo, que cree que cree que el virus de la CoVid fue creado en un laboratorio chino o americano y que es un mecanismo de las farmacéuticas para ganar dinero o de los Gobiernos para eliminar población sobrante, y que por tanto dedican su tiempo a recopilar pruebas e intentar exponer esta conspiranoia.
Y por √ļltimo (aunque hay otros grup√ļsculos menores) tendr√≠amos un tercer grupo que cree que en realidad el virus de la CoVid no existe y que se est√°n difundiendo noticias falsas sobre enfermos y hospitalizaciones para cualquiera de los fines anteriores, y que por tanto van por todos lados sin mascarillas ni nada.
El caso es que, aunque la mayoría de la población no se alinea con esas tres facciones, el hecho de que existan y de que una parte de la discusión partidista coquetee con ellas (y por eso a veces los dirigentes de los partidos políticos dicen cosas poco claras), tal ceremonia de confusión y de teorías de las conspiración hace que no se haga una pedagogía básica sobre medidas sencillas que evitarían la propagación de la enfermedad.
Estamos solo a 14 d√≠as de librarnos (pr√°cticamente) del dichoso virus, si simplemente us√°ramos correctamente las mascarillas y nos lav√°ramos las manos durante ese per√≠odo de tiempo; pero en la pr√°ctica igual parece que estuvi√©ramos a 14 a√Īos de conseguirlo, porque no somos capaces de seguir todos a la vez unas normas tan sencillas durante dos pu√Īeteras semanas.
Con toda la intoxicaci√≥n del debate p√ļblico, alimentada por los intereses espurios de algunos y por la desconfianza de una poblaci√≥n azotada durante a√Īos de recortes y desprecios, hemos llegado a un punto en que la gente no sabe c√≥mo funciona una mascarilla (y suerte que estamos hablando de un simple trozo de tela: si nuestra supervivencia estuviera en juego y dependiera de algo un poco m√°s complicado estar√≠amos perdidos).
En vez de hacer campa√Īas de concienciaci√≥n, explicando que la mascarilla tiene que cubrir boca y nariz en todo momento, que el objetivo primario es no infectar a los dem√°s y que por tanto se trata de una cuesti√≥n de respeto, que la clave son los espacios p√ļblicos donde haya poca separaci√≥n y los pobremente ventilados, etc, etc, lo que hay es un corifeo gallin√°ceo que apunta en todas las direcciones, cuanto m√°s rid√≠culas mejor.
Por cierto, aviso a mis paisanos que no estaba hablando de Espa√Īa. Y es que aunque en nuestro pa√≠s tambi√©n se ven estas cosas, en realidad est√°n extendidas por todo el mundo: vayan al pa√≠s que quieran y encontraran las mismas idioteces. Lo cual demuestra que hay una crisis de confianza global, y que, sometidos al estr√©s de una crisis de gran alcance como la que ha planteado la CoVid, el sistema revienta de similar manera en la mayor√≠a de los pa√≠ses.
No todo el mundo es igual de susceptible al veneno de la propaganda, y eso tambi√©n afecta a los servidores p√ļblicos: algunos ser√°n m√°s propensos a dejarse llevar por la marea de infundios y falsedades, y otros no tanto. Ese efecto desigual de la propaganda sobre las personas que accionan los resortes del Estado alimenta un creciente conflicto entre los poderes del Estado: jueces que anulan decisiones gubernamentales, polic√≠as que deciden a su arbitrio si aplican ciertas normas o no, administraciones locales que desoyen las nacionales y viceversa.
Al estallido de las contradicciones internas características del desmoronamiento de los Estados, se le une esta espesa neblina de confusión que todavía genera más choques y conflictos, y que acelerará la desligitimación del poder estatal; al mismo tiempo, la misma propaganda hará difícil que se asiente un nuevo poder legítimo, puesto que el mismo lastre de desconfianza y mentiras le arrastrará, al menos al comienzo y hasta que la situación se asiente.
Tampoco cabe esperar nada bueno desde los medios de comunicación. No están pensados para esto y solo generarán ruido, amplificando toda la basura y tonterías que haya a su alrededor. Tendrán que confiar no en lo que le digan, sino en aquello que vean en su entorno cercano. Tendrán que evaluar por ustedes mismos todo, qué es lo que funciona y qué es lo que no, sin dar nada por sentado, y sobre todo, sin hacer caso a la propaganda que algunas veces interesadamente insistirá en que lo que ustedes están haciendo no puede funcionar, a pesar de que la experiencia propia les esté diciendo que sí.
√Čsta es la √ļltima dificultad, la √ļltima prueba que tenemos que superar para llegar desde donde estamos hasta donde queremos ir. No escuchen el ensordecedor ruido, no se dejen enga√Īar por los cantos de sirena, no se dejen arrastrar por las pl√°ticas demag√≥gicas. Tienen que tener criterio propio, tienen que ser capaces de decidir por s√≠ mismos qu√© es lo que quieren hacer y ver por d√≥nde tienen que seguir, y sobre todo establecer lazos con la gente m√°s pr√≥xima que tambi√©n quiere trabajar en construir ese futuro.
Con este post cierro la serie. Ahora ya tienen todas las recomendaciones que yo les podría dar. Ahora ya tienen una indicación de cómo hacerse su hoja de ruta, aunque cada persona deberá elaborar la suya propia. Mucha suerte en el camino.
* Cient√≠fico y divulgador licenciado en F√≠sica y Matem√°ticas y doctor en F√≠sica Te√≥rica por la Universidad Aut√≥noma de Madrid. Trabaja como cient√≠fico titular en el Institut de Ci√®ncies del Mar del CSIC.‚Äč Editor de The Oil Crash.
Notas anteriores
https://www.surysur.net/hoja-de-ruta-pos-covid-19-que-puedo-hacer-yo/
https://www.surysur.net/hoja-de-ruta-pos-covid-19-iv-la-forja-de-la-comunidad/
https://www.surysur.net/hoja-de-ruta-pos-covid-19-v-la-caida-de-los-estados/
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