Ago 26 2009
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Política

Honduras, la incertidumbre y la ruleta imperial

Nestor Francia.*

El imperio y su experimento en Honduras: la situación sigue llena de contradicciones. El imperio trata de diseñar una nueva cartilla y la lucha armada aparece como una opción para los hondureños. Lo cierto es que nadie la tiene fácil en Honduras.

La situación de Honduras se mantiene llena de contradicciones y movimientos sigilosos del Imperio para tratar de imponer su agenda que podría convertirse en una nueva cartilla contra los gobiernos que no le son convenientes. Es muy difícil que en esta época se imponga el golpismo tradicional: es la hora de las “revoluciones” de colores y de los golpes constitucionales. Las contradicciones intrínsecas del capitalismo y las luchas populares por la soberanía y la justicia social han terminado por poner camisas de fuerza al golpismo tradicional.

De tanto mostrar el fantasma de su “democracia” para justificar sus desmanes, la burguesía terminó por crear límites y barreras que no le son deseables pero que se convierten en inevitables. Hoy difícilmente pueden pasarle por encima a los derechos humanos sin levantar polvaredas. Lo siguen haciendo, es verdad, a través de su poder militar y con el concurso de sus cómplices como Israel. Pero se trata de operaciones cada vez más costosas en lo político, en lo militar, en lo económico.

La guerra de Iraq fue una de las razones principales de la derrota electoral de George Bush y del deterioro de la imagen general de los Estados Unidos ¿Significa esto que el imperio se cruzará de brazos y dejará hacer? Por supuesto que no, simplemente seguirá buscando nuevos caminos y fórmulas para prolongar su amenazada dominación, su dictadura militar mundial.

Por eso la importancia del experimento de Honduras. Una vez que las fuerzas ultraderechistas desatadas lanzaron el zarpazo (seguramente con el conocimiento de Obama pero no con su completa aprobación), este presidente ladino, hábil, lleno de dobleces e hipocresía, ha notado –no hay duda de que es inteligente– junto a su entorno los peligros que encierra la situación hondureña. So pena de quedarse aislado, el imperio ha tenido que venir dando pasos finos y astutos para moverse en la maraña golpista.

Condena el golpe de forma declarativa, pero no termina de quitarle el apoyo. Ha diseñado un plan donde no las tiene todas consigo, pues poderosas fuerzas internas y externas –en el propio seno imperial y en el mundo– continúan respaldando a Micheletti y apuestan al desgaste de la resistencia, y a que el tiempo se encargue de consagrar la ofensiva oligárquica en el país centroamericano. Al mismo tiempo, Obama y su combo temen las consecuencias que podría traer consigo el crecimiento de la organización y la conciencia del pueblo de Honduras.

Ya el líder sindical de los maestros, Bertín Alfaro, ha afirmado que unos dos mil hondureños se están entrenando en Nicaragua para una resistencia armada. Honduras se puede convertir en un polvorín con consecuencias imprevisibles.

En medio de estas contradicciones y de manera sin duda confusa y experimental, el dúo Obama-Clinton sigue tratando de imponer el Acuerdo de San José, la fórmula que han encontrado para intentar desatar el nudo gordiano que se les ha creado en Honduras. De tener éxito, podrían convertir ese plan en un método, que tendría las siguientes características:

– Lanzamiento de un golpe constitucional una vez completado el asalto burgués a las instituciones en países con gobiernos incómodos.
– Condena formal y apoyo real.
– Búsqueda de acuerdos negociados que aten de manos a los líderes “rebeldes” y desarticulen y desmoralicen al movimiento popular.
– Apoyarse en los gobiernos “amigos” para consagrar el resultado de las negociaciones.
– Establecer una especie de control internacional que aliente y permita cambios superficiales en lo político, social y económico, pero que al mismo tiempo evite y postergue indefinidamente los cambios radicales y estructurales.

El imperialismo no puede evitar que las ansias de justicia y de cambio de los pueblos continúen expresándose, así que trata de adaptarse, de experimentar nuevas tácticas. Pero no la tiene fácil: la crisis del sistema y sus tremendas contradicciones internas, unidas al avance popular, le ha puesto la misión cuesta arriba.

La visita a Honduras de la comisión de la OEA ha resultado un nuevo fracaso. Al parecer, el plan Obama-Clinton se encuentra atascado. Por eso intentan presionar a los golpistas con tímidas medidas, más efectistas que efectivas, como la suspensión de la entrega de visas gringas en Honduras. Pero aun les quedan cartuchos por usar, como plegarse poco a poco a los hechos consumados, y tratar de abogar diplomáticamente por el paulatino reconocimiento del gobierno que surja de unas probables elecciones bajo el régimen golpista.

Sin embargo, la cosa no es de coser y cantar. Nadie la tiene fácil en la situación de Honduras y nada está definido. Mientras tanto, como es natural, las más caras esperanzas están depositadas en el movimiento popular.
 

* Analista de asuntos políticos.

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