Nov 24 2012
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Cultura

Hotel Marconi y el nuevo cine latinoamericano


Una valija y un retorno a un lugar situado por los recuerdos hacen de Hotel Marconi un presente fuera del presente, un lugar sin lugar, un nexo de situaciones, una serie de momentos de paso. Como todo hotel, este es un espacio que recibe y que está situado por lo que recibe (hostis). Hotel Marconi, filme de Camilo Echegoyen y Juan Carlos Mege sobre un texto de Jesús Sepúlveda, sería entonces un ritual de paso y transformación para aquellos que llegan a encontrarse en su espacio.
| ALEJANDRO A. VALLEGA.*

 

 … Hoy lo universal es también la visión desmesurada del latinoamericano.
Miguel Littin.

 

i. El mito griego cuenta del barquero de Acheron, el guía sin edad que nos acompaña en el cruce de la vida a la muerte. Dice la historia que al atravesar el río (Lete o Leteo), las almas olvidan la vida que han dejado para pasar al mundo subterráneo de los muertos. En Hotel Marconi el poeta vuelve.

 

La dirección se invierte… Para volver se requiere un acto temporal que viola la dirección tradicional de la memoria: volver, girar, re-tornar, una revolución más, un movimiento ex-orbitante. Al volver no se retorna desde el futuro sino que hacia el futuro desde lo recordado.

 

Este es un acto utópico, fuera del presente, porque re-salta la temporalidad del presente. Aunque se pueda decir que el acto de la memoria se mueve simultáneamente hacia adelante y hacia atrás, su progreso es siempre desde fuera del presente, desde otro tiempo ya pasado; desde un lugar y tiempo que no cabe en la historia lineal que se mueve del pasado al presente hacia el futuro. Como el arte, el acto de la memoria instaura realidades y sentidos mas allá de la realidad.

 

Para decirlo de otra manera, el ritual no ocurre nunca de acuerdo a la realidad, y la realidad del arte no es un momento más, sino que es tiempo originario, nudo. Esto se ve en que el tren que lleva al protagonista es un simulacro del pasado, la sombra vibrante en la pantalla de una línea que ya no existe por la que viaja un tren sin partida ni llegada.

 

Se trata del tiempo nudo del ritual, se trata de la barca que nos lleva en una transmigración sin nombre. Se trata de un retorno que traspasa el río del olvido desde el pasado, de la muerte a la vida. El viaje viola el orden de vida y muerte, el viejo tren del norte nos devuelve a la vida desde la muerte.

 

ii. En Hotel Marconi la cámara opera como instrumento de transformación. El ritual se lleva a cabo en la cinematografía. Se trata de un cine en que lo común se hace mágicamente significativo.

 

Las cabras con su mirada perpleja y su encuadre retinal; las palomas que vuelan más alto que la ciudad, más allá de la desesperanza del poeta sin nombre (¿nombrada quizás por ellas?); la mariposa de luce su presencia trémula entre las piedras a la luz del día; las paredes con el grafiti de una humanidad ausente, gráfica de una memoria abandonada; calles vacías, edificios abandonados, cristales rotos que ya no reflejan sino que marcan vacíos inenarrables…

 

A través de estos elementos se desenvuelve y se descubre la situación del poeta. En esta transformación de lo común la vida se hace poesía; sin necesidad de escribirla, dirigirla y afirmarla, la poesía es sentido y, como decía Wim Wenders, el tiempo se hace arte: Zeit ist Kunst.

 

Se trata entonces de la poesía de la cual es capaz el cine de lo inmediato, de lo situado, de lo vivido en su densidad y ambigüedad con respecto a la conciencia humana, en la cual se va depurando el tiempo hacia la palabra.

 

iii. Sin palabra dada no hay narrativa posible: el ritual de la visión no tiene aún palabra. Por esto es que el desarrollo de Hotel Marconi no ocurre como narrativa en un tiempo lineal, sino que como una serie de círculos concéntricos (prácticamente un canto chamánico) en torno a un momento. Dos cuerpos desnudos, que no se encuentran… “Esta noche no Madame Ard / un precipicio se forma en los cristales …”

 

La mujer se alza y en su espacio vacío se cierra el puño de un hombre solo, solo y falto de ese momento. Es un momento perdido, un momento que como la historia nos puede fallar y abandonarnos al dejarnos en busca de lo que se perdió.

 

A ese momento no hay retorno y sin retorno quedamos suspendidos, perdidos, en busca de una recuperación imposible, anclados en cuartos vacíos, en noches que traspasan todos los amaneceres. Ya que el que busca lo perdido en el pasado deja de vivir su tiempo… y el que olvida su pasado también.

 

iv. Cuando el centro es un punto de fuga (…)
las esquinas se distancian a la misma velocidad. Anaxágoras).

 

Hotel Marconi es un film-ritual hecho de momentos atmosféricos, fuera de la dinámica común de la narrativa lineal. Cada secuencia vuelve al momento perdido por medio de cambios de atmósfera, cambios que le dan la tensión interna al desarrollo del film. Como en el movimiento musical de la fuga, volvemos con cada secuencia de una manera diferente al momento perdido, al punto central de fuga.

 

La secuencia de lugares, de encuentros, de personajes no tiene una lógica narrativa, sino que ejerce cambios afectivos que continúan a resituar al vidente con respecto al momento de crisis. Como cambia el color del mar y nos da un sentido más y más inmediato de su profundidad, así cambia la tonalidad del film, y cada vez nos adentramos más en ese momento sin fin. La conciencia se disemina y al mismo tiempo se interna en el punto de fuga…

 

El poeta que vuelve sin palabras, el noctambular por las calles casi vacías de la ciudad, el día en la indiferencia muda de la misma ciudad, un cuarto sin descanso, las ruinas de una casa que contiene un corazón desnudo y la memoria de una muerte, un letrero que anuncia la nada en la próxima plaza, y la playa de las horas que nadie aprovecha, todos momentos de un re-torno sin descanso hasta perderse en el océano, adonde termina el tiempo.

 

v. Vivir codo a codo junto al tiempo como un hermano bastardo que nunca será bienvenido (…) El silencio de todas las lenguas. Sus usuarios (…) Máscaras en el fondo de una genética que huye de sí misma…
(Es duro enfrentarse a estas palabras vacías)
-

 

El tiempo en Hotel Marconi es anacrónico y su espacio utópico. Anacrónico porque todo presente se desenvuelve sin librarse de un pasado fugado, y por esto todo presente es también una fuga hacia lo indómito de la conciencia en el presente. Al mismo tiempo cada retorno es un retorno a la imposibilidad de darle una definición y forma definitiva al presente.

 

Es el retorno de lo mismo en Nietzsche como lo lee Kundera al principio de La insoportable levedad del ser: La vida sería demasiado ligera, una palabra volada, sin la idea de un retorno constante al momento aparentemente efímero. La repetición hace el peso. Y sin embargo, en Hotel Marconi aprendemos que el re-torno ocurre en todo momento que se devuelve hacia una memoria imposible de recuperar. El reto y la verdad de la conciencia, de acordarse de haber nacido.



 

El espacio del film es utópico, ya que no cabe en la concepción del tiempo histórico moderno. La modernidad se define en relación a una progresión temporal específica. El presente o la modernidad se encuentra como el punto más avanzado de la humanidad. Este presente ha dejado atrás el pasado, y al mismo tiempo, al ser el momento más avanzado de la conciencia humana, se identifica como la condición de posibilidad del futuro.

 

Así es como se ve la historia desde la perspectiva occidental europea, norteamericana [estadounidense], cristiana y desde las tantas colonialidades de los otros mundos sometidos que la acompañan (esos mundos oprimidos y abandonados de los pueblos indígenas, afro-caribeños, y tantos otros).

 

De acuerdo a esta visión, la conciencia humana se divide entre saber y no saber, o sea, entre Este-Occidente, Norte-Sur, civilización-barbarie, ciencia-mística y magia, racionalidad-irracionalidad, y modernidad-tradicionalismo. La estructura temporal de Hotel Marconi hace imposible este sistema temporal y esta dialéctica de poder: el mito de un presente separado del pasado por su progreso es simplemente imposible de acuerdo a la temporalidad concéntrica y profunda del film. 

 

II
Intercambio de experiencias reales y soñadas, conjugación de verbo crítico y poético, de nuestra vida y de nuestro arte, de lo que somos y lo que queremos ser como ciudadanos de tres mundos, como cineastas del mundo por venir.
(Acta de nacimiento de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, Cuba, 1986)

 

Con las breves observaciones en la primera parte de este pequeño tributo he querido acercarme a Hotel Marconi y aportar otra voz. La primera parte del texto registra un encuentro, y ahora quiero situar este encuentro en relación al aporte que creo que hace la película al cine nuevo latinoamericano. 



 

Como explica Fernando Birri en sus Lecciones de Stanford, el nuevo cine latinoamericano es un cine que se desarrolla a partir de la situación y realidades concretas latinoamericanas. Esto quiere decir que es un cine hecho de la realidad inmediata de nuestras vidas, y que su estética debería corresponder a tal realidad. Sin duda Hotel Marconi es un ejemplo de ambas características.

 

Estas no son reglas a seguir por razones ideológicas, sino que se refieren a una necesidad mucho más significativa para el artista y poeta. Hacer arte desde nuestra realidad y con lo que tenemos a nuestro alcance nos puede llevar a estéticas distintas. Este es el punto fundamental.

 

Aun más, sin entender esto, un filme como Hotel Marconi podría parecer una producción pobre y sin narrativa, devaluación bajo valores en que resalta la estética occidental norte americana [estadounidense] tradicional, hoy en día casi única (nótese la dificultad de tantos cineastas europeos para lograr la distribución de sus trabajos hasta dentro de sus propios países).

 

El hacer nuevo cine latinoamericano se trata de darle forma y articulación a nuestras y otras tantas maneras de ver, de sentir, y al fin y al cabo, de vivir, para así poder entendernos al ir situando nuestras derrotas, esperanzas, desesperanzas y mínimos triunfos en el contexto más amplio de ideas y expectativas sobre nuestra existencia.

 

Esta es la tarea, pienso yo, a la que invita el desarrollo del nuevo cine latinoamericano con la inauguración de la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños en 1986, y con las producciones previas y posteriores de directores como Miguel Littin, Sanjinés, Patricio Guzmán, Fernando Pino Solanas, Lucía Puenzo, y tantos otros.



 

Hotel Marconi nos expone a una estética de lo inmediato pero va más allá al presentar una temporalidad que no corresponde con la narrativa tradicional o con la idea unidireccional y progresista del tiempo visto desde la perspectiva de la historicidad moderna occidental y cristiana. Esto ocurre por medio de su estructura cíclica en torno al ritual y por medio del retorno a la fuga.

 

Y esta fuga es sostenida por la superposición sincrónica de pasado, futuro, y de un presente que se sitúa en el juego irreducible de los dos primeros y la imposibilidad de ordenarlos bajo una sola temporalidad. El ritual, el tiempo profundo, y lo poético de lo inmediato y más simple son verdades de una América articulada, distinta y viva.

 

En estas superposición se sitúa la conciencia del protagonista y del público, y también con ella la posibilidad y dificultad de darle palabra a nuestra realidad.
——
* Doctor en Filosofía. Profesor en la Universidad de Oregón (Oregón, Estados Unidos).
En http://letras.s5.com

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1 Comentário

Comentarios

  1. loferato
    26 noviembre 2012 14:07

    Uma nota de imprensa publicada ontem nos Estados Unidos sobre o filme Hotel Marconi onde eu faço parte do elenco. Parabéns para os diretores, equipe técnico, produtores e elenco de atores e atrizes!!!

    Loferato