Mar 22 2006
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Cultura

IGNORANCIA BUROCRÁTICA, – SÍNDROME DEL ENERGÚMENO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

(San José de Costa Rica). Durante el mes de enero del año en curso la escultora Leda Astorga fue informada –por un familiar– que su escultura Arco iris, emplazada en el Parque Metropolitano de La Sabana, en San José, había sido intervenida pictóricamente. Con la rabia y la impotencia que ocasiona un hecho de esta naturaleza en una artista de su sensibilidad, se dio a la tarea de averiguar lo sucedido.

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Coincidentemente, su trabajo de 4.25 metros de altura fue escogido, desde el año pasado, por el Festival Internacional de las Artes (FIA), como logotipo de la décima edición de dicho festival, inaugurado el 17 de marzo de 2006 precisamente en La Sabana.

También Correos de Costa Rica escogió esa escultura para ilustrar un sello conmemorativo del mismo festival, el cual, por su calidad gráfica, es un deleite para los coleccionistas filatélicos.

Astorga supo que el ICODER (Instituto Costarricense del Deporte y la Recreación) contrató una empresa para pintar las esculturas que rodean el lago del Parque Metropolitano, las quefueron creadas en el marco del Festival Internacional de las Artes de 1998, en un Simposio Internacional de Escultura. Hay que subrayar que allí se encuentran esculturas hechas por artistas franceses, italianos y españoles, entre otras de nacionales.

La escultora envió una nota al Consejo Nacional de Deportes y le respondieron amablemente acerca de la situación, pero sin evacuar tres preguntas que ella había realizado:

1. ¿Quién autorizó el cambio de colores de la obra y con qué criterio técnico?
2. ¿Por qué no se le informó o se le consultó a la artista que se iba a pintar?
3- ¿Quién o quiénes son las personas que intervinieron la obra?

La respuesta del ICODER la remitió al señor administrador del Parque Metropolitano, un funcionario de apellido Roque, quien le explicó el laberíntico proceso administrativo, tratándola luego, grosera e irrespetuosamente al espetarle que debía agradecer que se la habían pintado, porque estaba horrible.

Para este burócrata, si alguien retoca una pintura de Rafa Fernández, para poner un ejemplo vivo, el reconocido pintor deberá agradecerle por su fina cortesía. Igual, si alguien reescribe un poema de Jorge Debravo, los descendientes del poeta deben apresurarse a agradecer su genial aporte.

fotoLo que llama la atención de tan indignante y bochornosa situación es la ignorancia supina de funcionarios de ese tipo, no solo de la Ley de Derechos de Autor, sino, fundamentalmente, de la tradición cultural costarricense y de su patrimonio artístico.

Es obvio que el señor Roque está acostumbrado a tratar con los caballos de la Policía Montada, balones y sacos de box, marcos de canchas de fútbol, graderías de estadio, techos de gimnasios y superficies de piscinas, pero jamás con obras de arte. Por lo demás, su manejo de las más elementales reglas de urbanismo y trato con personas, dista mucho de su cargo administrativo.

Posiblemente nunca ha tenido trato con un artista, mucho menos de la calidad humana de la afectada. Su prepotencia encierra mucho del síndrome del buen energúmeno que se siente protegido detrás de un escritorio, cual búnker de la impunidad institucional.

Es claro que la escultura, donada por la autora al Parque Metropolitano de La Sabana como parte de las normas del Simposio Internacional de Escultura, pertenece al estado y el ICODER, custodio de la misma, posee, por lo tanto, los derechos patrimoniales. Pero jamás el derecho moral, el cual es personalísimo, inalienable, irrenunciable y perpetuo por parte del creador artístico, incluso después de la cesión de cualquier obra (Artículo 13, Ley 6683 del 14/10/1982 sobre Derechos de Autor y Derechos Conexos).

El derecho moral, además, comprende y le permite al autor el impedir toda reproducción o comunicación al público de su obra, si se ha deformado, mutilado o alterado de cualquier manera (inciso C del Artículo 14 de la ley mencionada).

En virtud de lo anterior, Leda Astorga procedió a cubrir su escultura durante la realización del festival hasta que se resuelva el conflicto planteado, toda vez que fue adulterada su paleta artística.

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Ojalá que la valentía de Leda Astorga sirva para llamar la atención acerca de la violación de los derechos de autor, que cotidiana y desgraciadamente se practica en nuestro país. Y para que otros artistas se empoderen y empiecen a luchar por sus derechos con la tenacidad y dignidad con que la artista lo ha hecho. Pero, principalmente, para que burócratas y ciudadanos en general, adquieran conciencia de los valores intrínsicos de una obra de arte y de las leyes que protegen a sus creadores.

De esa manera se le concederá mayor relevancia a la mediación de instituciones como el Museo de Arte Costarricense, garante de las colecciones estatales y de nuestro acervo artístico.

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* Escritor costarricense.

Addenda

La escultura de Leda Astorga: Una propuesta desacralizadora

Bajo este título la periodista nicaragüense María Solores G. Tórrez escribió el 27 de febrero de 1999 en el Nuevo Diario de Managua:

El primer encuentro con la escultura de Leda Astorga (San José, Costa Rica, 1957) tuvo lugar en un supermercado, ojeando una revista de arte. El encuentro no fue con la artista sino con su obra que me impacto por su atrevida imaginería, por su policromía y su fino sentido del humor. No me imaginé que una semana más tarde, tendría la oportunidad de conocer tanto a la autora de las esculturas como a las criaturas, y que éstas, resultasen mucho más impactantes y atrayentes que en las fotografías.

Se trata de retratos vigorosos y directos que desafían la tradicional representación de la mujer bajo los cánones de belleza y perfección con que tradicionalmente la idealizan. Su anatomía es desmesurada, con marcada obesidad y al mismo tiempo, voluptuosa, plácida y llena de humor. Ese humor está presente en toda la obra de Leda Astorga, y a través de él, fustiga la trivialidad y banalidad de una sociedad vacía, dominada por la mojigatería y los falsos valores. Con sus personajes vigorosos y juguetones, y con sus mujeres de formas abundosas, nuestra artista rompe con la estética formalista y los impecables desnudos del arte Pop y sus «pin-up girls», para anuncio de calendario.

Lejos de convertir a la mujer en objeto sexual o en una contemplación para el «voyerista», prefiere desmitificarla para poner fin a las nociones románticas o a las fantasías eróticas.

En todas las esculturas de Leda Astorga se evidencia una clara intención de reafirmar su otredad, remplazando las connotaciones tradicionales sobre la inferioridad de la mujer por las de orgullo y superioridad, al sentirse dueña de su cuerpo y su espíritu. Pasa a ser sujeto y no objeto de su propia representación, logrando un lugar dentro de la historia y demostrando que como artista puede llegar a ser algo más que una simple espectadora, al convertirse en protagonista de esa historia que tradicionalmente la ha tratado de excluir.

Imagen de apertura:
Fotografía de Leda Astorga, Nuevo Diario de Managua (www.elnuevodiario.com.ni).

Ilustración de la nota:
Arco iris
Pareja en el mar, de 2004. Fotografía: Galería Valanti, Latin American Art (www.galeriavalanti.com).

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