Dic 19 2006
417 lecturas

Opinión

Información: – SENSIBLES, PERO AL FIN DE CUENTAS BANALES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En una edición reciente, el diario peruano El Comercio dedicó una nota a un complot que amenazaría la vida del presidente Alan García y que habría sido organizado por un grupo civico-militar de ultraderecha. Más allá de disertar sobre su viabilidad o no, este complot motivó algunas especulaciones entre las que uno ya no sabía en cuál de ellas confiar, por más verosímiles o no que parecieran: que dicho complot sólo sería una bomba de humo para distraer al público de otros temas más centrales; que buscaría opacar la controversia sobre una ley para aumentar en el Perú el control sobre las ONG; que sería una maquinación de la embajada norteamericana para no sé qué fines…

No es que haya que creer todo lo que se escucha, pero si una cadena está incompleta el público la unirá inventando él mismo sus propios eslabones, aunque éstos no siempre sean muy originales.

Hace algún tiempo me llegó un correo electrónico con un título sugestivo: Imágenes que nunca verás en la CNN. Al abrir el archivo adjunto me encontré con algunas fotos: tanques que abrían fuego; un misil en pleno vuelo; el asiento de un piloto eyectado de la cabina de un avión que estaba incendiándose; un portaviones que dio un giro tan abrupto que ya parecía una maniobra militar; en un barco una pila de contenedores se había desmoronado como cajas de fósforo sobre otra pila similar.

Una de las fotos más dramáticas era la de un edificio donde, bajo un cielo muy oscuro, ocurría una gran explosión, probablemente de un misil, escena que con cierto remordimiento no puede evitar asociarla con un gran fuego artificial que iluminaba una noche navideña, aun cuando era conciente que tal comparación bien sería una broma de pésimo gusto.

Dichas fotos traslucían dramatismo pero no la crudeza de por ejemplo aquéllas donde soldados norteamericanos torturaban a detenidos islámicos. No obstante, esas imágenes efectivamente no eran del tipo a las que la CNN nos ha acostumbrado. Con esto no sugiero que las grandes cadenas noticiosas necesariamente nos escamoteen la verdad. Por supuesto que no ignoramos que Oriente Medio está convulsionado, que Australia atraviesa por una severa sequía y que, en general, nuestra historia contemporánea tiene muchos más de estos conflictos, pero éstos nos llegan tan mediatizados que su carga trágica se diluye y terminamos banalizándola, aunque no queramos.

No es que seamos insensibles, ni que tengamos tampoco que estar empapados de lágrimas para mostrarnos conmocionados por tanta desgracia en el mundo, pero a veces pareciera que cuando nos sentamos a leer las noticias, recién duchados y tomando un café bien cargado, igual peso les diéramos a los correos electrónicos del día o a las noticias sobre cómo debuta en la bolsa el Banco Industrial y Comercial de China, sobre la última ofensiva israelí en Gaza o sobre cómo ha aumentado el calentamiento global.

Es verdad que sabemos que tras muchas de estas noticias debe haber muchas desdichas humanas y muy conmovedoras. Es verdad que tampoco es saludable atormentarnos por situaciones que no depende de nosotros cambiar, porque terminaríamos muy disgustados con la vida y el optimismo nunca debe perderse. Pero no sé qué tan concientes seremos del mundo que nos rodea, si hemos seleccionado nuestras noticias a manera de catálogo, según nuestras apetencias e intereses.

foto
Me explico mejor

Por allí leeremos un titular sobre un bombardeo de aviones del ejercito cingalés en una localidad dominada por los tigres de liberación de la tierra tamil (LTTE). Pero quién sabe si lo que más llame nuestra atención sea cómo el último James Bond, Daniel Craig, impresionó a la crítica por su actuación en la película Casino Royal.

Claro que podremos jactarnos en una charla de cafetín de haber sabido sobre dicho bombardeo del ejercito cingáles, pero no sé si por eso debiéramos considerarnos bien informados, más cuando hasta desconocemos que cingalés es el gentilicio de Sri Lanka, país al que probablemente no podríamos ubicar con facilidad en un mapa.

Y tampoco es que por no saber todo esto seamos unos ignorantes, pero sólo quería precisar mejor a qué me refería antes cuando hablaba de cómo ciertos dramas nos llegan tan diluidos que los banalizamos (aun cuando no seamos unos inhumanos; aun cuando tampoco afirmemos que las grandes cadenas noticiosas gozan engañándonos): esto es, que usualmente lo mismo nos representa seleccionar tal o cual noticia, según nuestras preferencias y aficiones, como en un menú de restaurante, donde no hay platos más importantes que otros, pues ya es cuestión de paladar.

Recientemente supe vía la BBC de que Francia había anunciado que desclasificaría archivos sobre el genocidio en Ruanda, dado que el país galo venía siendo acusado de haber sido cómplice de la masacre de tutsis en 1994. Mucho se ha hablado sobre este asunto, pero por documentales y artículos por los que me he venido informando en los últimos años, todo apuntaría a que más de una potencia extranjera como mínimo habría estado en capacidad de anticipar dicho genocidio (incluso escribí un artículo al respecto hace algún tiempo).

foto
Estos tres casos tienen algunos rasgos comunes, tanto el del presunto complot contra el presidente Alan García, el de las fotos que nunca veremos en la CNN y el de la desclasificación de archivos sobre la masacre de Ruanda: o sea, si antes el público quizás intuía que había una parte de la realidad que los medios le ocultaban, pues ahora ya no lo intuye, está seguro… Y entonces esa parte de la realidad buscará recrearse como sea, aunque sea de forma errada.

Cuando recurrimos a los medios para informarnos, no es que necesariamente dudemos de las noticias, pero sospechamos de que éstas deben tener un contexto mayor donde ubicarlas, un trasfondo que las antecede y que nos ayudaría a comprenderlas mejor. Pero como ni ese contexto ni ese trasfondo los conocemos, entonces necesitamos recrearlos de alguna forma, especulando o hasta inventando, aunque no siempre de manera ingeniosa –por ejemplo, más de una hipótesis hay en torno a los organizadores del supuesto complot contra el presidente García…– Y este proceso puede equivaler al ciego que dispara a todos lados para ver sí acierta y, así, se puede ser muy injusto cayendo en simplistas generalizaciones y/o atribuyendo falsedades a autoridades, personas, instituciones o países; falsedades que por muy desacreditadas que sean, serán las que más calarán en el imaginario de la gente.

Recordemos que no son tan escasos quienes todavía creen que Galileo fue quemado en la hoguera cuando en realidad murió de muerte natural. Y es que ese es el gran poder de los imaginarios, que influyen mucho más que las verdades más evidentes.

La información, la verdad, la internet

fotoEs por eso que todos los medios no sólo deben decir la verdad –se supone que lo hacen–, sino además divulgar todas sus posibles aproximaciones, enfocar a las noticias dentro del mayor contexto posible y dentro de todo su trasfondo, no sólo presentes sino incluso pasados. Cabe agregar que contexto y trasfondo los definiré en esta ocasión de maneras muy particulares (porque tampoco busco crear nuevas categorías): contexto serían todos aquellos elementos que circundan una información y que no necesariamente son velados; trasfondo sí serían los sucesos que ocurren tras bambalinas.

En suma, contexto y trasfondo serían esas partes de la realidad que ordinariamente la gente presume que no se divulgan tanto como se debería o que se niegan; partes de la realidad que aunque no guste deben informarse porque a la larga sale más a cuenta a aquellos medios que quieran mantenerse vigentes en el largo plazo; partes de la realidad que finalmente ayudarán a que una noticia sea mejor comprendida para así evitar muchos malos entendidos.

Con esto no pretendemos sólo apelar a cuestiones éticas sino también a algunas muy pragmáticas: esto es, comprender que ante la información incompleta o la carencia de ella, surgen los imaginarios para compensar tal situación; imaginarios que son muy difíciles de borrar y que generan prejuicios, mucho más difíciles de destruir que un átomo, según reza un refrán usualmente atribuido a Einstein; prejuicios que acabarán perjudicando a los propios medios.

Tal vez por eso es que en la era del internet y de la globalización, donde toda información imaginable puede obtenerse con un clic de “mouse”, cada día está más arraigada una cultura de la desconfianza y de la sospecha; una cultura donde las teorías conspirativas están más de moda que nunca; donde el cinismo gana terreno porque finalmente si la verdad nos parece casi un lujo entonces para qué buscarla, para qué informarse, por qué no sólo divertirnos y punto, dado que por ejemplo mi situación económica no va a mejorar porque descubra los intereses que hubo detrás de tal o cual guerra, de tal o cual ley recientemente promulgada, de tal o cual anuncio de un presidente. Y ¿los primeros en salir afectados con un público tan descreído no serían nuevamente los propios medios, que así verían mermados su poder de influencia y sus lectores o espectadores?

No es que seamos por naturaleza frívolos y no nos guste pensar, pero si percibimos que estar bien informado es un privilegio de pocos, que conociendo de ciertas noticias, no podemos ubicarlas en un contexto y un trasfondo mayor para darles un mayor sentido, entonces puede que nos dediquemos a conjeturar sobre lo que desconocemos, o a buscar fuentes de información alternativas –¿los blogs?– o a evadir la realidad del mundo en que vivimos y estar más pendientes de la última entrega de los premios Grammy y de lo guapa que estaba Shakira. Y no es que tenga nada de malo aficionarse al mundo del espectáculo, el problema es cuando ésa es la única realidad que nos importa o que creemos que existe.

Y entonces podría ocurrir que la explosión en un edificio y un juego pirotécnico navideño ya no sólo terminemos asociándolos sino confundiéndolos: es decir, podría llegar el día en que una guerra al otro lado del mundo nos la quieran presentar como la última producción Hollywood, y no es que pretendan con ello ofender nuestra inteligencia sino que sabrán que ya no nos importa que nos mientan, y nosotros ya por la fuerza del hábito podríamos terminar creyendo esa descabellada farsa.

¿Exagerado? Espero que sí. Aunque las cosas tampoco serían en la práctica tan burdas, pues si a uno le presentan un conflicto bélico donde éstos son los buenos y aquéllos son los malos, ¿no nos estarían en el fondo vendiendo una película de guerra con un argumento muy elemental? Y entonces por esa razón ¿un programa de noticias no podría terminar convertido en una forma de espectáculo…?

foto
Muchos dirán que en la era de la red de redes nuestra aspiración a estar bien informados no podría estar más colmada. Pero ¿no nos pasa a veces que cuando averiguamos en Google sobre un tema determinado de cada diez portales, en realidad sólo dos o tres son confiables? ¿No nos pasa que con tanta información a la mano no sabemos discernir entre lo esencial y lo accesorio ni adónde diablos está yendo el mundo? ¿No intuimos que una sobre abundancia de información puede ser también fuente de desinformación cuando sentimos que estamos como buscando una aguja en un pajar?

¿No nos damos cuenta que quizás estar bien informado signifique algo diferente?

Bibliografía

– Investigarán supuesto complot contra Alan García. Portada. El Comercio (Lima-Perú) 3 noviembre 2006.
Aquí.

– Francia desclasifica archivos sobre Ruanda. Internacional. BBC (Londres) 2 noviembre 2006.
Aquí.

——————————–

* Escritor, abogado. Diplomado en Comercio Internacional. Actualmente estudia una maestría en Literatura Hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica del Perú. (http://cartanautica.blogspot.com).

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario