May 19 2012
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Sociedad

Informe ONU: la infancia en el mundo este año de 2012 (I)

Cientos de millones de niños y niñas viven actualmente en barrios urbanos marginales, y muchos carecen de acceso a los servicios básicos. Esos chiquillos son vulnerables a peligros que van desde la violencia y la explotación hasta las lesiones, las enfermedades y la muerte como consecuencia de habitar en condiciones de hacinamiento, en asentamientos construidos sobre basureros o al lado de líneas ferroviarias.| GISELA ORTEGA.*

 

Y su situación, al igual que sus necesidades, está reflejada a menudo en cifras generales que indican que las condiciones de vida de los infantes en las zonas urbanas son mejores de los que residen en zonas rurales.

 

Las investigaciones son alarmantes. En el 2050, el 70% de todos los seres humanos vivirán en zonas urbanas. Hoy, uno de cada tres habitantes de las ciudades reside en un barrio de tugurios. En África, esta proporción es aterradora: 6 de cada 10 personas residen en estas condiciones.

 

El impacto sobre los muchachos es inmenso. Desde Ghana, y Kenia hasta Bangladesh y la India, las y los niños que viven en casuchas son quienes menos probabilidades tienen de asistir a la escuela. Y las desigualdades en materia de nutrición entre los ricos y pobres de las ciudades y los pueblos de África subsahariana suelen ser más que entre los chicos de las zonas urbanas.

 

El informe Estado mundial de la Infancia 2012, realizado por el Fondo de las Naciones Unidas, UNICEF, se centra fundamentalmente en las niñas y los niños de los entornos urbanos de todo el mundo que afrontan una serie de problemas complejos que ponen en riesgo su desarrollo y la plena realización de sus derechos, e indica que más de la mitad de la población mundial, vive actualmente en grandes y pequeñas ciudades.

 

Muchos chicos disfrutan las ventajas que ofrece la vida urbana, como la educación, los servicios médicos y las instalaciones recreativas. Sin embargo, son innumerables los que carecen de servicios esenciales, como electricidad, agua salubre y atención de la salud, a pesar de tenerlos cerca.

 

En lugar de asistir a la escuela, un inmenso número de chiquillos se ven obligados a trabajar en condiciones de peligro y explotación. Y muchísimos afrontan constantemente la amenaza del desalojo, pese a vivir en condiciones verdaderamente deplorables en viviendas destartaladas y en asentamientos superpoblados altamente vulnerables a los desastres.

 

Las penurias que sufren los niños en las comunidades pobres suelen quedar ocultas por los promedios estadísticos en los cuales se basan las decisiones sobre asignación de recursos, los que perpetúan esta situación. Debido a que los resultados no hacen distinciones, la riqueza de algunas personas oculta la pobreza de otras, y esto lleva a que los niños que ya padecen carencias graves sigan privados de acceso a servicios esenciales.

 

Hay cada vez más infantes que crecen en zonas urbanas. Es imprescindible proporcionarles la infraestructura y las oportunidades que necesitan para ejercer sus derechos y desarrollar sus capacidades.
El Informe señala que se deben tomar medidas urgentes para:

 

Comprender mejor la magnitud y la naturaleza de la pobreza y la exclusión que afectan a los menores en las zonas urbanas.
– Definir y eliminar los obstáculos que atentan contra la inclusión de las personas menos favorecidas.
– Garantizar que la planificación urbana, el desarrollo de la infraestructura, la prestación de servicios y las iniciativas de amplio alcance tendientes a reducir la pobreza y las desigualdades satisfagan las necesidades particulares y las prioridades de la niñez.
– Promover la creación de asociaciones entre todos los niveles del gobierno y los habitantes pobres de las zonas urbanas, especialmente los niños y los jóvenes.
– Aunar los recursos y las energías de los actores internacionales, nacionales, municipales y comunitarios en procura de que los niños pobres y marginados puedan disfrutar plenamente de sus derechos.

 

(Estos no son objetivos, sino medios para llegar a un fin: hacer que las ciudades y las sociedades sean más justas y acogedoras, empanzando por los niños).

 

Las zonas urbanas ofrecen grandes posibilidades para garantizar el respeto de los derechos de la infancia y acelerar los avances hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Las metrópolis atraen y generan riqueza, empleo e inversión, y por lo tanto se relacionan con el desarrollo económico. Cuanto más urbano es un país, tanto más probable es que sus ingresos sean mayores y sus instituciones más sólidas.

 

Los niños de las ciudades viven mejor que los de las áreas rurales, gracias a una mejor calidad de salud, la protección, la educación y el saneamiento. Pero el progreso ha sido desigual, y todos los días, millones de niños de vecindarios urbanos marginados hacen frente a grandes dificultades y a la vulneración de sus derechos.

 

Cuando se evalúa el bienestar de la infancia, generalmente se comparan los indicadores para los niños de los sectores rurales con los informes de las zonas urbanas. Como es de esperar los resultados del sector capitalino tienden a ser mejores, ya sea porque se refieren al porcentaje de niños que llegan a su primer o quinto cumpleaños, o a la proporción de los que asisten a la escuela o acceden a servicios mejorados de saneamiento.

 

Pero como estas comparaciones se basan en cifras globales, las penurias que padecen los críos más pobres de las capitales quedan encubiertas por la riqueza de las comunidades que residen en otros lugares de las ciudades.

 

Cuando se dispone de datos pormenorizados, se observan grandes disparidades en la supervivencia, la nutrición y la educación, que son producto de un acceso a los servicios que no es equitativo. Debido a que no es fácil encontrar esos informes desglosados, la mayoría de las veces se asignan los recursos y se trabaja en favor del desarrollo sobre la base de los promedios estadísticos.

 

Una consecuencia es que los niños que habitan en asentamientos improvisados y en vecindarios pobres quedan excluidos de los servicios esenciales y de la protección social a los cuales tienen derecho. Esto sucede porque el crecimiento de la población supera la capacidad de la infraestructura y los servicios existentes, y porque le proceso de urbanización es prácticamente un sinónimo de la formación de barrios de tugurios.

 

Según el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, uno de cada tres residentes de las ciudades vive en condiciones marginales, sin seguridad de la tenencia y en lugares sobrepoblados y antihigiénicos caracterizados por el desempleo, la contaminación, el tráfico vehicular, la delincuencia, el alto costo de la vida, la baja cobertura de los servicios y la competencia por los recursos.

 

Evidentemente la vida en la ciudad puede ser dura. Pero no tiene que ser asi. Muchas urbes han logrado contener o desterrar enfermedades que eran muy comunes hace apenas una generación.

 

Para 2050, 7 de cada 10 personas vivirán en las metrópolis. Todos los años, los residentes en las capitales aumentan en 60 millones de individuos. La mayor parte de este crecimiento tiene lugar en los países de bajos y medianos ingresos.

 

La mitad de la población urbana vive en Asia. Además, en este continente se encuentran 66 de las 100 zonas urbanas de más rápido crecimiento, de las cuales 33 pertenecen únicamente a China. Los residentes de ciudades como Shenzhen, con una tasa anual de crecimiento del 10% en 2008, se duplica cada 7 años.

 

A pesar de que la tasa global de urbanización en África es baja, su población urbana es más grande que la de América del Norte y la de Europa Occidental, pero sobre 6 de cada 10 africanos de las zonas urbanas residen en barrios de tugurios.
[Fuente: Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)]
——
* Periodista.

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