Ene 17 2005
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Política

Iraq: no hay posguerra porque ninguna guerra se ganó

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Lo última década del siglo XX y los primeros años del XXI serán recordados y asociados al color rojo. No por las banderas que antaño -cuando existía- enarboló la izquierda, sino por la cantidad de crímenes masivos que el imperio perpetra dondequiera se sienta amenzado o necesite dar una lección de democracia y libertad.

Siete policías, muchos ex integrantes de la soldadesca de Sadam Hussein, otros solaboradores de los ocupantes conforman la policía en este país- fueron ajusticiados al hacer explotar un conductor suicida un coche bomba al unos 260 kilómetros de Bagdad. Probablemente algunos transeúntes también cayeron víctimas de la explosión.

No fueron las únicas muertes violentas de la jornada. Ocho soldados iraquíes que respondían al mando estadonidense fueron muertos por una escuadra de la resistencia durante el ataque a una barrera militar a unos 55 kilómetros de la capital. Se ignora el número exacto de heridos así como su gravedad.

Elecciones no representativas

Según se aproxime la fecha de las elecciones convocadas por las fuerzas ocupantes, arreciarán los ataques de la resistencia que, al menos hasta ahora, burlan -a veces con cierta facilidad- los cercos armados que rodean recintos y campamentos militares, estaciones de bombeo de petróleo (imagen), oleoductos y oficinas del gobierno colaboracionista.

Poco antes de que el Vaticano hiciera oficial el secuestro de un prelado de la iglesia siria, en Kerbalá, ciudad de peregrinación de los musulmanes chiítas, fuerzas policiales lograron desarmar una bomba oculta en un automóvil a poca distancia de la principal mezquita de la localidad.

Las informaciones apuntan a que existe una campaña de amedrentamiento en contra la de la comunidad chiíta iraquí, que por su número y homogeneidad es vital si se quiere hacer renacer a Iraq de sus cenizas -con alguna posibilidad de de lograr un país estable-.

Una dirigente y ex candidata en las próximas elecciones generales convcovadas para fines de enero -Salsms Jafaji- renunció a su candidatura por el clima de extrema violencia y las agresiones a su comunidad. Muchos asesinatos y otros actos de violencia son cometidos por hombres que visten uniformes, se mueven en vehículos y usan armamento policiales.

El obispo Casmoussa

El obispo Basilio Casmoussa fue secuestrado poco después del mediodía en las calles de Mosul, otra de las ciudades devastadas por la invasión. Dos individuos serían lois responsables del hecho: uno, que lo obliogó a introducirse en un automóvil y el otro, que lo conducía.

Joaquín Navarro, vocero del papado reconoció la veracidad del secuestro al emitir una declaración oficial: “Nos ha llegado la noticia del secuestro del arzobispo sirio católico de Mosul, monseñor Basile Georges Casmoussa. La Santa Sede deplora en el modo más firme este innoble acto terrorista y pide que ese digno pastor sea de manera inmediata devuelto, ileso a su ministerio”.

No se descarta que el secuestro sea ajeno las viscisitudes de la lucha por la indeoendencia del país. Los católicos árabes constituyen alrededor del cuatro por ciento de la población de Iraq.

Los árabes cristianos

Escribe José Luis Orella (Árabes cristianos, los grandes olvidados
) que los árabes cristianos -entre los primeros que recibieron “la fe del Señor”- son “los grandes olvidados. En un mundo de la información, donde el olvidado se convierte en sinónimo de víctima de la mayoría”.

 

Los cristianos árabes son minoritarios, conformando en Palestina -incluyendo Israel- alrededor del dos por ciento de la población; un 44 en Líbano, ocho por ciento en Siria y el 10 en Egipto, fraccionados en diferentes iglesias.
Tras las grandes divisiones del siglo V, en 1663 una parte de la comunidad siriaca volvió a la comunión con Roma.

En la actualidad, su Patriarca de Antioquia reside en Beirut (Líbano) y la comunidad reúne a 100.000 personas, manteniéndose unas 170.000 en la iglesia jacobita inicial. En cuanto a los melquitas, en 1724 se reintegraron en su mayor parte a Roma, manteniendo su rica liturgia. Su patriarcado de Antioquia tiene la residencia establecida en Damasco (Siria) y cuenta con 450.000 fieles, núcleo de la comunidad católica siria.

En cuanto a los ortodoxos árabes, éstos mantienen una floreciente comunidad de unas 800.000 personas, también en su mayor parte en Siria, cuya sociedad -junto con la iraquí, por lo menos hasta la invasión- es o era una de las más tolerantes del mundo musulmán.

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