Abr 24 2009
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Opinión

Irina Santesteban / Lugo y la incompatible relación entre la Iglesia y el sexo

El reconocimiento de la paternidad de un niño por parte del presidente paraguayo, el ex obispo Fernando Lugo, pone una vez más de manifiesto que los dogmas de la Iglesia Católica son violados por sus propios sacerdotes.

Hace ya muchos años que se discute, tanto al interior como por fuera de las estructuras de la Iglesia Católica, sobre la conveniencia de mantener la obligación del celibato para quienes se ordenan sacerdotes.

El diario Crítica, en un artículo de su edición del domingo pasado, ofrece datos que surgen de encuestas encargadas por la Conferencia Episcopal Argentina, realizadas por el doctor en sociología Pedro Gorondi. Según estos sondeos "el 75% de los consultados (laicos, obispos y sacerdotes) están a favor de que el llamado ‘don de Dios’ sea optativo".

El artículo expresa además que, durante la Conferencia Episcopal Latinoamericana, realizada en Brasil en 2007, los obispos emitieron un comunicado donde por primera vez reconocían que faltaban sacerdotes y seminaristas, y que el motivo de esta merma estaba estrictamente relacionado con la restricción sexual.

Sin tapujos

En 2004, en Córdoba, el cura Guillermo Mariani, renunció a su sacerdocio antes de que se le realizara un juicio canónico promovido por el arzobispo de esa ciudad, Carlos Ñáñez. Las sanciones contra Mariani tuvieron como origen la publicación de su libro Sin tapujos, en el cual relata diversos aspectos de su vida como sacerdote -incluyendo algunas experiencias sexuales- y en el cual se pronuncia en contra del celibato. El libro fue uno de los más vendidos en Córdoba en ese año, e incluso fue presentado en la Feria del Libro que se realiza anualmente en la "docta".

Mariani fue muy duro con la jerarquía eclesiástica, calificó a Ñáñez como un "puntilloso represor ideológico", y dijo que la Iglesia de Córdoba estaba gobernada por una "dictadura".

Años antes, el obispo Jerónimo Podestá, también escandalizó a la Iglesia Católica, al confesar que se había enamorado de una mujer separada y con seis hijas. Fue suspendido "ad divinis" por la jerarquía eclesiástica y fundó la Federación Latinoamericana de Sacerdotes Casados.

Una de las razones más fuertes por las cuales la Iglesia no acepta el casamiento de los sacerdotes, es de contenido económico. Al no tener familia –reconocida, al menos– los bienes de los sacerdotes a su muerte quedan para la Iglesia. En cambio, si se aboliera la obligatoriedad del celibato, habría que proceder a dividir claramente el patrimonio de la Iglesia del de los curas, que son los administradores de este patrimonio y de todos los negocios que involucran a ésta. Al fallecimiento de los sacerdotes, sus herederos podrían reclamar bienes supuestamente de propiedad eclesial.

Doble discurso

Más allá de los fuertes intereses económicos que mueven muchas de las decisiones aparentemente espirituales o filosóficas de la Iglesia, los propios feligreses cuestionan esta actitud tan cerrada sobre la posibilidad de que los sacerdotes puedan tener una vida sexual o familiar como cualquier persona normal. La misma contrasta con la posición negatoria o condesciente que mantuvo durante muchos años la Iglesia, sobre las graves denuncias de pedofilia que pesan sobre muchos sacerdotes, al punto que son conocidos como los "curas pedófilos".

Si bien el Papa Benedicto XVI ha pedido perdón por el accionar de los sacerdotes católicos que han abusado de niños y adolescentes en todo el mundo, durante años la posición de la Iglesia frente a denuncias de pedofilia fue ocultarlas y trasladar al supuesto responsable hacia otras parroquias para evitar eventuales causas judiciales. Como casi siempre este traslado era furtivo y sin conocimiento de la comunidad que recibía al sacerdote sobre sus antecedentes, en muchos casos se producían nuevos abusos de menores, agravando la situación del pedófilo y la de la propia Iglesia Católica, que objetivamente actuaba como encubridora.

El caso Lugo

En el caso del presidente paraguayo, no se trata sólo de la paternidad de un niño que fue concebido mientras él todavía era obispo y, en consecuencia, sometido a la obligación del celibato. Esa sería la menor de las cuestiones. Lo grave del caso es que Fernando Lugo confesó su paternidad luego que la madre denunciara quién era su padre.

Más allá de la presión que ejerce la jerarquía eclesiástica sobre los sacerdotes que tienen hijos, que evidentemente influye para se nieguen a reconocerlos, en el caso del ex obispo y actual presidente Lugo, su posición como primer mandatario de una nación con mucha población católica, lo obligaba a tener una actitud diferente. No sólo es grave no haber reconocido al niño al momento de su nacimiento, pues lo priva del primero de sus derechos, reconocido en la Convención Internacional de los Derechos del Niño, la identidad.

La circunstancia de ser Lugo 26 años mayor que la madre, y haberse conocido que la relación habría empezado cuando ésta tenía sólo 16 años, es el dato más preocupante de esta relación.

No es tan importante que un sacerdote, aún un obispo, rompa la prohibición de mantener relaciones sexuales, impuesta por la jerarquía eclesiástica. Lo que importa en este caso es que la relación que engendró ese hijo, se constituyó entre un obispo, que es la más grande autoridad de la Iglesia en una región, y una jovencita de 16 años. Aunque no existen evidencias ni denuncias de abuso por parte de Lugo, es evidente que éste ejercia una autoridad sobre la adolescente, y que esa autoridad obró como un facilitador de la relación.

El caso del obispo argentino Podestá, fue muy distinto: él se enamoró de una mujer adulta, lo confesó y al ser sancionado por la Iglesia, fue crítico de esta decisión y fundó la Fundación Latinoamericana de Sacerdotes Casados.

Regocijo conservador

Es obvio que los sectores conservadores y de derecha del Paraguay, que lo gobernaron con "mano de hierro" durante décadas, han aprovechado esta situación para criticar al gobierno de Lugo, de contenido progresista. Pero sus críticas están más dirigidas a los cambios sociales promovidos por el ex obispo que por estos graves errores de su conducta personal.

De todos modos, y haciendo esta aclaración, es bueno que quienes apoyamos el gobierno de Lugo, que arribó al poder votado masivamente por los campesinos y los sectores más desprotegidos del país hermano, digamos también las cosas como son.

Bregar por una sociedad más justa e igualitaria, también incluye la lucha contra actitudes patriarcales y machistas, que han sometido a niñas y mujeres durante siglos.

Irina Santesteban es periodista.
Despacho de www.argenpress.info

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