Mar 3 2011
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Opinión

Italia, una aproximación a las revueltas árabes

Eurasia.*

Es sorprendente la unidireccionalidad, ligereza y superficialidad de la información que provee, en términos generales, la prensa —en sus diferentes formatos— sobre las rebeliones en marcha en las sociedades árabes. Falta de rigor, sumada al desconocimiento y nula comprensión de las peculiaridades de cada una de ellas, que convierte el drama en un recuento artificioso de víctimas, cuando no en una lucha por la" occidentalización política" de esos países. He aquí un sesgo diferente.

El sábado 26 de febrero tuvo lugar en Ville di Fano, Montreale, L’Aquila, un seminario dedicado a las revueltas árabes en curso; el encuentro, organizado por el Comité Autodidacta de Historia de la Patria (C.A.S.P.I.T.A., siglas en italiano) y por el Instituto de Altos Estudios de Geopolítica y Ciencias Auxiliares (IsAG), contó con la participación de más de treinta personas y se prolongó más de tres horas.

El seminario fue presentado por Michele Antonelli, miembro del Comité de Historia de la Patria, quien focalizó su breve intervención en las dificultades que encuentran los que no se dedican a estos trabajos para comprender –debido a la superficialidad de las informaciones transmitidas por los medios de comunicación— las dinámicas presentes y, por consiguiente, el por qué del seminario.

El ponente, doctor Tiberio Graziani, director de Eurasia y presidente del IsAG, intentó comparar las revueltas árabes en curso con las que ocurrieron durante el siglo pasado con el propósito de captar sus similitudes y diferencias.

Las revueltas árabes de finales del ochocientos e inicios del novecientos —señaló— tenían como objetivo el Imperio Otomano, se caracterizaron entonces por ser revueltas en contra de un sistema de poder y de gobierno advertido por los árabes como “extranjero”. El efecto de esas conmociones fue el de contribuir, en el marco de las práxis colonialistas europeas, a la fragmentación geopolítica del espacio norafricano y cercano oriental. Los beneficiarios geopolíticos de aquel entonces fueron principalmente Inglaterra y Francia y, en parte, Italia.

Graziani se detuvo a analizar con mayores detalles el aspecto mediático de la época, dirigido a enaltecer la relación existente entre intereses “occidentales” y “revueltas árabes”, vehiculado, por ejemplo, mediante la figura de Lawrence de Arabia.

La segunda ola de rebeliones árabes es aquella de los años 50 y 60 del siglo XX. En esta ocasión el común denominador de las revueltas lo constituye la liberación nacional en contra del colonialismo exógeno de los europeos. Es el período durante el cual los árabes bajo el emblema del socialismo y del nacionalismo árabe —traducido en términos operativos por los Frentes de liberación nacional (Argelia, Túnez) y por el nasserismo (panarabismo)— intentan emanciparse de las tutelas directas (Argelia, Túnez) e indirectas (destitución del rey Faruk en Egipto y del rey Idris en Libia) de las naciones extranjeras. Los beneficiarios geopolíticos, después de 1956 (crisis de Suez), son los EE.UU e Israel.

La tercera ola de revueltas es la actual. Ésta se diferencia de las precedentes porque —en apariencia— está en contra de los gobiernos locales y no en contra del extranjero.

Las variables identificadas en el curso del seminario fueron múltiples: socio-económicas (principalmente para Egipto y para Túnez); institucionales (régimenes oligárquicos, de clanes/tribales); cambio generacional en los vértices de los Estados; demografía; alfabetización; seguridad (Egipto, que hace frontera con Gaza e Israel).

El ponente se centró luego en los efectos geopolíticos verdaderos y propios, es decir:
a) ulterior fragmentación del Norte de África y en el Cercano Oriente (Libia, Sudán);
b) militarización del área (camp Bondsteel y Africom), injerencia occidental (OTAN / ONU).

En este momento los beneficiarios geopolíticos son los EE.UU. y su partner regional, Israel, puesto que los otros actores (Turquía, Irán, Siria, Italia —por lo que concierne a Libia—, Francia —con referencia a Túnez—’) no están en condiciones de gestionar la “crisis”.

En perspectiva, la crisis árabe parece contener el intento de Turquía de emerger como un importante actor regional. Ha sido frenada, por lo menos en parte, la reciente política exterior de Ankara (cero problemas con los vecinos) hacia Egipto.

La renovada injerencia estadounidense en África (debido a la total ausencia de la Unión Europea), además de representar una señal de advertencia para China, Turquía y Rusia, expresa, consideradas las condiciones de debilidad que manifiesta Wáshington, una especie de nerviosismo que impregna la actual administración norteamericana.

* Revista italiana de estudios geopolíticos
(www.eurasia-rivista.org).
Traducido al castellano por V. Paglione.

 

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