May 8 2006
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Cultura

José Miguel Varas, escritor. – CANDIDATO AL PREMIO NACIONAL HABLA EN MÉXICO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El escritor José Miguel Varas (Santiago, 1928) ha sido mi mejor maestro en este oficio del periodismo cultural. Como editor de la revista Rocinante me revisó varios textos e investigaciones sobre la vida de Neruda. Hemos construido una sólida amistad, desde aquella primera vez que nos vimos y charlamos en la Feria del Libro de Argentina (2004).
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La bibliografía de José Miguel Varas nace con Cahuín (1946) y Sucede (1950), la novela Porai (1963), la biografía novelada Chacón (1967); los libros de cuentos: Lugares comunes (1968), Historias de risas y lágrimas (1972), Las pantuflas de Stalin (1990), Neruda y el huevo de Damocles (1992), El correo de Bagdad (1994, considerado por la crítica como su mejor libro y reeditado en 2002), La novela de Galvarino y Elena (1995), Exclusivo (1996), Cuentos de Ciudad (1997), Nerudario (1999, editorial Planeta), Cuentos completos (Alfaguara, 2001), Neruda clandestino (Alfaguara, 2003) y Los sueños del pintor (Alfaguara, 2005).

Paulo Slachevsky, director de LOM ediciones, presentó oficialmente la postulación del escritor José Miguel Varas al Premio Nacional de Literatura 2006 –antes Slachevsky, en la Feria del Libro de Guadalajara 1998, emprendió la exploración de una alianza con la editorial Era de México, lo que nos habla de la apuesta de Paulo Slachevsky para crear una editorial independiente con presencia en toda Latinoamérica–.

En lo personal me adhiero a la nominación de José Miguel Varas. Confieso que fue difícil decidirme, ya que existen otros excelentes escritores, como Antonio Skármeta y Poli Délano –además queridos amigos míos– que suenan muy fuerte, junto a Isabel Allende –la escritora latinoamericana más leída en el mundo–, Diamela Eltit, cuya candidatura es respaldada por las investigadoras Raquel Olea y Ana Pizarro, y Enrique Lafourcade, apoyado por los creadores Carlos Iturra, Tomás Harris y Alejandro Jodorowsky.

Según La Tercera, en su edición del seis de abril, José Miguel Varas “lidera las preferencias” en la carrera por el Premio Nacional de Literatura. Tomando en cuenta que lo dice un diario de la derecha económica y que José Miguel Varas escribe en publicaciones de la izquierda extraparlamentaria (Punto Final y El Siglo) concluyo que Varas es quien tiene mayores posibilidades de obtener el importantísimo Premio Nacional de Literatura de su país.

La presente entrevista fue mediante un cuestionario vía correo electrónico, en exclusiva para La Jornada Morelos y el diario El Clarín de Chile.

–Siendo tan joven en 1946 ¿cómo nació su libro Cahuín?

–Nació como derivación lógica de mis primeros intentos literarios, todavía en el período escolar. Varios textos breves, que bauticé Goteras fueron publicados en 1943 y 1944 en el Boletín del Instituto Nacional, que era una revista cultural que sobrepasaba, sin duda, los alcances de una publicación liceana. La dirigía un gran maestro ignorado y olvidado, Ernesto Boero Lillo, a quien debo un importante estímulo en mis incursiones tempranas en las letras y, en general, en el desarrollo de mi vocación de “escribiente” (el título de escritor deben darlo otros).

Boero desempeñaba el cargo de bibliotecario del Instituto Nacional y mantuvo durante muchos años una tuición benevolente y sabia sobre la Academia de Letras del Instituto, que sesionaba los días miércoles después de clases. En aquellas reuniones, que se efectuaban en la biblioteca, los posibles escritores leíamos nuestros cuentos o ensayos, más raramente poemas, y nos sometíamos recíprocamente a crítica, en ocasiones con debates intensos. Será necesario, tal vez, para lectores de otras tierras, recordar que fue el primer colegio chileno de educación media. Lo fundó José Miguel Carrera en 1813.

–¿Qué tanto ha influido su oficio como periodista en la forma de contar sus historias?

–Nunca he sentido una separación entre ambas ocupaciones. Son expresiones literarias diversas, eso es todo. Mis primeros trabajos como periodista datan de 1941, cuando yo era un escolar de 13 años que cursaba el tercer año de Humanidades, como se decía entonces. Allí, con varios de mis compañeros, inventamos y escribimos un periódico de una página, impreso artesanalmente, que se llamaba El Culebrón y que hacía la crónica humorística de los sucesos del pequeño mundo de nuestro curso. Además publicaba relatos de índole fantástica o artículos de divulgación científica reescritos en nuestro lenguaje.

Varias de aquellas crónicas prematuras fueron incluidas por mí en aquel primer libro. Más en general, pienso que numerosos escritores del siglo XX y algunos del siglo anterior, han empleado estilos o formas propias del periodismo en cuentos y novelas. Mis relatos se basan habitualmente en personajes, ambientes y situaciones reales que en muchas ocasiones conocí cumpliendo tareas periodísticas a lo largo de medio siglo.

–En retrospectiva ¿qué mira desde la generación del 50? ¿Con quién tenía mejor relación de aquellos escritores del 50?

–Cronológicamente pertenezco a esa generación, que nunca fue un grupo organizado. Por mi parte, no participé en aquel tiempo, ni después, en tertulias o círculos literarios.

De los escritores del 50, tuve una gran amistad con Margarita Aguirre, novelista original, secretaria de Pablo Neruda en la década de los 50. Margarita publicó la mayor parte de su obra en Argentina. Nunca fui muy amigo de Enrique Lafourcade, inventor de la “generación del 50”, quien me declaró incorporado a ella en una antología de cuentos chilenos que publicó en los años 60. Fui y soy amigo de Claudio Giaconi, autor de La difícil juventud y de una extraordinaria y olvidada biografía de Gogol. Fui amigo de José Donoso a quien no sé si se le incluye o no en dicha generación. También conocí y admiré a Jorge Edwards pero no he tenido una amistad estrecha con él.

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De hecho los escritores con los que tuve relaciones de amistad eran todos mayores que yo: Pablo Neruda, Francisco Coloane, Manuel Rojas, José Santos González Vera, el costarricense Joaquín Gutiérrez. También el olvidado Juan Godoy, mi ex profesor de castellano.

–¿De cuáles escritores se retroalimenta?

–Releo periódicamente a ciertos clásicos rusos como Chéjov, Tolstoi, Gogol; a otros algo posteriores como Bulgakov. He leído mucho y con gran placer las obras del ruso residente en Estados Unidos, Nabokov.

He practicado relecturas de los españoles Cervantes, Calderón, Galdós, los Goytisolo, Paco Umbral; de Proust, Margueritte Yourcenar, Jean Giono; de Kafka, Thomas Mann, Günther Grass, del mundo germánico; también he leído y a veces releído a italianos como Leonardo Sciascia, Carlo Levi, Pratolini. A norteamericanos como Faulkner, Hemingway, De Lillo, Updike.

Latinoamericanos: Rulfo, Mariano Azuela, Monterroso, Agustín Yáñez, Sergio Pitol de México; García Márquez; Borges, Tomás Eloy Martínez, Cortázar, Mempo Giardinelli de Argentina; Guimaraes Rosa, Jorge Amado y Machado de Asís de Brasil; Roque Dalton de El Salvador. Y, desde luego, Neruda. La lista podría alargarse demasiado.

–Lo leí en la revista El Cuento, fundada por Juan Rulfo, también he visto críticas a su libro Neruda clandestino (2003) escritas por el poeta Marco Antonio Campos para La Jornada Semanal. ¿Cuál es su relación con México?

–No lo intensa y cercana que quisiera. Mi esposa Iris Largo Farías y mi cuñado René Largo Farías vivieron cuatro años en México, en Mexicali, Baja California. Ella hizo clases de francés en la universidad. René Largo, hombre de radio, escritor y entusiasta difusor de la canción popular chilena y latinoamericana dirigió en el mismo período una importante cadena de radioemisoras de la Frontera.

México es para mí algo muy familiar y entrañable y desde hace 40 años he vivido inmerso en recuerdos, objetos, canciones y libros mexicanos. He estado en tres ocasiones en ciudad de México y algunas localidades cercanas, como San Miguel Tlaixpán, donde viven queridos amigos chilenos. Soy también devoto de la cocina mexicana.

Fui muy amigo de Monterroso (nacido en Guatemala) y de su esposa mexicana Bárbara Jacobs. Coincidí con ambos en Cuba, en 1985. Más tarde él estuvo en mi casa en Chile y yo en la suya en ciudad de México. A Pitol lo conocí en Moscú cuando desempeñaba un cargo diplomático allá en los años 80. Hace dos años lo visité en su casa de Xalapa.

–El escritor Poli Délano preparó una antología de cuentos a partir de septiembre de 1973 (editorial Ficticia, 2003), en la que participa. ¿Cómo encuentra la narrativa post 1973?

–Interesante y diversa. Hay una serie de escritores valiosos, como Poli Délano que, por cierto, inició su obra de escritor mucho antes; es también el caso de Jorge Guzmán. Otros nombres a recordar: Diego Muñoz, Ramón Díaz Eterovic, Germán Marín, Sonia González, Virginia Vidal, Irene Geis y Jaime Collyer.

–El 11 de septiembre de 1973 iba a reunirse con Neruda en Isla Negra. En su vida ¿qué interrumpió el golpe de Estado de Pinochet?

–Planes, proyectos y sueños (aunque, para ser sincero, nunca he planeado mucho mis acciones). El golpe sepultó nuestras esperanzas de producir grandes cambios económicos y sociales en Chile e incluso de llegar al socialismo, evitando crueles enfrentamientos. Me obligó a abandonar mi trabajo en la televisión y a salir de mi país con mi familia durante 15 años.

–Usted dirigió durante 15 años el equipo de periodistas chilenos que trabajó en Radio Moscú en los programas Escucha Chile y Radio Magallanes. ¿Por qué fueron tan importantes dichas emisiones dentro de la campaña de denuncia contra la dictadura de Pinochet?

–Por cuatro razones: la primera, porque en ellos se aplicó una línea esencialmente periodística y muy responsable en la verificación de los hechos. No fueron simples arengas o discursos políticos. Esto les dio credibilidad e hizo crecer la audiencia más allá de los convencidos de antemano.

La segunda, porque permitió realmente informar a los chilenos de los crímenes y barbaridades de todo tipo que cometía la dictadura y que no eran conocidos en el país debido al control de los medios por parte del régimen.

La tercera, porque el mantenimiento de una voz crítica, que llegaba a todo el país, contribuyó a que el pueblo chileno pudiera superarse del shock causado por el golpe militar, ayudó a mantener una moral combativa, a levantar los ánimos y contribuyó a la unidad de los que estaban contra Pinochet.

Cuarta, mantuvieron informados, animosos y unidos a decenas de miles de chilenos exiliados, repartidos en 40 países. Ese exilio llegó a ser una fuerza moral y de opinión poderosa ante los organismos de Naciones Unidas, gobiernos europeos y latinoamericanos, dirigentes de partidos socialdemócratas, liberales y en general, democráticos del mundo entero. Contribuyó a hacer conciencia y a movilizar a millones de personas en el mundo entero. Así se explica que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara resoluciones a la dictadura militar de Chile 17 años consecutivos.

–¿La memoria de su país se liberó con la prisión de Pinochet en Inglaterra?

–La prisión de Pinochet tuvo una repercusión extraordinaria en Chile. Creó una situación imposible para aquellos que, por cálculos políticos erróneos, querían olvidar y “dar vuelta la página”. Obligó a los gobiernos de entonces, el de Frei y el de Lagos, a prometer ante los chilenos y ante la opinión pública mundial que Pinochet sería enjuiciado por los tribunales chilenos, como en efecto ocurrió. Tuvieron que tomar en serio los agudos problemas pendientes en materia de derechos humanos. Lo sucedido influyó en el gran viraje que ha tenido la conducta del Poder Judicial, en cuanto a su enfoque de los crímenes de la dictadura.

–Usted integra el comité asesor de la Fundación Neruda. ¿Cómo se siente trabajando para dicha Fundación tan alejada del pensamiento político de Neruda? ¿Qué opinión le merece la inversión pinochetista de Juan Agustín Figueroa presidente de la Fundación Neruda?

–Estimo que la Fundación Pablo Neruda, que organiza talleres literarios, otorga anualmente un premio de valor a nuevos poetas, preserva adecuadamente los originales y las obras de Neruda, conserva y administra las tres casas-museo del poeta y publica una revista literaria de alto nivel, Cuadernos, no está alejada del pensamiento nerudiano en materias políticas y culturales.

Otra cosa es que yo mantenga reservas y discrepancias en materias políticas con el actual presidente de la Fundación, Juan Agustín Figueroa. Me pareció errónea su decisión de colocar a interés fondos de la Fundación en una empresa privada cuyo principal accionista, Ricardo Claro, como la mayoría de los empresarios chilenos, fue partidario de Pinochet. Calificar esa operación de “inversión pinochetista” me parece tirada de las mechas, como decimos en Chile.

El Comité asesor del directorio de la Fundación fue creado en 2004 con motivo del centenario de Neruda. No siguió actuando después.

–¿Es la única persona en toda la tierra que leyó el último libro de Neruda para la editorial Quimantú? ¿Qué recuerda del prólogo inédito de Canción de Gesta? ¿Neruda escribió algo sobre la visita de Fidel Castro a Santiago de Chile en 1971?

–Creo que no sólo yo, sino algunas otras personas, tal vez no pocas, leyeron Canción de Gesta de Pablo Neruda en la edición de Quimantú. Como sabes, dicha edición no llegó a distribuirse ampliamente y fue destruida por los militares que se hicieron cargo de la editorial estatal Quimantú después del golpe militar. Por lo que recuerdo, en el prólogo Neruda reiteraba su solidaridad para con la Revolución Cubana, pero reiteraba su dura réplica a los escritores cubanos que lo atacaron torpemente en 1966. Neruda, hasta donde yo puedo saberlo, no escribió nada sobre la visita de Fidel Castro a Chile durante el gobierno de Salvador Allende.
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–Su último libro, Los sueños del pintor (editorial Alfaguara, 2005), indirectamente nos lleva a Neruda clandestino (Alfaguara, 2003). Julio Escámez dibujó la serie de Neruda a caballo por el sur chileno y argentino en 1949. ¿Por qué eligió a Julio Escámez como protagonista de su nueva novela?

–Esta novela se basa en hechos reales, tal como los ha relatado el pintor, hoy residente en Costa Rica. Tiene algo de reportaje y de biografía. Escámez no sólo es para mí uno de los mayores pintores chilenos de todos los tiempos, sino además un genial narrador oral. Su vida, que cubre más de dos tercios del siglo XX y lo que va corrido del XXI es de una gran riqueza de sucesos, viajes, aventuras y pensamiento y resulta reveladora, a mi entender, de lo que se podría llamar “las esencias nacionales”. Espero haber logrado reflejarla en alguna medida en su complejidad y riqueza.

–Antes tenía su columna en Rocinante y algunas entrevistas para dicha revista. En qué ejerce su tiempo libre al cierre de Rocinante?

–No tengo la sensación de tener tiempo libre. En las horas de que dispongo escribo gradualmente mis obras completas. Ocasionalmente colaboro en otras publicaciones.

–¿Le quita el sueño ganar el Premio Nacional de Literatura 2006? ¿Qué pensó cuando Paulo Slachevsky lo postuló?

–Nada me quita el sueño. Coincido plenamente con tu apreciación sobre LOM. Bajo la dirección de Paulo Slachevsky, LOM ha editado cuatro de mis libros. Es un gran amigo mío y cree que mi obra podría merecer los honores del Premio Nacional.

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* Periodista mexicano.
La entrevista se publicó en el diario de Cuernavaca La Jornada Morelos y en el diario digital El Clarín de Chile. Se los encuentra en las siguientes URL:

lajornadamorelos

www.elclarin-cl

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