Jun 11 2007
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Cultura

José N. Iturriaga, historiador. – CUANDO LA VERDAD NO ES COMPLETA NO ES VERDAD

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Hace nueve meses que vive en Cuernavaca, Ciudad de México le resultó insoportable a José N. Iturriaga (1946); tenía un año que no lo veía y, en Argentina, me pareció conocida su voz. Lo entrevistaba Carmen Aristegui para CNN. La literatura e historia de Iturriaga me persigue desde la infancia. Fue maestro de Historia del Arte de mi padre en la otra UAEM (Universidad Autónoma del Estado de México) y era dos años menor que todos sus alumnos, un joven prodigio que estudiaba Economía en la UNAM e Historia en la Universidad Iberoamericana simultáneamente.

Iturriaga ha escrito 30 libros, todos sobre asuntos de la cultura mexicana. El talento le viene en la sangre: su padre el intelectual y diplomático José Iturriaga brindó el discurso de despedida del Cónsul chileno Pablo Neruda en México.

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José N. Iturriaga luego de documentar los testimonios de forasteros en México –en cuatro tomos, por el Fondo de Cultura Económica–, de hacer de la gastronomía un arte escrito (Pasión a fuego lento; Grijalbo 2006) y del análisis monetario una explicación práctica (La revolución hacendaria; SEP 1976); se detiene en las faldas de Don Goyo (El Popocatépetl; editorial Diana 1997) para presentar su nuevo libro: Ritos de sangre y sexo (Grijalbo, 2007) el próximo 15 de junio en el Jardín Borda. Lo acompañará su entrañable amiga, la periodista y escritora Guadalupe Loaeza (der.).

–Tu padre es un político e intelectual muy respetado internacionalmente, incluso fue muy amigo tanto de Pablo Neruda como de Octavio Paz. ¿Cuál fue el aprendizaje más significativo de vivir con don José Iturriaga?

–Las principales enseñanzas del ejemplo de mi padre son muy humanas, aunque por supuesto que su desbordante sabiduría intelectual me dejó marcado. Me refiero sobre todo a su buen humor y optimismo, que por fortuna heredé; es su mejor legado. Los intelectuales mexicanos suelen ser estirados y se toman muy en serio a sí mismos; eso es ridículo. No sugiero frivolidad o intrascendencia, sino saber jugar a cualquier edad. Mi padre, a sus 95, sigue haciéndolo.

–Conociste muy bien a Fernando Benítez, al punto que él te escribió el prólogo para un tomo de tus Anecdotarios de viajeros en México y también para tu libro La cultura del antojito; en 2007 se cumplen 40 años de la novela Los juegos de René Avilés, ¿te percataste de las tribus o mafias culturales en México? ¿Fernando Benítez te habló de los juegos entre el poder y la cultura?

–Como Fernando y yo fuimos buenos amigos –al margen de su hermandad con mi padre–, platicábamos mucho. El fue un verdadero intelectual y le tocó vivir en carne propia, no sólo “los juegos”, sino las presiones e intentos de chantaje de los políticos, pero nunca se doblegó. Por cierto que tenía también un excelente sentido del humor; mi padre y él jugaban mucho con la palabra; escucharlos era un espectáculo divertidísimo, amén de ilustrativo y aleccionador.

–Tu carrera en la administración pública (Conasupo, Culturas Populares y Semarnat), ¿cómo incidió en la creación literaria?

–Mi aprendizaje en Conasupo me llevó a ser un experto en alimentación popular (después de 28 años). Ello me permitió abordar la gastronomía mexicana con un sentido realista y no de exquisito; así he escrito 12 libros relativos a ese tema. Además, en Conaculta ideé, dirigí y publiqué una colección de recetarios indígenas y populares con 54 libros y otra de 14 recetarios antiguos de nuestro país, que me valieron el Premio Internacional Slow Food que recibí en Italia.

Cuando trabajé en la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente –la Profepa de Semarnat–, escribí y la UNAM publicó mi libro El medio ambiente de México a través de los siglos. Crónicas extranjeras. Sorprende ver las preocupaciones ecológicas sobre el hábitat en otras centurias, aunque desde luego sin tales palabras.

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–El año pasado publicaste Pasión a fuego lento. Erotismo en la cocina mexicana. ¿Está inspirada en Como agua para chocolate de Laura Esquivel o en Afrodita de Isabel Allende? ¿La seducción se puede entender sin la necesidad de alimentarse?

–El libro de Laura Esquivel es una deliciosa novela y el de Isabel Allende se acerca más al ensayo bien informado y juguetón; ambos los cito en mi libro, pero éste es una investigación estrictamente histórica realizada a partir de una bibliografía de 202 fuentes, todas citadas en él. No hago sólo un recuento de supuestos afrodisíacos, sino que analizo a lo largo de nuestra historia –desde el México precolombino hasta el siglo XXI– la relación entre alimentación y erotismo, que tiene mucho más vínculos de los que pudiéramos pensar en primera instancia.

Por ejemplo, llama la atención la similitud de los ayunos alimenticios y sexuales entre los novicios y sacerdotes prehispánicos y los católicos, así como los crueles tormentos a los que se sometían unos y otros. Cuando surgen los restoranes en el siglo XIX, se empieza a cortejar con un plato de por medio. Las “adelitas” daban a sus “juanes” amor y comida, nada más. Actualmente, la anorexia y la bulimia son un vínculo perverso o negativo entre alimentación y erotismo.

–Recientemente te mudaste a Cuernavaca, y siempre se habla de la enorme cantidad de intelectuales que han vivido aquí en Morelos (Siqueiros, Alfonso Reyes, Gabo, Javier Sicilia, Malcolm Lowry, Erich Fromm, Paulo Freire, Iván Illich, Ernesto Cardenal, Méndez Arceo, José Agustín, Elena Garro, Francisco Rebolledo, Enrique Serna, Pablo González Casanova), pero como cronista de los forasteros en México ¿por qué se ha olvidado hablar de los comunistas norteamericanos que vivieron su exilio en Cuernavaca? De la anterior lista, ¿sobre quién te gustaría escribir una biografía?

–Acabo de concluir un libro: Viajeros extranjeros en Morelos que espero tengamos pronto en las manos. Allí trato, entre otros, el tema que mencionas, con el hilo conductor de la investigación que hizo precisamente una hija de comunistas refugiados en Cuernavaca: Diana Anhalt, en Voces fugitivas.

Este libro mío, aún inédito, incluye glosas de lo que 84 forasteros vieron y escribieron en lo que hoy es el estado de Morelos, desde el siglo XVI hasta el XXI. Allí aparecen figuras connotadas como Hernán Cortés, fray Juan de Zumárraga, Alexander von Humboldt, Carlota y Maximiliano, Malcolm Lowry, Graham Greene, Pablo Neruda, Carlo Coccioli, Gutierre Tibón, Oscar Lewis o Ernesto Cardenal. Muchos otros son desconocidos hasta para los historiógrafos morelenses. Dos son viajeros virtuales, como hoy dicen: Julio Verne y Alejandro Dumas, pero ambos escribieron sobre Morelos.

Hay 20 españoles, 17 franceses, 11 estadunidenses, ocho ingleses, cinco italianos, cinco alemanes, dos austriacos, dos argentinos, dos chilenos y sendos viajeros/autores de Luxemburgo, Bélgica, Grecia, Checoslovaquia, Hungría, Rumania, Honduras, Nicaragua, Cuba, Brasil, Venezuela y Uruguay. Como se observa, los 84 viajeros corresponden a 21 países.

La distribución por siglo resulta de la siguiente manera: 10 forasteros son del siglo XVI, dos del XVII, uno del XVIII, 27 son del XIX, 40 del siglo XX y cuatro publicaron sus libros ya en este siglo XXI. De las 84 personas, 13 son mujeres y 71 hombres. Por supuesto, este libro hace un recuento no exhaustivo.

Por otra parte, en anteriores libros míos publiqué algunas páginas sobre la poesía El valle de Cuernavaca de Ernesto Cardenal y Bajo el volcán de Lowry (por cierto que esos libros recibieron el Premio Internacional Malcolm Lowry 1988 del INBA y del gobierno de Morelos).

–Luego de hojear tus libros El Popocatépetl. Don Gregorio en las crónicas de extranjeros desde el siglo XVI hasta la actualidad (Diana, 1997) y Anecdotario de forasteros en México (Conaculta, 2001), ¿por qué te interesa la mirada que del exterior se tiene sobre México?

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–Cuando un mexicano viaja al extranjero, de alguna manera comienza a descubrir su propio país. Quizás por contraste, surgen en su mente las cualidades de México, desde el carácter amable de nuestro pueblo hasta las extraordinarias bellezas naturales. Desde luego, también destacan a lo lejos los defectos. Y no es que no conozcamos nuestras características desde antes de viajar, sino que se evidencian al hacerlo.

En un fenómeno parecido –por surgir también de la comparación–, cuando nos visitan extranjeros generalmente su asombro lo provocan aspectos que para nosotros son cotidianos. Valgan como ejemplo los panes de muerto con huesos simulados, las calaveritas de azúcar con nuestro propio nombre en la frente y los pequeños ataúdes y esqueletos como juguetes para los niños. Ante todo ello los forasteros, sobre todo los no latinos, se pasman y desconciertan.

Por eso hay una diferencia fundamental entre los textos de los viajeros mexicanos acerca de su propio país y los escritos por extranjeros, ya que éstos destacan y nos hacen reflexionar sobre el perfil prototípico del mexicano, aquello que nos distingue de los demás pueblos. Sus puntos de vista reflejan desde el más diáfano blanco hasta el negro más impenetrable.

–En tu último libro Ritos de sangre y sexo (Grijalbo, 2007) ¿cómo le hiciste para no caer en la nota roja del México precolombino y virreinal?

–Este libro lo escribí ejerciendo (y para que los lectores ejerzan) nuestro derecho a la información –del pasado–. De alguna manera, es una reacción a la historia oficial que prácticamente no trata, por ejemplo, el tema de los sacrificios humanos y el de la antropofagia ritual; sólo en los libros de texto gratuito de 5º y 6º de primaria hay escasas tres referencias al primer tema, de un renglón, y ninguna al segundo. Cuando la verdad no es completa, no es verdad.

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Los niños ven cosas aterradoras a diario en la televisión y, no obstante, los políticos de la educación creen que no deben conocer a fondo nuestras raíces prehispánicas –con todo lo bueno y lo espeluznante de ese origen–. Ritos de sangre y sexo recopila hechos sangrientos y sexuales y en él podemos reconocer algunas de nuestras facetas actuales.

–Bienvenido al infierno ambiental y político del PAN en Cuernavaca. ¿Estás enterado de las aberraciones ecológicas del PAN en Morelos? ¿Puedo publicar brevemente tu paso por Semarnat y el lío con los hoteleros españoles? ¿Cuál es tu opinión de Fox luego de ver su “solución” al problema?

–El caso de Morelos no lo conozco, porque ahora estoy dedicado de tiempo completo a mis libros, pero de lo que no tengo duda es que a Fox le interesaba mucho más proteger a la inversión privada que cumplir con la ley ambiental. De hecho, le molestaron mucho las clausuras que hicimos en varios lugares, como la del desarrollo hotelero del grupo español Riú en Cancún (quienes pretendieron hacer dos hoteles con la licencia de uno); otra fue la de la mina de carbón de Río Escondido en Piedras Negras, del grupo de Altos Hornos (quienes desviaron un importante río subterráneo sin autorización, afectando a todos los pozos de agua de la región).

Otro problema que irritó sobremanera a Fox fue que constituimos un grupo colegiado la Semarnat, la Secretaría de Salud y la de Marina para monitorear mensualmente la calidad del agua de las principales playas turísticas del país, publicando los resultados; las de Acapulco, de Zihuatanejo y del puerto de Veracruz, entre otras, son verdaderas bacinicas, y se dio a conocer para proteger a los turistas; Fox se enfureció.

Yo creo que todo esto y mucho más ocasionó el enfrentamiento de un profesional ético y de alto nivel, Víctor Lichtinger, entonces secretario de Estado (Semarnat), con un presidente al que el medio ambiente lo tenía sin cuidado, sobre todo cuando lo depredaban sus correligionarios del sector privado. “¡Que no me toquen a los inversionistas ni con el pétalo de una rosa!”, parecía decir con sus reacciones, aunque ellos fueran unos delincuentes ambientales.

–Tú eres un opositor al TLC, ¿cuál es tu principal argumento para proteger al campesino contra los subsidios de Norteamérica?

–México importaba antes del TLC entre una y tres millones de toneladas de maíz al año, de Estados Unidos, por supuesto, que es el principal productor del mundo y lo tenemos pegado, y ahora, en 2006, importamos 10 millones, lo que refleja el desplome de la producción nacional por la desaparición de los precios de garantía en México, mientras que el gobierno estadunidense mantiene sus subsidios a la exportación.

Eso fue una puñalada por la espalda a los campesinos más pobres, para quienes el maíz no sólo era alimento, sino moneda, pues con él obtenían otras mercancías que ellos no producen. En realidad, en materia económica, los principios del PAN gobiernan México desde hace más de dos sexenios. Para los neoliberales, el concepto de soberanía alimentaria es demagogia y el de patria es populismo. Por eso los Estados Unidos nos tienen de rodillas, porque el alimento básico de la gran mayoría de los mexicanos ahora viene de ese país.

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* Periodista.
Entrevista publicada por el diario http://www.lajornadamorelos.com y www.elclarin.cl. Se transcribe aquí por gentileza del autor.

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