Ene 27 2013
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OpiniónPolítica

Kerry, sin desperdicios

Como es sabido, cada nuevo turno presidencial en los Estados Unidos despierta en algunos esp√≠ritus ingenuos la esperanza de que ‚Äúahora s√≠‚ÄĚ, Am√©rica latina y el Caribe van a ocupar el lugar que se merecen en la agenda de la Casa Blanca.

Esta tendencia est√° profundamente arraigada en vastos sectores de las sociedades latinoamericanas, reforzada por la infantil ilusi√≥n que despierta la presencia de un afrodescendiente en la Casa Blanca. No obstante, durante ochenta a√Īos la historia se encarg√≥ de demostrar la absoluta vacuidad de esa ret√≥rica. En efecto, fue Franklin D. Roosevelt quien en su discurso inaugural (4 de marzo de 1933) anunci√≥ con bombos y platillos su ‚Äúpol√≠tica del buen vecino‚ÄĚ.

Poco despu√©s, en diciembre de ese mismo a√Īo, su secretario de Estado, Cordell Hull, declaraba en una conferencia pa-namericana en Montevideo que ‚Äúning√ļn pa√≠s tiene el derecho de intervenir en los asuntos internos o externos de otro‚ÄĚ. Al poco tiempo esta pol√≠tica del buen vecino mostraba su verdadero rostro al bendecir la tiran√≠a de Anastasio Somoza en Nicaragua y convalidar el alevoso asesinato de Augusto C√©sar Sandino, el l√≠der guerrillero que hab√≠a derrotado y provocado la retirada de las fuerzas de ocupaci√≥n norteamericanas instaladas en Nicaragua desde 1909.

Lo que sigui√≥ durante d√©cadas fue una sistem√°tica pol√≠tica de Washington de incondicional apoyo a cuantas dictaduras y gobiernos de derecha llegaran al poder en Am√©rica latina y el Caribe, tendencia que se profundiz√≥ a partir de la Guerra Fr√≠a y que contin√ļa hasta nuestros d√≠as. El golpe seudoinstitucional en contra del presidente Mel Zelaya en Honduras y la farsa parlamentaria con la cual se destituy√≥ a Fernando Lugo en Paraguay son ejemplos contundentes que demuestran la invariable continuidad de la pol√≠tica del imperio hacia lo que sus estrategas e intelectuales org√°nicos consideran como las ‚Äúprovincias exteriores‚ÄĚ de la Roma americana.

Entre Somoza y Lugo aparece una abigarrada galer√≠a de siniestros d√©spotas apadrinados por la Casa Blanca: el ya mencionado Somoza, fundador de una sangrienta dinast√≠a, Carlos Castillo Armas en Guatemala; Rafael L. Trujillo en Rep√ļblica Dominicana; Papa Doc Duvallier en Hait√≠; Fulgencio Batista en Cuba; Marcos P√©rez Gim√©nez en Venezuela; Alfredo Stroessner en Paraguay, para nombrar apenas a algunos pocos y a los que habr√≠a que agregar, ya en los setenta del siglo pasado, a las tenebrosas figuras de Augusto Pinochet en Chile, Jorge Rafael Videla en la Argentina y los gorilas brasile√Īos, bolivianos y uruguayos que asolaron nuestros pa√≠ses.

Las v√≠ctimas de esta insaciable voracidad del imperio se cuentan por millones, pero entre los gobernantes y l√≠deres pol√≠ticos que cayeron a causa de sus maniobras est√°n, aparte de los ya mencionados Zelaya y Lugo, Joao Goulart, Jacobo Arbenz, Juan D. Per√≥n, Juan Bosch, Arturo U. Illia, Maurice Bishop y Salvador Allende ‚Äďam√©n de Omar Torrijos (Panam√°) y Jaime Rold√≥s (Ecuador), muertos en sospechosos accidentes a√©reos‚Äď entre tantos otros que ser√≠a largo enumerar en este breve escrito.

¬ŅHabr√° alg√ļn cambio con John Kerry al frente del Departamento de Estado? Si tomamos nota de lo que dijo en la audiencia de d√≠as pasados ante la Comisi√≥n de Relaciones Exteriores del Senado ‚Äďpresidida por Bob Men√©ndez, un contumaz enemigo de la Revoluci√≥n Cubana‚Äď la respuesta debe ser claramente negativa. Business as usual, como dicen en Estados Unidos. Y como m√°s de una vez lo advirtiera Noam Chomsky, Obama profundiza la l√≠nea seguida por la Administraci√≥n de George W. Bush actuando de acuerdo con las ense√Īanzas de Theodore Roosevelt que aconsejaba ‚Äúhablar en voz baja, pero traer un gran garrote‚ÄĚ.

Para Kerry el modelo a seguir en materia de relaciones hemisf√©ricas es el que la Casa Blanca cultiva con Colombia. El hecho de que este pa√≠s sea considerado como el mayor violador serial de los derechos humanos en los √ļltimos tiempos debe ser un dato nimio para el sucesor de Hillary Clinton. Tanto es as√≠ que, olvid√°ndose del frondoso prontuario depositado en los Archivos Nacionales de Washington, se deshizo en elogios al narcopol√≠tico Alvaro Uribe y su exitosa campa√Īa de ‚Äúseguridad democr√°tica‚ÄĚ, construida sobre el asesinato en masa de m√°s de tres mil j√≥venes en lo que en Colombia se conoce como el crimen de los ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ.

Refiri√©ndose a Venezuela, y a otros pa√≠ses ‚Äúat√≠picos‚ÄĚ (as√≠ calificados porque no cooperan con los nobles esfuerzos de Washington), el futuro secretario de Estado afirm√≥ que ‚Äúpuede haber una oportunidad para la transici√≥n all√≠‚ÄĚ. Entend√°monos: cuando un alto funcionario de Washington habla de ‚Äútransici√≥n‚ÄĚ, a lo que se refiere es a ‚Äúcambio de r√©gimen‚ÄĚ o, m√°s prosaicamente, ‚Äúgolpe de Estado‚ÄĚ. Y eso es lo que est√°n desaforadamente impulsando la NED, la CIA, la Usaid y toda la parafernalia de (aparentemente inocentes) ONG que act√ļan como fachadas altruistas de los siniestros intereses de Washington.

En fin, lo que dijo Kerry es que har√° lo que la Casa Blanca siempre hizo y continuar√° haciendo. Tal como lo planteamos en Am√©rica latina en la Geopol√≠tica del Imperialismo y, antes, en un libro que es una suerte de prefacio y que lleva por t√≠tulo El lado oscuro del imperio, la pol√≠tica del imperialismo puede variar sus apariencias pero es invariante en su esencia. Y su esencia es el saqueo, el pillaje, la superexplotaci√≥n, la opresi√≥n nacional. Como lo recordaba la gran Violeta Parra en ‚ÄúLa carta‚ÄĚ, una de sus m√°s hermosas canciones: ‚ÄúYo pido que se propague por toda la poblaci√≥n que el le√≥n es un sanguinario en toda generaci√≥n‚ÄĚ. En efecto, el imperio es sanguinario en toda generaci√≥n.

Pensar que puede actuar de otra manera ser√≠a incurrir en una pasmosa ingenuidad. Lamentable involuci√≥n la de este Kerry: pas√≥ de sus eeuu Clinton-Kerryvalientes denuncias sobre los brutales cr√≠menes perpetrados por la soldadesca yanqui en Vietnam a esta capitulaci√≥n en toda la l√≠nea. Como un mal vino, envasado en peor barrica, el hombre envejeci√≥ mal, y un oportuno casamiento con la multimillonaria heredera de la salsa ketchup Heinz termin√≥ por evaporar su juvenil radicalismo convirti√©ndolo en un reaccionario que erige a Colombia, con sus cuatro millones de desplazados por la guerra; con su narcopol√≠tica; con sus ‚Äúfalsos positivos‚ÄĚ; con sus asesinatos de dirigentes sociales, pol√≠ticos, sindicales y sus periodistas; con su desenfreno paramilitarista y sus siete bases militares norteamericanas en el modelo a emular por los pa√≠ses del √°rea. La verdad, Kerry envejeci√≥ muy mal.

Por suerte hay otros que ya eran buenos, pero que con el paso del tiempo se volvieron a√ļn mejores: Fidel, Ra√ļl, Chomsky, Gonz√°lez Casanova, Alfonso Sastre, entre tantos otros. No todo est√° perdido.

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