May 9 2005
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Cultura

La angustia de ser temporero

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

“Todo importa cuando el pasado convive con un presente futurista, de tiempo real y virtualidad que lo codifica todo según su lógica”.

Antropólogos del Imperio Británico

Las tres viejas más guatonas de todas las cuadrillas reunidas, se habían apoderado de esa improvisada cocina a la orilla del extenso campo de maíz semillero transgénico. Haciendo gala de ser las mamás del lugar, sacaban filo a sendos cuchillos al borde del canal en rústicas piedras lajas. Dispuestos en un improvisado tablero, los alimentos de la fiesta esperaban el vamos a su preparación.

Sin autorización de las viejas guatonas nadie se atrevía a pelar una cebolla. Fueron ellas quienes organizaron el cierre de faena, se preocuparon personalmente de repasar las líneas del maíz, cerciorándose que no había espigas y así recibir todos el premio por termino de faena.

Los temporeros más jóvenes hace rato habían empezado la fiesta, en cuclillas debajo de un sauce, hacían una rueda de pasta base y tras cada sendo pipazo, por lo verde que se ponían parecían mimetizarse con el paisaje de ramas y yuyos.

Las viejas les decían: “Dejen de fumar ese raspado de muralla, cabros”.

Los muchachos pasteros muertos de la risa respondían de manera monocorde al unísono: “No la fumamos, la comemos”.

Qué va, que hagan lo quieran, ellas hoy tenían que preocuparse que con el poco dinero,la comida fuera abundante y sabrosa, en eso centraron su pensamiento y su acción.

Ordenaron a algunos hombres, los mas diestros, pelar las cebollas y a otros calentar el disco, este trabajo comunitario a todos complacía.

Mientras una anciana huesuda y seca sacaba las plumas a una gallina, un colita delgado en hawaianas calipso trozaba las presas de cerdo, tratando con especial cuidado las patitas, esto ultimo motivo de risas y chistes en los presentes.

Varias garrafas plásticas de vino pipeño eran vaciadas en un fondo, los niños en patota recién habían vuelto con bellos duraznos colosos que sacaron a escondida de un predio cercano.

El fuego ardía, y el disco estaba furioso salteando presas de productos y subproductos; cooperaban todos en la preparación del sabroso manjar, los pasteros eran los únicos que se restaban a la tarea, preocupados estaban en llenar sus codos de cañería con cargas de la mal llamada “maldición peruana”.

Las viejas una que otra mirada inquisitiva daban a esos muchachos locos y flacos: no por casualidad son sus sobrinos, hijos y nietos. Con resignación comentaban:

“Qué importa, si los abuelos fueron curados, los nietos tienen que ser volados”.

A la hora de comer dejarían servido los platos o aquel que por cortesía se sirviera unas cucharadas, comenzaría con arcadas.

La vieja más guatona de todas, comentaba: “ Es que con tanto pipazo la guata la tienen chiquitita, una verdadera cereza corazón de paloma”.

Los alimentos despedían un buqué sabroso, bastante ajo, pimentón morrón, cebolla y sobretodo una buena dosis de “negrita” para que tenga ese sabor bien indio, que tanto gustaba a esos descendientes de huilliches, alacalufes, y atacameños. Cuando se habla de indios, también aparece en la palestra el blanco, quien raudo, con enorme polvareda, en su flamante Dakota trae el premio al corte de espiga.

El patrón Blanco del vehículo baja sonriente, hecha un vistazo al disco para ver que es lo que comen los pobres. Felicita a las viejas, exclamando: “¡Felicitaciones, está es pura comida mediterránea!”

Viene de buenas el patrón, con sencillos ademanes manda a sus peones a revisar el corte de espigas.

La fiesta se para por un instante, todos pendientes de la revisión, los dos peones levantan sus pulgares como signo de afirmación: “Okey”.

Dice el patrón Blanco: “Ganaron el premio”.

Gritos de alegría en las cuadrillas. Sonrientes preparan sus platos, las viejas proceden a servir. Los comensales hacen fila contentos, muchos están borrachos, desean saborear el cocimiento al disco, los mas viejos empinan el codo con parsimonia, haciendo salud con improvisadas copas hechas con los golletes de botellas plásticas.

“¡A la buena fortuna¡ “

Hacen salud, dispuestos a recibir el premio en dinero por la tarea bien cumplida.

El patrón ordena a uno de sus ayudantes que busque en la camioneta el bolso del dinero. Corre el ayudante a buscar el dinero. Busca en todos lados, Después de un breve lapso, da un grito con voz bovina:

“¡Patrón el dinero en el bolso no esta! “

La patota de cabros chicos aparece en escena: “¡ Tíos, tíos, los volados, estaban hurgueteando la camioneta y se llevaron la plata para el maizal!”

El patrón Blanco, rojo se ha puesto; la nariz una verdadera piporra parece. El colita de hawaianas calipso, grita como con un ataque de nervios: “ ¡Los peludos, vayan a pillarlos! “

Medio borrachos y envalentonados los hombres parten al maizal. Apenas intentan meterse a los choclos, como seis cuetazos, ta-ta, se escuchan. Eso a los hombres envalentonados los hace recular.

El patrón se agarra las mechas y exclama: “Estos hijos de puta, enfierrados también están”.

El ayudante del patrón, que sigue revisando la camioneta, con su siempre voz bovina grita: “¡Las dos pistolas también las sacaron patrón!”

El patrón Blanco, saca su celular y llama a carabineros, las mujeres a viva voz piden a los muchachos terminar el asunto.

Los muchachos se niegan a devolver el dinero, éstos desde el maizal con risas responden: “¡Con esta plata nos vamos todos a Alto Hospicio!”

Al patrón Blanco,definitivamente le han echado a perder el día. Patrullas y fuerzas especiales acaban de llegar.

Un capitán a cargo de la tropa se presenta ante el patrón como experto negociador, dice ser graduado en Portugal y que por tratarse de un delito fragante actuara conforme a la ley.

El capitán negociador con don de mando ordena lanzar bombas lacrimógenas al maizal, el patrón Blanco, se le a quedado mirando, al capitán dice: “¡ Eres huevón, acaso ,cabro; eso esta fuera de lugar, con eso se contamina el maíz, no piensas los efectos demoledores que tiene para el TAC y ahora mas encima con el dólar tan bajo!

El capitán, lleno de dudas, desde una patrulla , consulta por teléfono satelital.
Llama al gobernador, llama al intendente; por fin logra comunicarse directo con el ministerio del Interior, al final desde este ministerio con consulta al Cosena, lo derivan al Ministerio de Hacienda y al Mideplan.La orden es perentoria, simplemente hay que ametrallar.

Los pasteros no entraban en razón y se hacían los de la chacra, de vez en cuando algunos tiros tac-tac sin mostrarse, entre los choclos, daban a los policías que escondidos solo esperaban actuar.

Gritan los muchachos a todos desde el maizal: “¡Mas duros no podemos estar!”

Los carabineros disponen ametralladoras pesadas para hacer un barrido abanico al sembrado de choclos, las viejas lloran a moco tendido por esos queridos niños angustiados, les gritan: “ ¡Niñitos en pocos minutos más van a ametrallar!

Los pasteros no estaban ni ahí, piensan en ese momento de muerte anunciada, solo en fumar, y fumar.

A la orden del capitán las ametralladoras empiezan a disparar y los pasteros dele que dele fumando sin parar. Mientras más disparaban, más fumaban, después que la policía había gastado cintas y cintas de balas y cuando no quedo ninguna mata de choclo parada, todos corrieron a los restos del maizal.

Los carabineros, los temporeros, el patrón, los ayudantes, los reporteros, hasta funcionarios del gobierno a contrata: todos buscaban los restos de los jóvenes pasteros.

En ninguna parte estaban; Ningun rastro de ellos, tampoco sangre, ni restos de ropa.

Verdadero acertijo de la provincia para este nuevo siglo. Única explicación, por lo menos, la que se contó a los niños durante mucho tiempo: Los pasteros fumaron tanto que se hicieron pequeñitos, y las balas no los tocaron, y de esa manera huyeron, se escondieron detrás de los granos de maíz, que para el tamaño que ellos tomaron eran unas verdaderas rocas, así logró ese lote de jóvenes angustiados salvarse de las balas de la policía y del castigo de la sociedad.

Desde un tiempo a la fecha, algunos temporeros, especialmente los que gustan de la pasta base, los han visto deambular pequeñitos como semillas, generalmente hacen desparecer el dinero de los bolsillos de los mas palmazos, también roban relojes y gargantillas dejadas en alguna parte con descuido. Su presencia se nota por pequeños restos de ceniza y por un fuerte olor a caucho quemado.

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* Por la copia.

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