Jul 4 2008
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Cultura

La Anónima: 100 años de existencia, 100 años de genocidio

Antonio E. Díaz Fernández*

¿Qué siente la sociedad argentina, incluyendo sus gobernantes, frente a la ocupación británica de las islas Malvinas? ¿Qué sentirán los qom (toba), los pilagás, los wichis, los aonik’enk, los mapuche, y otros, frente a la ocupación argentina de sus tierras? Los argentinos esperan la devolución de Malvinas. Me pregunto: ¿el Estado argentino pensará devolver las tierras usurpadas a los pueblos originarios?

En 1908 se unían dos capitales de Patagonia austral, los Menéndez de Karukinka, hoy Tierra del Fuego, y los Braun del país de los Aonik’enk, hoy Santa Cruz. De esa unión surgió una nueva empresa, la Sociedad Anónima Importadora y Exportadora de la Patagonia –La Anónima–, que hoy posee una red de cien supermercados en todo el territorio patagónico y en Chaco. 

 Justamente los latifundios y grandes empresas están asociados simbióticamente a la apropiación del Estado de lo que consideró tierras fiscales, pero eran territorios indígenas independientes y fueron anexados violentamente por la República Argentina.

“Gobernar es poblar”, reza la mentada frase de Juan Bautista Alberdi, pero los que vinieron de otros continentes a poblar –fracasados en sus propios países– decidieron "despoblar" la Patagonia de homo sapiens y "re poblarla" con ovinos. Obviamente, no lo hicieron en secreto ni a hurtadillas, el Estado argentino lo sabía y en muchos casos fue cómplice.

Las autoridades nunca intervinieron; al contrario, ponían sus hombres de armas al servicio y protección de los latifundistas y capitalistas y concedía grandes extensiones de tierras a esos foráneos, invisibilizando a sus ocupantes milenarios. Incluso se pagaba como policías a genocidas como Julius Popper, quien se tomaba fotos con sus "piezas de caza", vidas preciosas –inertes en el suelo–, arrebatadas por este mal nacido y sus mercenarios, incluso homenajeado por Arnoldo Canclini, en un libro hace unos años.

Me pregunto una y otra vez: ¿Qué siente la sociedad argentina, incluyendo sus gobernantes, frente a la ocupación británica de las islas Malvinas? ¿Qué sentirán los qom (toba), los pilagás, los wichis, los aonik’enk, los mapuches, y otros, frente a la ocupación argentina de sus tierras?

Los argentinos esperan la devolución de Malvinas. Otra vez me pregunto: ¿El estado argentino pensará devolver las tierras usurpadas a los pueblos originarios y concedidas a los grandes latifundistas? El preámbulo de la constitución reza “invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia” ¿A qué justicia y razón se referirá?

Esta empresa, La Anónima, sociedad importadora y exportadora que en junio celebró sus cien años, remonta sus orígenes a la ocupación de tierras y masacre de sus pobladores originarios, el pueblo selk’nam, vulgarmente conocidos como onas.

Los alambrados de José Menéndez y la introducción de cientos de miles de lanares en la tierra de los onas, a fines del siglo XIX, espantaban los guanacos, sustento principal de los selk’nam, quienes vieron una alternativa en el guanaco blanco –como denominaban a la oveja–, desconociendo que era propiedad privada.

Pronto, los grandes estancieros se organizaron y comenzó la cacería de los selk’nam. Federico Echeuline, mestizo selk’nam-noruego fallecido en 1970 testificaba: “Y así, pa’ no morir de hambre, buscaban los animales de los Menéndez. Por eso los mataba Menéndez” (Chapman 1990: pág. 63).

Los nuevos dueños del país selk’nam contrataban cazadores de indios profesionales, como Mc. Lennan –alias Chancho Colorado–, Mr. Bond, John Mc. Rae, Kovasich, Albert Niword, Sam Islop, Stewart, Peduzzi, Julius Popper, José Dias, etc. (Magrassi 1989, pág. 23-25; L. A. Borrero 1991: págs. 52-54). El jefe de policía Ramón Cortés, en su diario, fechado 05-03-1897 escribía “… un inglés llamado Saham (o Sam Ishlop) y un italiano llamado Peduzzi. Estos individuos se ocupan pura y exclusivamente en la caza de indios, ya sea en territorio chileno o argentino… mediante una libra esterlina por cada individuo macho y 5 chelines por cada muchacho o mujer” (Magrassi 1989: pág. 24).

La célebre matanza de selk’nam perpetrada en Cabo Domingo por el Chancho Colorado, administrador de las estancias de José Menéndez, dejó un saldo de 400 cadáveres esparcidos e insepultos (J. M. Borrero 1974: pág. 48-49). Asimismo, la masacre de Cabo Peñas es otro más de sus crímenes impunes (Chapman 1990: pág. 64-65).

Mr. Rigby, capataz de la estancia San Sebastián, escribía a su patrón Mauricio Braun en julio de 1900: “No hemos enviado más expedicionarios a cazarlos” (Magrassi 1989: pag. 24).

Envenenamiento de ovejas con estricnina para obsequiarles como carne a los selk’nam, tratamiento con venenos a ballenas varadas antes que los selk’nam llegaran para consumirla (J. M.Borrero 1974: pág. 44), eran otras tácticas de genocidio practicadas por los civilizados invasores de Karukinka. La expedición de Ramón Lista, héroe de Estado argentino, perpetró una masacre de 28 varones en Bahía San Sebastián en 1887 y muchas mujeres fueron tomadas prisioneras y deportadas a Buenos Aires (L. A. Borrero 1991: págs. 54).

¡Menos mal que los argentinos invocan a Dios fuente de toda razón y justicia, señor Ramón Lista! Después de estas masacres, los latifundistas volvieron a teñir sus manos con sangre, por ejemplo, en la estancia Anita, de los Menéndez Behety, se fusilaron obreros que estaban en huelga en 1921 (J. M. Borrero 1974: pág. 32-33).

La Misión San Rafael en la isla Dawson, concedida al sacerdote Fagnano en 1890, era un campo de concentración donde se reunía a selk’nam, yámanas y qawasqar o alakalufes, para "civilizarlos", haciéndolos perder su identidad étnica y cultural. Allí, los selk’nam se encontraron en mundo extraño, hacinados en Arská (Tierra lejana), como llamaban a esa isla, deseaban escapar a su Karukinka, pero los aislaba el mar (L. A. Borrero 1991: págs. 60-61).

Esta Misión contaba con el apoyo de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, esa institución era el Auschwitz de los selk’nam . Braun Menéndez informa de un envío al destierro de 225 selk’nam, cuya tribu “… había sido sorprendida in fraganti” (L. A. Borrero 1991: págs. 60). La pena, las enfermedades, la soledad y los daños psicológicos diezmaron a los desterrados. Llevaron más de 3.000 selkn’am a la isla Dawson y allí murieron. Luis Garibaldi Honte, mestizo selkn’am-italiano, testificaba, “después de veintiún años de explotarla, trajeron unos pocos indios acá. Pero onas no vinieron más que tres mujeres: la Paula, la Raquel y la Petronila, fueron las únicas que vinieron acá, hombres no vino ninguno” (Chapman 1990: pág. 69).

Fagnano, sacaba los habitantes originarios de Karukinka y los llevaba a un campo de concentración, para liberar el territorio para los nuevos dueños, los "honorables pioneros", a quienes nuestro noble Borrero denomina “detritus de la sociedad, seres sin escrúpulos y sin entrañas, que en pos del dinero y de la fortuna… caían en Punta Arenas… atraídos por la fácil impunidad…” (J. M.Borrero 1974: pág. 40-41).

Este "monseñor" fue cómplice de los latifundistas, ¿por qué no luchó por los derechos que los selk’nam tenían sobre su tierra en vez de deportarlos a un medio extraño? El lago que los selk’nam llamaban Qami, hoy lleva el nombre de ese monseñor.

Me pregunto: ¿qué méritos tenía para que se oblitere un hidrónimo nativo y se lo reemplace por un antropónimo foráneo, como Fagnano? ¿Qué hay que celebrar?

Seguramente, los Menéndez-Braun-Behety, empresarios, entre risas y aplausos brindarán en copas de fino cristal de Bohemia con champagne français de eximio bouquet, pero yo sólo escucho el llanto de los niños selk’nam cuando los mal nacidos mercenarios de esos capitalistas mataban a los pobladores originarios de Karukinka y les cortaban los testículos y los senos a las mujeres, sólo escucho el gemido de los agonizantes tirados en el suelo, sólo veo la sangre correr, teñir la hierba y desaparecer en la tierra.

Domingo Faustino Sarmiento se hubiera gozado con esta macabra escena, ya que consideraba que la “sangre del gaucho y del indio sólo sirve para abonar la tierra”.

Ahora entiendo las palabras de Angela Loij: yak haruwen cheshken (voy a morir en mi tierra), aunque las dijo con otro sentido, ¡cuántos selk’nam murieron en su haruwen (tierra)! ¿Cuánto se conoce sobre Teneneshk, Hálimink, Kawchiqol, Atel, Kawsel, Yayosh? Sus voces fueron silenciadas para siempre en el oscuro mundo de los crímenes de lesa humanidad, aún impunes.

Es muy probable que pocos conozcan sobre el hain, un haruwen, los klóket’en, un jo’on, etc., el maravilloso mundo selk’nam fue borrado de la faz de la Tierra, por los grandes capitales que se enorgullecen de sus logros, pero silencian cómo los hicieron, con las manos manchadas de sangre selk’nam y con peones explotados.

100 años de impunidad. Mire a su civilización señor Sarmiento, y dígame cuáles son los bárbaros. Esto me recuerda a Saúl Huenchul cantando allá por la cordillera, / como en todos los caminos, / hay apellidos muy finos / pero con una historia muy fiera… cuando a los indios mataban / para quitarle la tierra.

Se parece a la historia de esta empresa ¿o será simple coincidencia? 

* Periodista latinoamericano nacido en la Argentina.
La imagen de apertura corresponde a totems Selk’nam levantados en la ciudad patagónica de Punta Arenas. Publicado originalmente en el periódico mapuche www.azkintuwe.org

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