Feb 14 2010
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La batalla de Chávez, contra la crisis, no con la oposición

Arturo Cano*

La batalla que se libra en Venezuela tendrá su punto culminante en las elecciones legislativas de septiembre venidero. Pero no enfrenta a Hugo Chávez y su oposición política, sino a Chávez contra una crisis que su gobierno debe sortear sin aparecer como principal responsable: la emergencia eléctrica.

Chávez tiene la maquinaria gobierno-partido-fuerzas armadas, un voto duro superior a 30 por ciento, altos índices de aprobación pese a sus 11 años en el poder (o precisamente por ellos), el doble de bolívares fuertes tras una devaluación de 100 por ciento y, por si algo le faltara, el precio del petróleo le favorece (hace un año, por estas fechas, andaba en 34 dólares por barril y hoy ronda los 74). Y eso, en Venezuela, quiere decir casi todo.

"¿Viniste a ver qué tan cerca está la caída de Chávez?", preguntan, con cierta sorna, agudos amigos venezolanos de uno u otro bando. La prensa opositora venezolana especuló durante una semana sobre la visita de Ramiro Valdés, alto funcionario cubano. Que venía a censurar Internet, que no venía a espiar a la oposición sino a los propios chavistas. Finalmente, después de mucho darle vueltas, la prensa antichavista concluyó que había venido, enviado directamente por Fidel Castro, a ver qué tan mal andaba Chávez (lo supo pronto, porque su visita sólo duró un día).

Los chavistas saben, claro, que la percepción afuera es que el presidente venezolano enfrenta una crisis sin precedentes que lo llevará a la derrota electoral en septiembre: que la sociedad está harta de la crisis eléctrica y de los homicidios sin freno en los barrios y que, para colmo, tiene a miles de estudiantes en las calles, al grito de "libertad" y "democracia".

Pero el blanco y negro sólo sirve para que las agencias internacionales refieran en un párrafo la realidad venezolana, más enredada que los callejones abigarrados de casitas de ladrillo que pueblan los cerros de Caracas.

Para empezar, pese a la "percepción" internacional, en la gran Caracas sólo hubo apagón un día, y fue de dos horas. Han padecido más los habitantes de muchas zonas de la ciudad de México, tras el tiro de gracia a la Compañía de Luz y Fuerza del Centro.

No que los problemas no existan. Pero en el gobierno existe la convicción de que sortearán la crisis eléctrica y que hacia abril o mayo, cuando el agua del embalse El Guri llegue a su nivel de colapso, si no llueve, no ocurrirá "el apocalipsis" que han anunciado los dirigentes opositores.

"Clamor a Dios"
A pesar de que el ministro de Energía Eléctrica, Alí Rodríguez, anunció un plan "comunicacional" para explicar a la población la realidad del sector y las medidas para enfrentar la crisis, el presidente de Electrificación del Caroní C. A., Igor Gavidia León, una de las mayores empresas eléctricas estatales, tuvo la brillante iniciativa de convocar el viernes a los trabajadores a una ceremonia llamada "Clamor a Dios por el sector eléctrico nacional".

Y mientras los empleados que deben enfrentar la crisis rezaban, el racionamiento eléctrico seguía en varios estados, lejos de los reflectores de los medios internacionales. No es cosa nueva. "Hay estados donde tienen dos o tres años los apagones programados de varias horas", explica un mexicano-venezolano, desde el Club Táchira, que ofrece una vista singular de la Caracas de noche, con el Monte Ávila como un enorme telón negro y toda iluminada (a partir del jueves, sin embargo, se comenzaron a apagar los anuncios luminosos).

Pasado el racionamiento de dos horas en Caracas, el gobierno decretó la semana anterior una "emergencia eléctrica" que, en pocas palabras, significa dos cosas: el ministro Alí Rodríguez tendrá manga ancha para comprar lo necesario rápidamente y evitar el colapso, y dos, que los usuarios (con consumos superiores a 500 kilovatios hora por mes) que no disminuyan su gasto de electricidad verán un incremento en sus recibos de 75 a 200 por ciento (sobre tarifas, conviene decirlo, que están congeladas desde hace casi ocho años). Quienes reduzcan su consumo, en cambio, tendrán descuentos de hasta 50 por ciento.

“Supongamos que Chávez tiene éxito en culpar a El Niño, a los acaparadores del desabasto, y al imperio de que el gobierno no resuelva algunos problemas. Todo eso no va a importar si no hay luz”, dice el encuestador.

A la crisis eléctrica, León suma los problemas de inseguridad pública, desabasto de algunos productos básicos (su empresa mide el desabasto semana por semana y siempre encuentra que el principal problema sigue siendo el azúcar) y un impacto negativo de la devaluación del bolívar en los bolsillos de los trabajadores.

Con todos esos ingredientes a la mano, sin embargo, no aventura una proyección de los resultados electorales de septiembre.

Sobre todo porque, al entrar en campaña electoral, "Chávez se crece". "Hay un desbalance de fuerzas: Chávez tiene plata, carisma, control, institucionalidad, todo a su favor", dice el experto.

El voto de los pobres
La devaluación del bolívar y la mejora de los precios del petróleo le permitirán al presidente relanzar las "misiones", los programas sociales que en buena medida le han dato a Chávez el voto de los pobres. "El gasto público que se mete en el bolsillo de esa población es muy potente en términos de reconexión popular".

Finalmente, sigue León, está "el uso del nacionalismo, que no ha explotado lo suficiente" (el conflicto con Colombia).

"Chávez es mejor candidato que presidente", dice el encuestador. De hecho, la única derrota en una elección nacional que ha sufrido Chávez ocurrió en noviembre de 2007, cuando cientos de miles de chavistas se quedaron en sus casas el día del referendo de una enmienda constitucional, que sus asesores hicieron mal y que los diputados empeoraron. O sea que Chávez fue derrotado por los mismos chavistas.

Ahora el pleito no es contra sus votantes, sino contra su gestión: "La batalla no es la oposición versus el gobierno. Sino de los factores que le ayudan a Chávez (plata, campaña, nacionalismo) versus la crisis (el impacto negativo en el bolsillo, la ineficiencia de la gestión, la percepción de la crisis eléctrica). Esa es la batalla", resume Luis Vicente León.

Chávez contra sí mismo, vaya.

*Enviado espaciela de La Jornada de México

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