Nov 16 2005
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Opinión

LA CARRERA PRESIDENCIAL, LAVÍN Y LA ISLA DEL TESORO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

fotoDurante dos semanas, el asunto pegó al televisor a una audiencia encandilada de millones de inocentes mariposas, que se olvidaron totalmente del aburrido transcurso de la campaña presidencial (entonces) y otras ‘nimiedades’ cotidianas, para vivir a concho el sueño de riqueza súbita, que soluciona todos los problemas.

Y el milagro se produjo (para Lavín): quedó en receso la seguidillla de encuestas que daban ya el triunfo a Michelle Bachelet, antes del primer foro televisivo. Los comentarios y análisis coincidentes al respecto, de distintos gurúes, opinólogos y expertos, fueron barridos por el tema de la isla del tesoro. Y la cancha quedó vacía para que el candidato de la UDI hiciera su calculado despliegue de pirotecnia, para situar a continuación el combate a la delincuencia como eje del debate político y de la campaña electoral.

Un golpe de efecto espectacular para el candidato del Opus Dei, que de alguna manera también benefició a sus “rivales”, Sebastián Piñera y Tomás Hirsch. Lo grave es que tras este acto de magia política y comunicacional de los cerebros de la ultraderecha, pudiera haber –remarco el condicional– una gran estafa. Y el culpable, un robot, que al parecer es mas mentiroso que un millón de humanos.

Danza sin lobos ¿o con ellos?

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Es muy raro que los dueños del tal Arturito digan a los cuatro vientos que encontraron un tesoro de 800 toneladas de oro; que las avalúen —a precio de mercado— en US$ 10 mil millones; que luego no tomen ningún resguardo serio para evitar que el lugar exacto del ocultamiento sea conocido por otros; que en seguida, donen al Estado y a varias instituciones de beneficencia (por adelantado) la inmensa fortuna que dicen haber hallado; y que pretendan –como se sospecha– vender su invento no patentado a un precio vil… ¿Porque qué otra cosa son 40 millones de dólares, que “confiesan” les han ofrecido por el robot; o 100 millones, o 200, comparados con las riquezas casi inconmensurables que dicen haber descubierto?

O somos todos imbéciles para creernos el cuento, o hay empresarios chilenos tan flojos que cuando se les presenta un negocio de 10 mil millones reales, con una mínima inversión inicial, prefieren cobrar de inmediato sólo el uno por ciento de esa cifra, y retirarse luego a descansar para “no complicarse la vida”.

Y si se tratara de mera generosidad, nos hacen recordar el mismo “desprendimiento” con que actúan ante sus víctimas los timadores profesionales del cuento del tío.

El robot y la virgen

Aparte de que todos los círculos científicos del país han dado un veredicto similar sobre las capacidades reales del robot descubridor, geo-radar, Arturito “¡Vale hongo!” como se dijo ante un amplio y culto auditorio de físicos, ingenieros e investigadores de la Universidad Técnica Federico Santa María, frente al cual el “inventor” del aparato no pudo dar ninguna explicación plausible de su funcionamiento.

¿No estaremos, entonces, ante una maniobra de inteligencia de marca mayor, que tras el lanzamiento de una noticia-bomba en una isla, para dejar a todo el mundo atónito y deslumbrado, posibilitó un cambio radical en la percepción de los temas de la campaña presidencial? ¿No recuerda este caso el de la Virgen de Villa Alemana, de aquellos alienados tiempos pinochetistas?

Ahora bien, ¿se puede llegar a manipular a la opinión pública hasta este grado? Que cada cual lo evalúe en conciencia, pero nuestra personal respuesta es: Sí, Sí, Sí. Tres veces Sí… ¡Y qué ingenuos hemos sido!

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* Periodista y escritor chileno.

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