Mar 22 2014
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Pol铆tica

La dif铆cil tarea de ser oposici贸n en Colombia

Finalmente, tras meses de entreveros legales y muchas especulaciones, Juan Manuel Santos puso la firma que consagr贸 la destituci贸n del alcalde de Bogot谩, Gustavo Petro, haciendo lugar a la sentencia del procurador Alejandro Ord贸帽ez y omitiendo las medidas cautelares impuestas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por considerarlas no vinculantes.

De esa manera 鈥揷谩lculos pol铆ticos mediante鈥, el mandatario colombiano dio la puntada final a un proceso que articul贸 intereses de varios sectores enemigos del ahora ex alcalde.

Algunos elementos de la biograf铆a pol铆tica de Petro son ineludibles para contextualizar su destituci贸n. En principio, el suyo es 鈥搊 era鈥 uno de los pocos casos en Colombia de migraci贸n exitosa de la lucha armada a la actividad pol铆tica. Form贸 parte del M-19, un grupo insurgente nacido en los setenta que devino luego en movimiento pol铆tico de izquierda, para finalmente desaparecer a帽os despu茅s. Muchos de sus miembros se sumaron m谩s tarde a la coalici贸n progresista Polo Democr谩tico Alternativo. No s贸lo Petro fue uno de ellos, sino tambi茅n represent贸 a dicha fuerza pol铆tica en las elecciones de 2010, de las cuales Santos result贸 presidente. Un tiempo antes, durante el gobierno de Alvaro Uribe, Petro fue senador y desde all铆 realiz贸 s贸lidas denuncias contra el entonces presidente colombiano, desnudando sus conexiones con grupos paramilitares. Durante su senadur铆a, formul贸 adem谩s acusaciones contra diversos actos de corrupci贸n al interior del Estado y fue electo por sus pares como el 鈥渕ejor congresista de la d茅cada鈥.

El proceso culmin贸 con su separaci贸n del cargo y una inhabilitaci贸n por quince a帽os para ejercer la funci贸n p煤blica. Se lo acusa de haber violado el principio de libre empresa, al traspasar el servicio de recolecci贸n de basura del 谩mbito privado al p煤blico, generando altos costos para la gesti贸n bogotana. Sin embargo, la condena es a todas luces desmedida 鈥搈谩xime en un pa铆s que no se caracteriza por un Estado impoluto鈥, lo que hace suponer que, con su destituci贸n, Petro est谩 pagando, adem谩s, algunas antiguas facturas.

Sumado a ello, el conflicto puntual de la basura fue aprovechado estrat茅gicamente para atacar un proyecto de gesti贸n con numerosos avances sociales y con una promisoria proyecci贸n nacional. En efecto, no son pocos quienes sienten que la destituci贸n del ex alcalde de Bogot谩 les sac贸 un problema de encima, incluido el propio Santos, quien saca cuentas pensando en la reelecci贸n.

En otro sentido, el ataque institucional a Petro se inscribe en una larga lista de agresiones de diverso tipo a representantes de la izquierda colombiana 鈥揺l m谩s relevante, quiz谩s, el de la ex senadora Piedad C贸rdoba, destituida por el mismo procurador鈥, poniendo en evidencia la falta de garant铆as que sufre cualquier alternativa progresista en dicho pa铆s.

No es un dato menor, adem谩s, que esta destituci贸n se d茅 en pleno proceso de negociaci贸n del gobierno colombiano con las FARC. Uno de los principales ejes de resoluci贸n de ese prolongado conflicto es la incorporaci贸n de la insurgencia armada a la vida pol铆tica colombiana. Sin embargo, resulta parad贸jico que el Estado colombiano invite a los grupos armados a sumarse a una democracia que muestra serias dificultades para incluir alternativas no conservadoras.

En t茅rminos m谩s generales, y quiz谩s all铆 radique la verdadera gravedad del asunto, lo sucedido con Petro 鈥搕al como ocurri贸 hace algunos a帽os en Paraguay con Lugo o en Honduras con Zelaya鈥 es una muestra m谩s de las trampas que anidan en muchos de los sistemas democr谩ticos de nuestra regi贸n, donde la voluntad popular de la mayor铆a puede ser torcida con algunos artilugios legales y la voluntad de un par de funcionarios.

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