Nov 4 2011
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OpiniónPolítica

La dificultad para manejar nuestros desacuerdos

Es evidente, y no requiere mayor explicación, que Washington desea que existan protestas contra cualquier gobierno con el que mantenga diferencias. Es muy probable que la embajada de Estados Unidos aliente los movimientos que se oponen a proyectos del gobierno de Evo Morales. Sin embargo, decir que los indígenas son peones de la desestabilización imperial suena abusivo.

En abril de 1917, Lenin realizó un audaz viaje desde Suiza hasta San Petersburgo, atravesando el frente de guerra ruso-alemán, protegido por el estado mayor del ejército teutón, ya que los aliados se negaron a concederle visado. Lenin cruzó Alemania en un tren blindado y llegó a destino con el compromiso de negociar una paz. Pierre Broué escribió: "Con esta concesión, el estado mayor alemán cree introducir en Rusia un nuevo elemento de desorganización que terminará por facilitar su victoria militar" (El Partido Bolchevique, Ayuso, Madrid, 1973, p. 117).

No faltaron voces que denunciaron a Lenin por ese acuerdo con los militares alemanes. ¿Trabajó Lenin para los alemanes? No. La llegada del revolucionario ruso a su país fue decisiva para impulsar la revolución, pero esa deriva la conocimos después y resultaba imposible anticipar cómo serían las cosas, ya que Lenin era una pequeña minoría en su partido.

El problema de fondo no es a quién benefician o perjudican ciertas acciones puntuales. ¿Acaso luchar contra la política de la Unión Europea no debilita al euro frente al dólar? ¿Los indignados le estarán haciendo el juego al imperialismo, que se frota las manos con las crisis griega, islandesa y española? La pregunta es absurda, tanto en el norte como en el sur. Lo decisivo, lo que realmente tiene importancia, es si estas acciones impulsan o debilitan los movimientos antisistémicos; si buscan, incluso en el error, ir más allá de lo existente.

Desde este punto de vista, la toma del parlamento en Atenas podría haber sido un grave error. Pero un error en el camino de fortalecer la lucha antisistémica. Trabajar junto a la policía contra los manifestantes es preparar la derrota por desmoralización. No son dos "errores" equiparables. Del mismo modo, las afirmaciones de García Linera, y su trabajo por dividir a los movimientos, está segando la hierba bajo los pies del gobierno de Evo Morales, porque debilita su principal sostén.

En otras épocas, nos enfrentamos con dureza corrientes que teníamos estrategias diferentes y opuestas para cambiar el mundo. Fuimos derrotados. Hoy nadie puede asegurar que tiene en sus manos el trazado de un camino para llegar a buen puerto. Por eso, sería necesaria mucha más humildad para debatir nuestras diferencias. Para no infligirnos más daños que los que ya nos provoca ese uno por ciento que pretende aplastarnos.
 

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