Ago 8 2007
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Economía

LA EDUCACIÓN PARA EL DESARROLLO DE LAS NACIONES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Nadie puede discutir la importancia de la educación de los ciudadanos para el desarrollo de las naciones. Basta mirar la historia de la humanidad, para comprender y afirmar que los cambios más significativos en la vida del hombre han tenido como origen, y fuente inspiradora, una mirada profunda de la condición humana y de su problemática, junto con una mirada de proyección hacia un futuro mejor.

La acción de grandes hombres y mujeres, quienes renunciando a su propio bienestar se impusieron la tarea de transformar la sociedad, siempre fue el resultado de un proceso de crecimiento personal, en el cual la educación y la adquisición de valores y virtudes se convirtieron en las principales herramientas para generar ese cambio.

En la era de la información y del conocimiento cobra mayor relevancia la formación de los individuos, quienes deben enfrentar procesos cada vez más complejos, tanto desde la perspectiva de las dinámicas sociales, como del desarrollo de las competencias tecnológicas y científicas necesarias para participar de manera activa en el desarrollo e innovación permanente de los distintos ámbitos del quehacer humano.

En ese sentido, podemos afirmar que no basta con una evaluación retrospectiva de nuestro sistema educativo nacional, sino que es de vital importancia contar con un proyecto país, que defina una política estratégica para la educación chilena de largo plazo y que considere las verdaderas necesidades de desarrollo de la nación. Para el logro de este objetivo se deben dejar fuera las concepciones retrogradas y egoístas, que responden a visiones que probablemente son muy válidas desde la perspectiva de algunas minorías, pero que no son coherentes con la realidad que nos presenta el contexto mundial.

La construcción de la sociedad requiere de la participación de todos los sectores, con espacios de realización y conquista de acuerdo a sus visiones políticas, éticas o religiosas. No obstante, la vertiginosidad del cambio no permite detenerse en discusiones banales, que frenan la generación de las condiciones básicas para la verdadera transformación educacional que Chile requiere para dar el salto cualitativo que todos esperamos.

Nuestro sistema educacional debe resolver la problemática de la mala calidad, que enfrentamos actualmente y que nos sitúa muy por debajo de las naciones desarrolladas, y que, por lo tanto, nos impide un desarrollo más acelerado del progreso y avance que como país debiésemos alcanzar.

En ese contexto es posible soñar con la factibilidad de generar las condiciones para que nuestros niños y jóvenes se conviertan en ciudadanos que aporten al desarrollo humano, con base en una educación de calidad que les lleve a conocer las verdaderas posibilidades para el mejoramiento de la calidad de vida, y que les permita el desarrollo de sus potencialidades en una exploración de las artes, el deporte, las letras y la ciencia, junto con el desarrollo de los valores y virtudes humanas.

¿Es posible pensar que una pequeña nación, de sólo quince millones de habitantes, pueda participar del liderazgo en ciencia y tecnología?, ¿ a quiénes les será más factible mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos, a los países que tienen una sobrepoblación considerable o a los más pequeños?

Las respuestas a las preguntas anteriores podrán ayudarnos a las decisiones estratégicas, que accedan a un proyecto país y a las implicancias para su sistema educativo.

En una era en que el conocimiento es un patrimonio más universal, donde las comunicaciones llevan a obtener ese conocimiento de manera mucho más directa, están dadas las condiciones para la participación de los individuos en las redes de conocimientos globales, sin grandes distinciones más que la capacidad para aportar al desarrollo de esos ámbitos de interés. Por otro lado, mejorar la distribución de la riqueza en un país de solo quince millones de personas es bastante más fácil que hacerlo en un país con más de cincuenta o cien millones de habitantes.

En ese marco, Chile tiene una gran oportunidad para alcanzar el necesario liderazgo regional y mundial en el desarrollo humano. Para esto requiere de una definición política estratégica de largo plazo, que pase por sobre los intereses de algunos pocos.

El deber de quienes dirigen la nación no sólo debe adscribirse a la tarea de resolver los problemas heredados por nuestra historia de nación pobre y lejana del mundo, o de los problemas emergentes de la falta de visión y de proyección nacional, sino que deben enfrentar el desafío impuesto por la evolución de los tiempos, para lo cual se requiere de una visión de estado, que permita anteponer el bien de Chile y de sus ciudadanos a las diferencias doctrinarias y políticas partidistas.

Una nueva Ley de Educación para Chile requiere de la coherencia con el proyecto país que estamos construyendo. De allí que me permito preguntar a los dos más grandes conglomerados políticos de nuestra nación:

¿cuál es el proyecto país, para los próximos cincuenta o cien años que proponen a la ciudadanía, o seguiremos basando nuestra acción política en las añejas discusiones, que siguen dividiendo a los chilenos?

En definitiva, el gran cambio que requiere la transformación social que esperamos, depende de la definición de un proyecto país en el cual todos soñamos. ¡Esa es la tarea pendiente!

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* Director del Centro de Excelencia para la Docencia Universitaria,
Universidad de Las Américas – Chile.

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