Ago 25 2004
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Economía

La era del sexo frío: los osos panda y el baile solitario (II)

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

¿Le aguarda a la especie humana un destino similar al de los plátanos? Aunque usted no lo crea, la fruta más popular en todo el mundo está condenada a muerte dentro de diez años «por haber dejado sus plantas de tener relaciones reproductivas entre sí». Lo afirma el doctor. Emile Frison, jefe de la Red Internacional para la Mejora de los Plátanos, con sede en Montpellier, Francia. Hay alarma entre los productores de Centroamérica, Africa y Asia.

La banana original era mucho más desabrida que la actual. A punta de laboratorio, experimentaciones y artificios, llegó a ser más atractiva, grande y dulce, pero se volvió estéril y sin semillas. Cualquier semejanza con siliconas, liposucciones, colágeno y liftings entre los humanos es mera coincidencia…

Ahora los bananos «carecen de la diversidad genética necesaria -son unisex– para resistir enfermedades y pestes» -asegura el doctor. Frison-, y «solamente la biotecnología y la manipulación genética pueden ayudar a salvarlos». ¿Pueden?

El síndrome del Oso Panda

fotoEl término lo inventaron los periodistas brasileños, al registrar el creciente desinterés por los encuentros sexuales que manifiesta la pareja humana establecida -con y sin libreta, jóvenes ambos- en distintos países. Similar a lo que sucede entre los osos panda en cautiverio, que tienen de cabeza a los científicos chinos, empeñados en conservar la especie.

En Italia, el 58 por ciento de los varones declara que no le interesa tener sexo en casa, sea por estrés o por aburrimiento. ¿No será, inconscientemente, para no tener hijos?

En Chile, entretanto, las mujeres que concurrieron a una conocida consulta psicológica durante el año pasado, coincidieron en confesar que «el 90 por ciento de las veces lo habían hecho sin ganas» durante ese período.

En cuanto a ellos, abrumados por la carga de trabajo y jornadas de 12 horas -¡oh, las bondades de la libre competencia y del mercado sin límites!-, prefieren dormir o comer en sus horas de descanso. Igual que los osos panda. Y en los niveles socio-económicos superiores, él sale a trotar o jugar al tenis los días de descanso, o se mete cada noche en Internet, en vez de agitar las sábanas de la lujuria hogareña.

En Brasil, se estima que el 20 por ciento de las personas que llegan a la consulta de un psicólogo lo hace por problemas originados en la declinación del deseo sexual. Pese al sol, la «praia» y la temperatura.

Algo extraño está pasando en el mundo, sin duda.

En China un grupo de científicos de la provincia de Sichuán ha decidido iniciar clases de «educación sexual» en el Centro Nacional de Investigación de la Reproducción de los osos Panda. Los alumnos son esos mismos animales en cautiverio. Su objetivo es revivir el deseo y la pasión dentro del zoológico, tal como si los «discípulos» estuvieran en la selva de bambúes donde surgió la especie.

Para ello proyectan una serie de vídeos, que los pandas deben ver cada mediodía, provisto cada uno de su cartucho de «palomitas», igual que en los cines Hoyt’s. Las escenas filmadas corresponden al apareamiento de machos y hembras salvajes. Sin censura, obviamente. Pero lo que la naturaleza perdida no da, los sustitutos del mundo moderno no lo devuelven.

Los resultados entre los osos chinos son probablemente iguales a los que se obtendrían si se les proyectara a los ciudadanos neoyorquinos, bonaerenses o moscovitas actuales, escenas sobre encuentros sexuales entre los hombres de Neanderthal y sus velludas y hediondas féminas de la Edad de Piedra. Aparte de algunas exclamaciones soeces, nada. El 70 por ciento de los osos pandas del Centro de Reproducción de Sichuán, según las prolijas estadísticas chinas, siguen más fríos que un congelador después de la función.

¿Reproducirse, para qué? -parece ser la respuesta; no la pregunta-. Y no es chiste.

Ellas bailan sólo entre ellas

fotoCuán rápido van cambiando las cosas en Chile. En febrero de 2003 el diario El Mercurio informaba:

Ahora la mujer llega sola a la discoteca; baila sola en grupos de mujeres… «En la discoteca, el hombre se ha transformado más en un espectador que en un participante», explica Cristián Matus, antropólogo.

«Las minas no pescan», reclama Diego (24). «Prefieren bailar entre ellas», agrega Luis (23). «Los bailes nuevos son entretenidos, pero siento que los hombres sobramos», dice Sebastián.

Es un hecho: la diversión femenina es grupal. Que conozcan a un hombre en una discoteca parece un hecho secundario… A diferencia de ellas, el varón es individualista cuando sale; aun cuando ingrese en compañía de otros, durante la noche se lo ve generalmente solo.

En enero de 2004 podía leerse en la revista Paula:

En el centro de Santiago, en Alameda con Concha y Toro, mujeres con mujeres se dan besos sin esconderse de nadie. Son en realidad niñas de colegio, que acuden a la discoteca Alameda los jueves, de 7 de la tarde a 10 de la noche. Constanza (15) cuenta que sus papás creen que va a estudiar donde una amiga. «Ni se imaginan que, más encima, tengo una polola, y que la veo siempre aquí», relata.

En un patio de un colegio de Providencia, una alumna con pantalones de buzo y polera gruesa conversa con una amiga junto al kiosco. Se llama Javiera, tiene 14 años, y se nota que todavía no termina de crecer.

¿Qué opinas de la bisexualidad?

– No es algo que me moleste, no tengo ningún prejuicio. Sería bastante raro que me molestara.

¿Por qué?

– Porque yo soy bisexual, y lo tengo bien asumido.

El siquiatra santiaguino Luis Gomberoff, afirma: «No hay ningún antecedente, ni siquiera en la literatura mundial, que me permita pensar en un aumento de la bisexualidad o de la homosexualidad… Ahora se habla más, y entonces aparecen más casos».

La pregunta del millón, todo lo demás y aquello

foto¿Por qué los jóvenes de hoy no se casan, pero sí conviven en pareja, en porcentajes cada vez mayores, para ayudarse y amarse hasta que la muerte (o algo menos serio) los separe, sin necesidad de una boda bendecida o la del Registro Civil, si no es porque no proyectan tener hijos? ¿Ah?

Gays y lésbicas pueden casarse cada vez con más facilidades, y adoptar los hijos de otros legalmente, y darles un buen pasar, incluso, pero ello no aumenta en absoluto la tasa de natalidad de un país.

A menos hijos, más recursos para cada uno, parece ser la consigna del mercado, pero no por eso las riquezas del mundo se van a repartir más justamente entre los que sobrevivan, ni menos en partes iguales.

La variedad de relaciones sexuales de «nuevo tipo» que se difunden y exponen públicamente crece rápido, con un denominador común: que no originen descendencia. Ser «bi», «homo», «lesbi» o transexual está en esa línea, incluso los matrimonios «colectivos» de grupos heterosexuales, que limitan así -indirectamente y quieras que no- el número de sus retoños.

Sólo buceando en las motivaciones profundas de la especie en épocas de crisis, se podría encontrar una explicación global del fenómeno. Porque no es una mera moda, ni se trata de optar por el condón, la píldora y el aborto, que se eligen conscientemente. Es a ciegas que la humanidad -en su conjunto- prefiere en un determinado momento histórico limitar su descendencia.

Son razones subterráneas las que aquí entran en juego, cuando las expectativas de la especie se vuelven en contra de una vida feliz. Por lo mismo, no es casualidad ni corresponde a una decisión compartida conscientemente, el aumento sostenido del número de suicidios en todo el mundo, que alcanzó ya niveles alarmantes.

Hoy por hoy, los suicidios son la primera causa de las muertes violentas en el planeta, por sobre los accidentes o los asesinatos, según un estudio global emprendido por la Organización Mundial de la Salud el año 2000. En aquél se suicidaron 815.000 personas, una cada 40 segundos.

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* Columnista habitual de El Periodista (www.elperiodista.cl).

El artículo anterior de la serie puede leerse en: http://noticias.arcoiris.tv/modules.php?name=News&file=article&sid=294

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