Jul 31 2010
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Opinión

La filtración de información sobre la guerra en Afganistán: los detalles son los interesantes

Andrei Fediashin.*

Suele ocurrir. Tarde o temprano, el trasfondo de todos los acontecimientos políticos acaba por salir a la luz pública. Ahora le ha tocado a la guerra de Afganistán tras la publicación en Internet de un informe revelador. Hasta el momento se desconocen los motivos de su filtración y tampoco las consecuencias que tendrá su publicación.

Está claro, no obstante, que este material no le servirá a Barack Obama para aumentar su nivel de popularidad, ya que el conflicto afgano tiene cada día más rechazo en EEUU, superando la época de George W. Bush.

El actual presidente ha conseguido que el Congreso de EE.UU. haya aprobado finalmente un paquete de otros 37.000 millones de dólares que se sumarán a los US$130.000 millones ya destinados en 2010, para financiar las guerras de Irak y Afganistán y el envío de nuevas tropas. Este proyecto de ley fue aprobado por la Cámara de Representantes el pasado 27 de julio.

Esta anunciada inyección adicional de recursos está orientada a ayudar a que el ejército estadounidense pueda, si no exterminar el movimiento talibán (extremo prácticamente irrealizable), sí dejarlo descabezado y débil hacia el verano del 2011, cuando está previsto el inicio de la retirada de las tropas de EEUU del territorio afgano.

Este paso de la administración estadounidense ocurrió dos días después de que la página-web Wikileaks hubiera filtrado miles de documentos secretos del Pentágono sobre la guerra en Afganistán a través de tres importantes periódicos: The Guardian, The New York Times y Der Spiegel.

Los documentos incluyen reportes e informes de los mandos militares estadounidenses que revelan operaciones encubiertas y muertes de numerosos civiles, además de revelar información sobre el apoyo por parte de la Inteligencia pakistaní al movimiento talibán.

Durante su intervención en la Casa Blanca con motivo de la aprobación del proyecto de ley sobre la asignación de nuevos fondos para las tropas norteamericanas, Barack Obama mostró su preocupación por el hecho de la filtración de los documentos, pero dijo que tanto la prensa como el público ya llevan mucho tiempo debatiendo los temas planteados por Wikileaks. Y es cierto.

Casi todo lo que revelan los archivos afganos (unos 91.000 documentos, especialmente informes sobre operaciones) se sabe desde hace mucho tiempo. Es harto conocido que las tropas estadounidenses son incapaces de distinguir entre los civiles y los insurgentes talibanes. Por este motivo, el número de muertes de civiles es grande y mucho mayor del que se informa.

Por otra parte, las acciones de los talibán son mucho más serias y violentas de lo que se transmite, los propios afganos consideran que su policía es un grupo extremista más y que su gobierno es la principal causa de sus males. Esto último es la actitud lógica de los habitantes de un territorio ocupado hacia las tropas invasores y unas autoridades locales que no son sino marionetas.

El hecho de que la inteligencia pakistaní apoye a los talibanes es de sobra conocido. Y Wáshington no tiene intención de acusar de ello al gobierno de Pakistán, su principal aliado en la campaña afgana.

El movimiento Talibán fue creado en el territorio de Pakistán por la Agencia Central de Inteligencia de EEUU (CIA) y la inteligencia pakistaní en la época de la intervención de la Unión Soviética en Afganistán durante la Guerra Fría (1979-1989). A diferencia de EEUU, los pakistaníes no pueden deshacerse tan fácilmente de sus ex aliados, que, además, son sus correligionarios, y que se asentaron en el territorio de este país desde hace mucho.

Así las cosas, en la información filtrada no hay ninguna noticia bomba. Tan sólo se han puesto al descubierto varios detalles interesantes.

Lo que impresiona es la magnitud y el volumen de la información. La publicación de 91 mil documentos secretos del Pentágono es algo sensacional. Los periodistas de The Guardian, con la ayuda de expertos, estuvieron tres semanas clasificando la documentación para impedir que la publicación de algún dato pudiera perjudicar a las autoridades locales militares o civiles.

Según varias fuentes, quedan sin publicar unos 15 mil documentos. Es como una bomba de acción retardada. El Pentágono y los servicios secretos de EEUU ya han iniciado la investigación de esta filtración.

En otros casos similares, lo más importante es el momento cuando tienen lugar los propios hechos revelados. Esta acción fue evidentemente vinculada a la votación respecto a los fondos adicionales para la guerra en Afganistán, celebrada en el Senado estadounidense el pasado 27 de julio.

Recordemos que la divulgación de datos secretos sobre el conflicto en Afganistán tuvo lugar dos días antes de esta votación. 308 senadores, incluidos casi todos los 178 republicanos, apoyaron el proyecto de la respectiva ley y sólo 102 demócratas de los 253 votaron en contra. Esto puede evidenciar serias disensiones en el partido mayoritario del Congreso.

Los demócratas que han votado en contra de la estrategia de Barack Obama no son antipatriotas y no van en contra de la campaña afgana como tal. Pero no entienden los objetivos de su Administración y su apoyo casi maniático al Gobierno de Hamid Karzai, que es el más corrupto en toda la historia del país centroasiático.

Tampoco entienden, cómo es posible retirarse de Afganistán a partir de julio de 2011 dejando el control en el país en manos de este gobierno. Esta guerra de nueve años que ya ha costado a EEUU más de 1 billón de dólares puede haber sido en vano. Hoy en día, ya queda poca gente que tenga fe en el éxito de la democratización de Afganistán.

Hasta la fecha, en Afganistán han fracasado todos los intentos de implantar mecanismos sociopolíticos ajenos a su idiosincrasia. La URSS quiso establecer en Afganistán el socialismo durante diez años, de 1979 a 1989, pero se vio obligada a retirarse sufriendo grandes pérdidas humanas y sumergiéndose en una profunda crisis, que muchos consideran como el preludio de las conmociones tectónicas que llevaron al final de la Unión Soviética.

EEUU trata de imponer el sistema democrático y el capitalismo desde 2001. Sin embargo, los métodos aplicados resultan tan incompatibles con el estilo de vida y las tradiciones afganas como la ideología socialista.

Gran Bretaña fue, quizás, el único país que empleó el sentido común. Después de las tres guerras en Afganistán de las que salió triunfante a finales del siglo XIX, Londres decidió retirarse a principios del siglo XX cuando se dio cuenta de que nunca conseguiría imponer el colonialismo en este país, como lo había hecho en la India.

Es curioso que todos los políticos, generales, altos mandos militares de EEUU reconocen que los bombardeos accidentales contra poblaciones pacíficas y las muertes civiles hacen a los afganos adherirse al movimiento Talibán voluntariamente y resultan mucho más eficaces que reclutamientos efectuados por los talibán o los sobornos.

Sin embargo, no se hace nada para remediar esta situación. Hace una semana, por ejemplo, un misil estadounidense mató a más de 50 personas en la provincia meridional afgana de Helmand.

Si los soldados las hubieran matado directamente, se les acusaría de abuso de la población civil pero, en este caso, sólo se trata de un lamentable error técnico… que ha causado la muerte de unas decenas de bárbaros.

* Periodista de la agencia de noticias Ria Novosti (http://sp.rian.ru/analysis).
En www.argenpress.info

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