Ago 2 2006
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Sociedad

LA GUERRA ES TRAGEDIA PARA TODOS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La humanidad se ve sacudida por el aumento de guerras y conflictos armados, el incesante aumento de la irracionalidad, de pensar que la violencia es la solución.

Lo único que han logrado hasta el momento es aumentar las muertes, y el derramamiento de sangre de los pueblos, mientras los gobernantes y aquellos que tienen el poder, buscan justificar lo injustificable.

Para algunos la guerra es negocio a costa de la vida de los pueblos, que siempre ponen sus muertos, el dolor y sufrimiento.

Israel ha desoído a la Asamblea General de las Naciones Unidas y otros organismos internacionales –a cuarenta y seis recomendaciones– con total y absoluta impunidad, amparada y protegida por Estados Unidos, quien, ejerciendo su derecho de veto, lo ha utilizado para impedir las resoluciones que condenaban a Israel,  por sus ataques y opresión contra el pueblo palestino, el Líbano y otros países árabes.

La soberbia del poder los ha llevado a generar mayor violencia sin medir las consecuencias. Están transitando caminos sin retrocesos y empleando medios que justifiquen sus fines. No importa el precio de los “daños colaterales”, la matanza de niños, mujeres, jóvenes, y ancianos indefensos. Quieren hacer creer al mundo que ellos son las víctimas y no los victimarios.

Le escalada de violencia desatada por EEUU e Israel en Oriente Medio, las invasiones a Iraq y Afganistán, están marcadas por las atrocidades cometidas en las cárceles de Abu Jraib y en la base militar de Guantánamo, Cuba. Han utilizado la tortura, el trato cruel y degradante, condenado por las Naciones Unidas, violando el derecho internacional  y humanitario. Israel ha justificado y utilizado la tortura para lograr sus fines. El derecho internacional ha quedado hecho trizas.

Es necesario que la comunidad internacional ponga fin a la barbarie, a las masacres. Debemos decir una vez más que no justificamos los atentados de ninguna de las partes. Debemos condenar todo tipo de terrorismo: de los grupos ocultos en las sombras y del terrorismo de Estado. Optamos claramente por el derecho de los pueblos a su existencia, a su soberanía, a la vida en libertad.

Sumamos  nuestra voz a miles de otras voces que dicen ¡Basta a la guerra!

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En Israel, en Palestina y en el mundo, se están movilizando ciudadanos y ciudadanas que reclaman el cese de la violencia y quieren  abrir el diálogo que permita llegar a una solución del grave problema que afecta a todo el Oriente Medio, a Israel, el Líbano, Palestina, Iraq, Afganistán.

Thomas Merton dice: “El poder no tiene nada que ver con la paz. Cuando más aumenta su poder militar, más viola la paz y la destruye”.

Miremos los acontecimientos en el mundo: se ha perdido el equilibrio, la capacidad de razonar que la guerra es una tragedia para todos. Es  urgente desarmar la razón armada, reconocer que nada es posible oponiéndose con otra razón mayor, sino que es necesaria la capacidad de encontrar y respetar al otro.

Si no se logra, los vencedores de cualquier bando quedan vencidos y víctimas de su propia violencia e idiotez. Y los vencidos buscarán revancha a sus frustraciones. Ninguno logrará la paz y las heridas quedarán abiertas por muchas generaciones, sin poder cicatrizar. Más de 50 años de guerra entre Israel y Palestina no han logrado alcanzar ningún objetivo en bien de los pueblos; lo único que han logrado es sembrar la destrucción, la miseria,  el dolor y la muerte.

Los gobernantes se rodean de guardias y equipos sofisticados para protegerse y siempre están a resguardo de bombas y atentados, justificando las masacres contra el otro. Así alientan a las tropas para que continúen matando.

Utilizan la violencia y la justificación de las palabras, vaciadas de contenido. Utilizan  largos discursos que ni ellos creen. Mientras tanto las muertes se suman, y los seres humanos pasan a ser una abstracción. ¿Cuántos murieron hoy? ¿Cuántos civiles, cuántos soldados, cuántos niños, mujeres, jóvenes y ancianos morirán hoy?

¿Y mañana cuántos se sumarán a la lista del horror? ¿Cómo es esperar la “bomba inteligente” que los destruirá dentro de cinco minutos… una hora… un segundo? ¿Cuál es el precio de toda esta locura? ¿En cuánto valoran una vida y el precio de una bomba? ¿Cuánto representa el precio de un tanque o de un avión de combate?

¿Saben los gobernantes y señores de la guerra que, por día mueren en el mundo más de 35.000 niños de hambre,  según informe de la FAO?  ¿Cuántos hospitales, escuelas, programas para la vida se podrían realizar con el valor de uno sólo de esos instrumentos de muerte?

Para los poderosos señores de la guerra negocios son negocios, la muerte produce buenos dividendos, las “bombas inteligentes” matan más y mejor; los tanques y aviones de combate sofisticados, destruyen más y mejor. ¿Quienes son los traficantes de la muerte que se enriquecen con la sangre de los pueblos?

Es urgente reaccionar, no bastan las palabras. El dolor y la  muerte provocados por la guerra continúan frente a la irresponsabilidad de los gobernantes que desataron la violencia y ya no saben cómo contenerla y evitarla.

La guerra nace en la mente de los hombres y es necesario desarmar la conciencia armada, para encontrar otros caminos y alternativas que lleven a la resolución de los conflictos. Es necesario cambiar el curso de los acontecimientos a través de acciones colectivas y desarrollando  la solidaridad entre los pueblos.

Es necesario que los intelectuales, artistas, educadores dejen su modorra y se sacudan el polvo y pongan en práctica el pensamiento y la acción; la coherencia entre el decir y el hacer. Sólo así serán creíbles y podrán contribuir a sumar sus esfuerzos a muchos otros, para detener la locura de la guerra y generar la Paz.

Es necesaria la movilización de los trabajadores, de los jóvenes, de hombres y mujeres que reclaman otro mundo posible.

¿Cuándo aprenderán, los pueblos de Israel y Palestina a  convivir como hermanos y no como enemigos? ¿Cuándo dejarán de matarse unos a otros? Es lo que han hecho hasta ahora y no han logrado resolver absolutamente nada, sólo justificar el horror en nombre de la idiotez humana.

Es necesario que las iglesias se convoquen, a nivel ecuménico y mundial, para orar y actuar, sin sectarismos ni fundamentalismos. Orar al Dios de la Vida y reclamar el cese inmediato de la violencia.

Es necesario incrementar las posibilidades del diálogo, de los consensos, de acuerdos que respeten el derecho de cada pueblo. Se necesita de la voluntad política y de la toma de decisiones que demandan coraje. Desterrar los miedos y el fatalismo, la cobardía oculta detrás de cañones y fusiles, de tanques y aviones que no les permiten ver más allá de sus mezquinos intereses.

Es necesario que los pueblos asuman la resistencia, social, cultural, política y espiritual a  través de movilizaciones, de la no cooperación con la violencia e injusticias, de sumar esfuerzos con otros pueblos y denunciar a los responsables de las dominaciones y el dolor que afectan a toda la humanidad.

Naciones Unidas, y los organismos internacionales han quedado neutralizados y postergados por los intereses políticos de las grandes potencias como EEUU y Gran Bretaña. En el primer artículo de la Declaración de la ONU dice: “Nosotros los Pueblos del Mundo…”. Hay que ponerse de pié y caminar hacia nuevos horizontes de vida y no de muerte.

A pesar de todo, ésa es la esperanza.

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* Premio Nobel de la Paz.

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