Feb 3 2009
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Sociedad

La hipocresía se negocia

Wilson Tapia Villalobos*

Ahora le tocó el turno a Michael Phelps. El héroe olímpico de Beijing 2008 fue sorprendido fumando marihuana en una pipa de agua. Las fotografías, tomadas en noviembre pasado en la Universidad de Carolina del Sur, las publicó recientemente el diario británico News of the World. Y eso bastó. Fue noticia mundial. Algo similar al eje del mal. Pero un mal sin armas de destrucción masiva, sino con el peso de un referente valórico capaz de desmoronar a la niñez estadounidense –y, con seguridad, de todo el mundo.

Travis Tygart, presidente ejecutivo de la Agencia antidopaje de los Estados Unidos (USADA, por su sigla en inglés), fue categórico. Consideró inaceptable el comportamiento del nadador. El Comité Olímpico y la Federación de Natación de USA se declararon decepcionados. Hasta ahora no han considerado sanciones.

Pero eso no era necesario para apesadumbrar al plurimarquista de Beijing. Sus abogados ya estaban preocupados por la posibilidad de que perdiera millones de dólares. Seguramente varios de los auspiciadores con que cuenta dejarían de serlo. Especialmente firmas norteamericanas que utilizan la imagen del deportista para promocionar sus productos entre niños y jóvenes.

En todo caso, éste no quedará en la miseria. La relojera suiza Omega y la marca de trajes de baño Speedo se apresuraron en respaldar a su hombre ancla. Phelps, sin embargo, pidió disculpas públicas y declaró su proceder “lamentable”.

Tal vez decir que son una manga de hipócritas pueda resultar un tanto fuerte y hasta exagerado. Que un muchacho de 23 años –Michael nació el 30 de junio de 1985– fume marihuana no sorprende ni siquiera a niñitas de colegios clericales.

Tampoco creo que Tygart, en los momentos de ocio que le deja su cargo en la agencia antidopaje, no se eche unos tragos. Claro, lo hará en privado y, con certeza, no dejará que le tomen fotos. No tengo la edad de este respetable señor, pero lo imagino mayor que el adulto joven que es Phelps.

¿Es una trasgresión grave a la moral fumar marihuana? No más que beber alcohol. Y Phelps ya fue detenido por conducir en estado de ebriedad, en 2004. Ni una cosa ni la otra parecen acontecimientos por los cuales deba ser crucificado. A no ser que la hipocresía de los defensores de lo establecido llegue a niveles superlativos.

Y ésta, la hipocresía, sí debería preocupar a quienes se inquietan verdaderamente por la formación de niños y jóvenes.

Es un mal mucho más extendido que las drogas. Incluso su influencia es anterior al nefasto narcotráfico, que hace crecer economías e inutiliza las instituciones con la influencia apabullante del dinero que produce. Tal vez sólo comparable, en antigüedad y extensión, con las bebidas alcohólicas y el tabaco, que hoy son drogas legales. Éstas, al igual que la hipocresía –cuya razón de ser es, precisamente, dar sustento a lo establecido, a lo políticamente correcto– gozan de protección oficial.
   
El tema es complejo y ha abierto un debate que difícilmente se cerrará en plazo cercano. Pero molesta el doble estándar. Esas declaraciones timoratas que nadie puede creer sinceras. Comenzando por la de Phelps. Con seguridad, pensaba más en los millones que se le podían escapar que en la salud mental y, especialmente moral, de los infantes de su patria y de todo el planeta.

Me gustó la reacción del español Rafael Nadal, tenista Nº 1 del mundo. Recordó que los deportistas, por más campeones que sean, no son máquinas. Y como humanos, tienen debilidades.

En Chile estamos acostumbrados a estas conductas hipócritas. A las insinceridades, fingimientos, dobleces, gazmoñerías, mojigaterías. O, para decirlo con más suavidad, a estos apegos a la moral convencional. Basta citar sólo un caso: la investigación sobre la compra de los aviones Mirage belgas. Que allí hubo coimas, a nadie le caben dudas. Pero desde antes existía la certeza de que las adquisiciones de armamentos para cualquier rama de las FF.AA. o de Orden, padecían del mismo desliz.

Ahora, la derecha se niega a investigar todo el paquete. Hacerlo restaría efecto político al “caso Mirage”, en un año electoral. Y la Concertación desea abrir la caja de Pandora, precisamente para evitar que ese efecto sea daño político sólo para sus pretensiones.

Cuánto más fácil sería aceptar lo humano que tenemos y dejarnos de tanta tortuosidad. El caso de Phelps es aleccionador. Se trata de un atleta eximio. Pero, además, de una fuente de riqueza extremadamente bien dotada. Eso parece justificarlo todo. Hay que cuidar celosamente el negocio. Y, de paso, seguir tratando de confundir a la Humanidad con que el éxito es la felicidad.

Phelps fumará igual marihuana, ahora con mayor reserva. Los pacatos continuarán pidiendo sanciones más drásticas para los trasgresores de las convenciones morales. El dinero proseguirá aceitando conciencias. Como diría una amiga, cada copito de nieve caerá en el lugar que le corresponde. Hasta que la tormenta se desate con fuerza arrasadora y avente tanta basura.

* Periodista.

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