Jul 20 2010
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Cultura

“…La ilusión de que la erección puede ser algo volitivo”

Mario Casasús.*

Enrique Serna habla de La sangre erguida (Seix Barral, 2010), primer libro del escritor mexicano que Editorial Planeta publicará en todos los países de Iberoamérica. “Me inclino más por la estética de la generación de La Onda, principalmente por José Agustín: él es un radical partidario de los coloquialismos, yo también lo soy; creo que los coloquialismos le dan mucha vida a la narrativa y pueden enriquecer el conocimiento de la lengua”.

Autor de: Uno soñaba que era rey (1989); Señorita México (1991); Amores de segunda mano (1993); El miedo a los animales (1995); Las caricaturas me hacen llorar (1996); El seductor de la patria (1999); El orgasmógrafo (2001); Ángeles del abismo (2003); Fruta Verde (2006); Giros negros (2008) y La sangre erguida (2010), prácticamente toda la narrativa de Enrique Serna (1959) ha sido reeditada por Seix Barral.

La contratapa de la novela que pronto se podrá leer en toda Iberoamérica reza: “Orgía del lenguaje donde los dialectos regionales del español copulan en promiscuos malabarismos de estilo, La sangre erguida es al mismo tiempo un himno a la obscenidad, un arte de amar, un manifiesto romántico, una intriga picaresca de triple filo y una galería de personajes inolvidables”.

En exclusiva Enrique Serna narra: “El descubrimiento del viagra y su uso masivo en la época moderna, ha vuelto a crear la ilusión de que la erección puede ser algo volitivo, según San Agustín esto ocurría en el paraíso terrenal, decía que Adán y Eva eran cuerpos espirituales inmunes al deseo, entonces, el padre Adán podía mover su pene a voluntad —como se controla un dedo, un brazo o una pierna—, pero al morder la fruta prohibida, Adán pierde ese don y queda condenado a que el movimiento del pene dependa de fuerzas ajenas a él —fuerzas calificadas por San Agustín como demoníacas que lo incitan al pecado—; ahora estamos en una época moderna donde parece que está resucitando la bendición que tenía el padre Adán”.

—¿Cuánto tiempo te llevó la investigación sobre psiquiatría y sexualidad?, ¿cómo construiste a los personajes y sus trayectorias profesionales?

—Es una novela sin personajes intelectuales, cosa que me alegra mucho haber logrado porque creo que hay una tendencia en la narrativa actual de escribir sobre escritores o filósofos; a mí me interesa hablar sobre la gente común, uno de los personajes trabaja en el mercado inmobiliario —Ferrán Millares—; el otro, es actor porno —Juan Luis Kerlow—; y el mexicano es ingeniero mecánico —Bulmaro Díaz—; para nada son personajes refinados e intelectuales. "Realmente no tuve que hacer una investigación sobre psiquiatría, ni preparar un marco teórico, decidí guiarme por mi intuición y conocimiento de la vida, también por algunas fuertes influencias literarias a lo largo de mi vida".

—Dos personajes femeninos tienen un fuerte vínculo espiritual: Nadira profesa el Islam y Laia estudia un doctorado en Historia de las religiones y está enfocada en el taoísmo; sin embargo sé que la inspiración de tu novela tiene que ver con La ciudad de Dios, escrita por San Agustín, ¿por qué no incluiste alguna mención sobre el catolicismo y el erotismo?

—El pensamiento religioso no influye en los personajes, lo que sí ocurre en el caso de Juan Luis Kerlow —el actor porno argentino—, es que después de haber sido un atleta del sexo en donde nunca hay un compromiso espiritual, sólo le es fiel al sexo desalmado, al llegar a Barcelona tiene el descubrimiento del sexo místico y a partir de entonces vive una transformación fundamental que lo lleva a perder uno de sus principales poderes que es controlar la erección del pene; Juan Luis Kerlow entra en una redención religiosa o espiritual del deseo.

"Al respecto de La ciudad de Dios, el descubrimiento del viagra y su uso masivo en la época moderna, ha vuelto a crear la ilusión de que la erección puede ser algo volitivo, según San Agustín esto ocurría en el paraíso terrenal, decía que Adán y Eva eran cuerpos espirituales inmunes al deseo, entonces el padre Adán podía mover su pene a voluntad —como se controla un dedo, un brazo o una pierna—, pero, al morder la fruta prohibida, Adán pierde ese don y queda condenado a que el movimiento del pene dependa a fuerzas ajenas a él —fuerzas calificadas por San Agustín como demoníacas que lo incitan al pecado—; ahora estamos en una época moderna donde parece que está resucitando la bendición que tenía el padre Adán…

"Yo me pregunto y le pregunto a mis lectores: si esto será un avance o un retroceso".

—¿Por qué integraste la estructura de tu novela dividiendo los capítulos por cada personaje y después uniste las tres historias?

—El mexicano Bulmaro Díaz es un personaje bisagra, originalmente había pensado en una novela de dos personajes: Bulmaro Díaz y Ferrán Millares, hasta que más adelante se me ocurrió introducir a Juan Luis Kerlow -(el actor porno) porque quería completar y dar otra posibilidad, en lugar de que el personaje sea esclavo de su pene —el caso de Bulmaro Díaz—, el nuevo personaje sería al contrario: un dictador de su pene, que puede manejarlo como una herramienta, entonces, cuando se completó la historia, no quise mantener una estructura fija donde se contara la vida de un personaje y luego la del otro, sino guiarme por las necesidades de la trama, para entrelazar las historias en el momento que más me conviniera.

—Entonces Juan Luis Kerlow de "bateador emergente" es el único que vive una redención con final feliz, ¿el nuevo personaje transformó toda la novela?

—Tenía todo planeado desde el principio de la novela, tenía cierta idea hacía dónde podía llegar, lo que me interesa seguir es la psicología de mis personajes, creo que una de las magias de la creación literaria es que los personajes adquieren vida propia y son los que le indican al escritor hacía dónde lo llevarán.

—¿Por qué tu novela tiene pequeñas insinuaciones de crítica política contra Aznar, la invasión a Iraq y la prensa del espectáculo?

—Situé mi novela en el año 2003 por una conveniencia de edad para los personajes, pensé que un impotente como Ferrán Millares no podía tardar mucho en buscar probar el viagra, pildorita que fue descubierta en 1998, de manera que decidí que todo ocurriera en esa época.

"En cuanto a los datos que mencionas, la guerra en Irak y la xenofobia de Aznar, a pesar de que se trata de un novela intimista, yo creo que ningún ser humano vive fuera de un contexto histórico; en esta novela el contexto no pesa demasiado sobre los personajes, no es por ejemplo como mi novela Uno soñaba que era rey, donde los personajes padecen del contexto histórico como una tremenda opresión; en La sangre erguida lo que importa es la vida interior, está más cercana a una novela psicológica".

—¿Por qué recurriste a otras voces narrativas como recortes de prensa, correos electrónicos y diarios íntimos?

—Para darle variedad, para introducir otras voces narrativas, para darle una impresión de objetividad; leer recortes de prensa -o las cartas- contribuye a lo que busca todo escritor realista: una ilusión de vida y tener desierto el interés del lector.

—El interés lo ibas logrando paulatinamente y justo al llegar al clímax suspendías el capítulo para iniciar con otra historia…

—Pues sí, es el arte del suspenso, el arte de Sherezada, que además lo aprendí muy bien cuando hice argumentos para telenovelas.

—¿Pensaste en una edad para los lectores de La sangre erguida?

—Obviamente no es una novela para niños; creo que, de adolescentes en adelante, es para todo tipo de lectores; nunca he escrito pensando en una minoría intelectual, tengo en mente a un lector creativo, que busque complementar el significado del texto y no sucumba ante la pereza mental.

—¿Te divertiste al escribirla?, ¿anotabas los regionalismos argentinos, dominicanos y catalanes?

—Yo tenía las antenas muy abiertas para escuchar los españolismos obscenos, me divierte muchísimo el lenguaje áspero y crudo de los catalanes y la fuerza expresiva de los argentinos; en algunos momentos sí me divertía al escribir las situaciones de mi novela.

—¿Crees que en México se entenderán todos los modismos argentinos y catalanes?

—Es fácil que se entienda por el contexto de cada situación, a diferencia de otros escritores que le apuestan a la forma culta del español internacional, que es una norma muy neutra —para que puedan ser comprendidos en todos los países—, yo en ese sentido me inclino más por la estética de la generación de La onda —principalmente José Agustín, él es un radical partidario de los coloquialismos, yo también lo soy, aunque no tan radical como José Agustín—, creo que los coloquialismos le dan mucha vida a la narrativa y pueden enriquecer el conocimiento de la lengua. A mí me encanta leer novelas coloquiales argentinas y españolas, así aprendo más sobre el español y creo que lo logro dominar mejor.

—¿Sabes si tu novela se publicará en las filiales de Planeta Argentina y Planeta España?

—Sí, La sangre erguida circulará en todos los países de habla hispana.

—¿En qué país supones que tendrá mejor recepción tu novela? lo pregunto por la doble moral mexicana, el exacerbado machismo o la lectura de feministas con poco sentido del humor...

—Creo que en México tendrá mejor recepción, porque aquí es donde más me conocen, de hecho en el resto de países de Latinoamérica nadie me conoce, es mi primer libro que va a circular en toda Latinoamérica.

"En cuanto a las reacciones son impredecibles, no creo que sea una novela antifeminista, pero hay lectoras muy susceptibles que tienen un enfoque ideológico de las cosas que creen que cualquier opinión negativa contra las mujeres denota misoginia, en todo caso yo sería un misántropo, aquí leerás caricaturas masculinas muy grotescas —como la de Ferrán Millares.

"No hay la intención de segregar, es una radiografía de la masculinidad y por eso los protagonistas son hombres y las mujeres quedan en un segundo plano, pero eso no significa que yo crea que las mujeres ocupan un segundo lugar en la vida, porque además he escrito novelas y cuentos en los que las mujeres son las protagonistas".

—Karen es una top model, Simonetta trabaja de aeromoza, Mercé pertenece al jet-set catalán, Romelia canta ritmos tropicales… ¿buscaste estereotipos de mujeres?

—Como te decía, las mujeres son personajes secundarios, no creo que sean estereotipos, porque eso lo reduciría a un rasgo de carácter, son personajes un poco más explorados, pero no tanto como los hombres, las mujeres de esta novela son lo que en cine se llaman “supporting cast”.

—Finalmente, conversando con Pedro Ángel Palou, me adelantó declaraciones de una entrevista que sostuvo contigo, destacando que tú no regresarás a escribir novelas históricas, ¿en verdad, no lo reconsiderarás?

—Por el momento no; no me interesa, puede que lo haga en el futuro, creo que hay que escribir por necesidad expresiva y los temas que me atraen ahora son otros, puedo seguir en este camino, pero no descarto que en el futuro pueda volver a la novela histórica; sobre todo si estoy necesitado de plata (risas).

—Sin embargo con el Bicentenario sería un buen negocio…

—Por supuesto (risas).

* Periodista.
Publicado originalmente en www.elclarin.cl —se reproduce aquí por gentileza del autor.
La imagen de apertura corresponde a la pintura La durmiente, de Boris Vallejo.

 

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