Ene 11 2010
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Cultura

La indigna muerte del Washington Post

Dean Baker*
El Washington Post es un periódico con un honorable legado. Ha realizado una importante labor informativa a lo largo de los años, especialmente su cobertura del escándalo Watergate que terminó con la dimisión del Presidente Nixon. Por desgracia parece haber abandonado sus calidades periodísticas. En su último número de la década publicó como reportaje un artículo del Fiscal Times que está financiado por la fundación Peter Peterson. Ello comprometió a tal punto la integridad periodística del Post que los lectores ya no pueden tomárselo en serio.

Peter Peterson es un mil millonario de Wall Street y miembro del gabinete del gobierno Nixon, que ha estado intentando aniquilar a la Seguridad Social y Medicare durante por lo menos el último cuarto de siglo. Ha escrito varios libros que advierten de un desastre demográfico cuando la generación del baby boom esté jubilada. Con frecuencia estos libros dan argumentos absurdos para justificar su punto de vista.

Por ejemplo, en uno de los libros, que presenta los recortes en la Seguridad Social como una cuestión de equidad intergeneracional, Peterson propone reducir el ajuste anual del coste de la vida. Peterson justificó este recorte argumentando que el índice de precios sobreestimaba la verdadera tasa de inflación, por lo que el ajuste anual del coste de la vida compensaba en exceso a los jubilados.

El problema con la lógica de Peterson es que si el índice de precios realmente sobreestimaba la inflación, entonces el país se habría estado enriqueciendo mucho más deprisa de lo que mostraban los datos corrientes. Lo que significaría que la gente joven, por la que parecía tan preocupado, sería mucho más rica de lo que podría haberse imaginado. También significaría que la mayor parte de los jubilados cuyos beneficios quería recortar se habrían empobrecido.

Estas conclusiones eran el resultado lógico de la declaración de Peterson de que el índice de precios sobreestimaba la inflación. Pero Peterson no se preocupaba de la lógica, lo que quería era un recorte de la Seguridad Social y estaba dispuesto a decir cualquier cosa con tal de hacer progresar su programa.

Obviamente si lo que dice Peterson puede importar es porque utiliza sus millones para asegurarse de que su voz se oiga. En el caso de sus libros, se necesitarían anuncios a toda página en los periódicos más importantes para asegurarse de que estas piezas informativas, que de otra forma se habrían olvidado rápidamente, se tomaran en serio.

Entonces empezó a crear organizaciones. Primeramente fue la Coalición de la Concordia, más recientemente la Fundación Peter G. Peterson y ahora su criatura, el Fiscal Times. Es interesante observar que la primera pieza informativa del Fiscal Times en el Post se las arregla para hacer referencia a las dos anteriores creaciones de Peter Peterson.

Dicha pieza también incluye el consabido e inadecuado estribillo de Peterson sobre la “escalada de gastos en Medicare, Medicaid y la Seguridad Social”.

La subida de los gastos de la Seguridad Social no es “vertiginosa” según la acepción corriente del término. Medida como parte del GDP, aumentará en menos de un 40% en el transcurso de las dos próximas décadas, un incremento que está totalmente cubierto por la correspondiente tributación a la Seguridad Social.

Si bien los gastos de Medicare y Medicaid están creciendo rápidamente, ello es debido principalmente a los costes explosivos del sector sanitario privado. Tal como reconoce cualquier analista serio del presupuesto, los costes del sector sanitario privado han estado creciendo a un ritmo que amenaza con devastar la economía. Si el sector sanitario privado no se arregla, nos enfrentamos a un desastre económico independientemente de lo que suceda con Medicare y Medicaid. Si se arregla, los problemas a los que se enfrentan los programas del sector público pueden manejarse.

Politico y la idea se convirtiera en un escándalo.

Si vender el acceso a los periodistas es ciertamente un crimen importante para un periódico serio, proporcionar una parte de la sección de noticias a un grupo de presión puede ser todavía un pecado mayor. El artículo del Fiscal Times no puede distinguirse por su apariencia de cualquier otro reportaje del Post. Solo quienes lean atentamente el subtítulo o la nota a pie de página pueden darse cuenta de que el artículo no es un reportaje corriente del Post. Tampoco se señala en ninguna parte que el Fiscal Times esté afiliado a la Fundación Peter Peterson.

Si el Fiscal Times se convierte en una fuente regular de reportajes del Post probablemente pronto podemos esperar ver piezas de la “Gaceta de las armas de fuego”, de la Asociación Nacional del Rifle, o de “Fumar hoy”, de la industria del tabaco. Es lamentable que los cambios tecnológicos puedan haber hecho económicamente inviables a los periódicos tradicionales, pero habría sido mucho mejor que el Washington Post hubiera tenido una muerte digna.

*Codirector del Center for Economic and Policy Research (CEPR).
 

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