Jun 6 2021
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Política

La indignidad de la derecha chilena

En nuestra antigua democracia la relaci√≥n de los gobiernos y los partidos pol√≠ticos oficialistas era mucho m√°s fluida y digna que hoy. Si bien el poder del Presidente de la Rep√ļblica siempre fue muy vigoroso, las colectividades que lo apoyaban ten√≠an mayor gravitaci√≥n en las decisiones gubernamentales, y en no pocas oportunidades los desacuerdos entre √©stas y el Jefe de Estado conclu√≠an en severas rupturas, como en la consecuente renuncia de los ministros de estado que militaban en las tiendas que entraban en contradicci√≥n con lo que implementaba La Moneda.

De hecho, los programas de gobierno eran dise√Īados por los partidos y, aunque los cuoteos y otras malas pr√°cticas siempre existieron, estas agrupaciones nunca fueron tan avasalladas por los gobernantes como lo son ahora. No se habr√≠a concebido entonces que las bancadas parlamentarias del oficialismo se enteraran de iniciativas importantes del Ejecutivo en la sede misma del Parlamento, sin que √©stas se discutieran, primero, con las bancadas legislativas amigas.

Ya se ve como ahora Sebasti√°n Pi√Īera anuncia darle urgencia a un proyecto de ley sobre matrimonio igualitario pasando a llevar las profundas convicciones de no pocos parlamentarios de la derecha en un tema que compromete sus convicciones morales y religiosas. Esto ha provocado ciertamente las iras de varios pol√≠ticos, pero sin amenazar, como habr√≠a ocurrido en el pasado, la continuidad de sus colectividades en las reparticiones de gobierno.

Lo que vimos en la reciente cuenta presidencial ha dejado atónita a toda la política nacional. Cuando le restan pocos meses de gobierno, el actual Mandatario desafía a sus partidos afines y anuncia una iniciativa ultra polémica y que, de paso, le trae también el severo cuestionamiento de las jerarquías eclesiásticas que, reiteradamente, vienen argumentando que el matrimonio solo puede ser entre un varón y una mujer y no entre personas del mismo sexo.

El cat√≥lico mandatario se desmarca tambi√©n de la voz de sus pastores y conf√≠a ganar la aprobaci√≥n de los sectores m√°s liberales del pa√≠s que, aunque a rega√Īadientes, no han tenido m√°s que aplaudir su decisi√≥n. Pero incluso desde la propia Democracia Cristiana es posible que haya legisladores que se opongan a su proyecto y en quienes todav√≠a el orden episcopal ejerce influencia.

Pi√Īera sabe que ya no est√° en edad ni en condiciones de volver a La Moneda, por lo que puede darse algunos lujos que, de paso, le permitan culminar su carrera pol√≠tica con la aprobaci√≥n de algunos referentes que nunca abrigaron confianza en que un gobernante como √©l se las jugara por una reforma tan audaz y desafiante del conservadurismo nacional. Es tan baja su popularidad que, en una de esas, el Mandatario conf√≠a en retirarse a la vida privada y a sus negocios con un dejo de simpat√≠a en sectores que se sienten discriminados por sus preferencias sexuales. Aunque, de todas maneras, se tratar√≠a de una apuesta bastante incierta.

Pese a la inmediata indignaci√≥n que caus√≥ su anuncio, no se aprecia hasta aqu√≠ que desde ninguno de los partidos oficialistas se plantee la idea de retirarse del Gobierno, como sin duda hubiera ocurrido ante un desacuerdo tan relevante durante nuestra antigua era republicana. Un gesto de dignidad que no le ser√≠a muy costoso, por lo dem√°s, a los partidos de la derecha si se considera el alto nivel de desprestigio de la actual administraci√≥n y el escaso tiempo que le queda a estas colectividades para gozar de las prebendas que le otorgan los ministerios, las subsecretarias, las embajadas y otros cargos p√ļblicos.

Sin embargo, en un a√Īo electoral como el que vivimos, permanecer aferrado a las ubres del poder puede ser muy conveniente para los partidos por los recursos que siempre provee la administraci√≥n p√ļblica. Adem√°s de garantizarle a muchos militantes mantener sus cargos y estipendios hasta fin de a√Īo, cuando para todos, lo m√°s probable es que la derecha se despida por un buen tiempo de la Moneda a causa de la desastrosa administraci√≥n de Pi√Īera. Y cuando la Pandemia tambi√©n de alguna forma ha golpeado tambi√©n los bolsillos de la pol√≠tica.

Lo que ocurre tampoco es muy distinto de lo sucedido durante los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría en que varias veces se pensó que algunos partidos se alejarían de La Moneda, pero finalmente prefirieron mantenerse a buen resguardo del Palacio Gubernamental, pese a que algunas de las decisiones oficiales realmente violentaban sus principios y compromisos  electorales.

No est√° dem√°s consignar que el sector m√°s afectado con la iniciativa del matrimonio igualitario es el de la candidatura presidencial de Joaqu√≠n Lav√≠n qui√©n, como se sabe, es el primero de los precandidatos de la derecha que tom√≥ distancia de Pi√Īera y ha entrado en contradicci√≥n con √©l en varias oportunidades. Para los otros tres ha sido menos traum√°tica la decisi√≥n gubernamental, incluso a dos de √©stos les ha permitido apelar a su esp√≠ritu liberal para diferenciarse del contrincante UDI y abrigar la idea de empatizar con los opositores del Gobierno.

Fue tal el desagrado que le produjo a la bancada del Gremialismo este anuncio presidencial que varios de sus diputados salieron a proponer toda suerte de medidas de corte populista para encarar la pandemia y hacerle da√Īo a las arcas fiscales hasta ayer tan celosamente cauteladas por los mismos. Un puro acto de venganza, a no dudarlo, tanto que han superado con creces las exigencias opositoras en tal sentido.

Lo que no se puede soslayar es que las relaciones entre Pi√Īera y la Derecha han sido siempre dif√≠ciles. Especialmente despu√©s de su primera administraci√≥n en que para muchos √©ste hab√≠a realizado un gobierno de corte dem√≥crata cristiano y m√°s ‚Äúizquierdizante‚ÄĚ que el de Ricardo Lagos, a quien tanto temieron, pero del cual terminaron realmente encantados. Sin embargo, como la necesidad tiene cara de hereje, concluyeron por apoyarlo nuevamente, aunque fuera a rega√Īadientes. Seguramente por aquello que la derecha sabe muy bien: que las elecciones se ganan o se ganaban fundamentalmente con dinero. Lo que Pi√Īera m√°s tiene.

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