Jun 1 2018
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CulturaSociedad

La industria audiovisual del porno

‚ÄúLos usuarios de la pornograf√≠a s√≥lo observan un video bien editado. Ellos no ven lo que pasa detr√°s de escenas; las chicas que est√°n llorando y son enviadas para afuera del estudio de grabaci√≥n porque no pueden aguantar los actos sexuales violentos en los que les piden participar‚ÄĚ.

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Shelley Lubben, actriz porno

La sexualidad es el Tal√≥n de Aquiles de los seres humanos. No hay sexualidad ‚Äúnormal‚ÄĚ; ella es siempre problem√°tica. ¬ŅPor qu√© tendr√≠amos que esconder los √≥rganos genitales externos si no? ¬ŅPor qu√© la prohibici√≥n del incesto? Es por dem√°s evidente que la sexualidad, distintamente a lo que sucede en el orden animal, no se corresponde con la reproducci√≥n. Hay un plus m√°s all√° de lo biol√≥gico-instintivo que inaugura un nuevo orden. Como dijera Jean Laplanche: ‚ÄúEl instinto est√° ¬ępervertido¬Ľ por lo social‚ÄĚ. De ah√≠ que en Psicoan√°lisis, para designar estos complejos y err√°ticos entramados, se habla de pulsi√≥n (Trieb), en tanto fuerza, energ√≠a, deseo que busca un objeto por siempre evanescente, irremediablemente perdido.

La sexualidad no es nunca ‚Äúinocente‚ÄĚ; nos hace poner colorados, nos hace sonre√≠r o avergonzar, es tema tab√ļ, no es de ‚Äúbuen gusto‚ÄĚ hablar de ella en p√ļblico‚Ķ pero jam√°s es neutra. La sexualidad no se agota en el conocimiento anat√≥mico-fisiol√≥gico del aparato g√©nito-urinario, ni mucho menos. Es algo m√°s. Ese es el ‚Äúplus‚ÄĚ al que nos referimos; de ah√≠ que nos pasamos la vida hablando de ella, haciendo chistes, juegos de palabras con doble sentido, escribiendo ‚Äúgroser√≠as sexuales‚ÄĚ en los ba√Īos p√ļblicos, vener√°ndola en definitiva.

No hay posibilidad alguna de ser asexuado, se utilicen o no los √≥rganos genitales (voto de castidad, solter√≠a cr√≥nica). Porque, en definitiva, todo lo humano es sexual, en tanto la sexualidad ‚Äďal igual que la muerte‚Äď es el recordatorio inapelable de nuestros l√≠mites: todos nos vamos a morir (l√≠mite infranqueable), y todos somos o ‚Äúmachos‚ÄĚ o ‚Äúhembras‚ÄĚ de la especie, socializados luego como caballeros o damas, con todas las combinaciones intermedias posibles que se nos ocurran: LGBTIQ (y alg√ļn etc√©tera, por lo que pudiera aparecer). Es decir: partimos de una diferencia anat√≥mica insalvable de la que no queremos saber nada, la que nos aterra (por eso la cubrimos), y que nos recuerda, inapelablemente, que hay l√≠mites, que no somos ‚Äúcompletos‚ÄĚ (siempre falta algo, por eso nos pasamos la vida deseando ese objeto que nos complete. B√ļsqueda por siempre fallida, por cierto).

Resultado de imagen para La industria audiovisual del pornoLa pornograf√≠a (‚Äúpresentaci√≥n abierta y cruda del sexo que busca producir excitaci√≥n‚ÄĚ) es eminentemente humana (ning√ļn animal la ha desarrollado). Y tan vieja como el mundo. Pero sucede algo especial: el capitalismo, que todo transforma en negocio redituable, tambi√©n ha hecho de ella una fabulosa industria. En estas √ļltimas d√©cadas, con el primado de la cultura audiovisual que ha inundado todo, y ni decir del √°mbito del internet, la pornograf√≠a alcanz√≥ cotas como nunca antes en toda la historia.

De hecho, en tanto industria audiovisual, la pornograf√≠a es hoy una gran actividad econ√≥mica, que produce cantidades fabulosas de dinero. La producci√≥n de pel√≠culas y videos porno viene creciendo a ritmo vertiginoso en estas √ļltimas d√©cadas. El internet ha venido a disparar tanto esa producci√≥n como ese consumo. Pero en concreto, dado que la pornograf√≠a, al igual que todo lo ligado al campo de la sexualidad, comporta un cierto halo de ‚Äúprohibido‚ÄĚ, algo estigmatizado, no hay datos totalmente confiables en su √°mbito. Nadie habla abiertamente de esto, como s√≠ sucede en otros rubros comerciales. Muy poca gente reconoce abiertamente ser usuaria de estos materiales, pero evidentemente si es un negocio en crecimiento (igual que las drogas ilegales), es porque existe una enorme masa de consumidores ‚Äďen las sombras en la mayor√≠a de los casos. ¬ŅQui√©nes de los que est√°n leyendo el presente op√ļsculo reconoce abiertamente ver pel√≠culas/videos porno?‚Äď.

Resultado de imagen para La industria audiovisual del pornoNo existen registros oficiales fiables del negocio, habiendo, en todo caso, algunas aproximaciones socio-estad√≠sticas. A partir de ellas, se puede calcular que todo el rubro comercial de la pornograf√≠a en los medios audiovisuales actualmente mueve unos 50.000 millones de d√≥lares anuales, coloc√°ndola entre los grandes negocios (armas, petr√≥leo, drogas ilegales, farmac√©uticas). Estados Unidos es el principal productor de material audiovisual porno, b√°sicamente en el estado de California (‚Äúel otro Hollywood‚ÄĚ, seg√ļn la coloquial denominaci√≥n). De todos modos, a partir del 2014 en Los √Āngeles existe un regulaci√≥n legal que hace obligatorio el uso de preservativos por parte de los actores porno; ello gener√≥ rechazo entre los productores, que en muchos casos decidieron mudar la producci√≥n a Las Vegas y a Miami, dado que en esos estados (Nevada y Florida) no rigen este tipo de normativas legales.

Seg√ļn los datos disponibles hoy, el 12% de los sitios web ofrecidos en la red de redes son pornogr√°ficos. De acuerdo a un estudio de la espa√Īola Universidad de Navarra del a√Īo 2015, ‚Äúen la actualidad existen m√°s de 500 millones de p√°ginas web de acceso a material pornogr√°fico‚ÄĚ. A partir de las estimaciones realizadas, el 25% de todas las solicitudes de motores de b√ļsqueda est√°n relacionadas con la pornograf√≠a. Cada segundo, hay 30 millones de personas viendo porno en internet. El consumo est√° m√°s inclinado hacia los varones, pero tambi√©n las mujeres acceden a √©l: entre un 25 a 30% son visitas de mujeres a las p√°ginas porno. Esos accesos se dan en los hogares, pero tambi√©n en los centros de trabajo: el 20% de varones admite que ven algo de porno en sus √°mbitos laborales. Hoy d√≠a, los tel√©fonos celulares inteligentes son el medio m√°s utilizado para acceder a materiales de esta √≠ndole.Resultado de imagen para La industria audiovisual del porno

Hay producci√≥n porno para todos los gustos, presentando las combinaciones m√°s audaces, esot√©ricas, simp√°ticas o bizarras. En realidad, ninguna de esas producciones muestra nada que en la realidad efectiva no suceda; o, en todo caso, ponen en acci√≥n fantas√≠as que todos los seres humanos (varones y mujeres) parecen tener en mayor o menor medida. Puede incluirse en esa divers√≠sima producci√≥n, pornograf√≠a que entra en el √°mbito de lo delictivo: torturas, violaciones, utilizaci√≥n de menores de edad. Pero dejando de lado esas pr√°cticas a todas luces ilegales, delictivas, (de las que la industria capitalista hace negocio, como lo hace con cualquier esfera humana), todo lo que se ofrece a los ojos son cosas que pueden suceder en la intimidad, aquellas de las que no se habla‚Ķ ¬°pero se hacen! (parafernalia de juguetes er√≥ticos, posiciones ins√≥litas, pr√°cticas sado-masoquistas, pr√°cticas bisexuales, ‚Äúcochinadas‚ÄĚ varias y un largo, interminable etc√©tera. Nos preguntamos una vez m√°s: ¬Ņcu√°l es la sexualidad normal? ¬ŅD√≥nde podr√° le√©rsela: en un libro de Psiquiatr√≠a, en alg√ļn documento del Vaticano?). El goce no tiene forma ‚Äúnormal‚ÄĚ, ense√Īa el Psicoan√°lisis.

Los principales consumidores de pornograf√≠a son Estados Unidos, Gran Breta√Īa, Canad√°, India, Jap√≥n, Francia, Alemania, Australia, Italia y Brasil. Su consumo est√° difundido por todos lados, en todos los estamentos socioecon√≥micos, incluso en los pa√≠ses socialistas (los que a√ļn se pueden llamar as√≠): en Cuba, por ejemplo, aunque no es legal la pornograf√≠a, la poblaci√≥n ‚Äďjoven fundamentalmente‚Äď tiene acceso a ella en buena medida a trav√©s de videos caseros realizados en la isla, los llamados ‚Äúvideos de la UCI‚ÄĚ, realizados por estudiantes de la Universidad de Ciencias Inform√°ticas. En China, el consumo de material audiovisual porno est√° castigado con c√°rcel, pero de todos modos la poblaci√≥n se las ingenia para conseguirlo. Y otro tanto sucede en Norcorea, donde el consumo est√° castigado con pena de muerte, pero pese a ello, se burlan las prohibiciones y hay acceso a materiales audiovisuales de este tipo.

De igual manera sucede en los pa√≠ses isl√°micos, donde la sexualidad es un tema altamente tab√ļ, y por tanto la producci√≥n y consumo de pornograf√≠a; pero ‚Äúhecha la ley, hecha la trampa‚ÄĚ, pues tambi√©n all√≠ hay un desarrollado √°mbito del porno. De hecho, algunos pa√≠ses musulmanes producen este tipo de pel√≠culas y/o videos.

No hay dudas que la sexualidad, y su correspondiente ‚Äúpresentaci√≥n abierta y cruda que busca producir excitaci√≥n‚ÄĚ, es una constante por doquier. No hay prohibici√≥n expl√≠cita que la detenga. Ello algo indica: que el tema, obviamente, atrae, atrapa, ¬Ņhipnotiza?

Para cierta visi√≥n moralista del asunto, la pornograf√≠a constituye una ‚Äúentronizaci√≥n de la lujuria, envileciendo a quienes la practican‚ÄĚ . En esa l√≠nea, puede llegar a decirse que ‚Äúquienes est√°n expuestos a la pornograf√≠a tienen m√°s probabilidades de desarrollar tendencias sexuales anormales‚ÄĚ. Un catedr√°tico de la Universidad de Utah, V√≠ctor Cline, puede decir, por ejemplo, que ‚ÄúSi uno vuelve vez tras vez a exponerse a material de naturaleza pornogr√°fica, poco a poco llegar√° a tener una biblioteca pornogr√°fica en su mente, de la que no podr√° librarse.Resultado de imagen para La industria audiovisual del porno

Estar√° ah√≠, lista para recordarse, aun cuando no lo quiera. Existe gran cantidad de evidencia que sugiere que los comienzos u or√≠genes de muchas desviaciones y perversiones sexuales son aprendidas, y una de las formas de aprendizaje es el exponerse a material pornogr√°fico ‚ÄĚ.

Sin dudas, los mitos y prejuicios prevalecen, est√°n muy arraigados (‚ÄúEs m√°s f√°cil desintegrar un √°tomo que un prejuicio‚ÄĚ, dir√° Einstein). Se sigue pensando ‚Äďy por tanto, pontificando, dando directivas y rega√Īando‚Äď en nombre de una pretendida sexualidad normal (¬Ņcu√°l ser√≠a?). Si la pornograf√≠a existe, ello deber√≠a abrir un an√°lisis exhaustivo no moralizante de por qu√© se repite y tiende a ampliarse. Enti√©ndase que pornograf√≠a no es sin√≥nimo de delito sexual. Esto √ļltimo est√° claramente tipificado en las distintas constituciones nacionales, existiendo un cierto consenso generalizado de cu√°les ser√≠an sus notas distintivas. La violaci√≥n, las pr√°cticas que da√Īan la integridad del otro, el ejercicio sexual con menores de edad est√°n normadas como delitos. De ah√≠ en m√°s, es imposible reglar lo que se hace (o fantasea).

¬ŅC√≥mo considerar la pornograf√≠a? ¬ŅDegeneraci√≥n? ¬ŅEnfermedad mental? ¬ŅFenomenal negocio? ¬ŅPicard√≠a de la esfera privada? De hecho, hoy d√≠a hay una tendencia en Psicopatolog√≠a que habla de una ‚Äúadicci√≥n a la pornograf√≠a‚ÄĚ, en tanto consumo insaciable de materiales audiovisuales. ¬ŅSe puede mantener esa aseveraci√≥n? La idea de base en esa visi√≥n es que la pornograf√≠a es ‚Äúda√Īina‚ÄĚ: ‚Äúquienes est√°n expuestos a la pornograf√≠a tienen m√°s probabilidades de desarrollar tendencias sexuales anormales‚ÄĚ. Para contraponerse a esa concepci√≥n, el crimin√≥logo de la Universidad de Copenhague Berl Kutchinsky afirm√≥ que, en realidad, la pornograf√≠a ‚Äú cumple una funci√≥n positiva al actuar como una ¬ęv√°lvula de escape¬Ľ para los potenciales agresores sexuales‚ÄĚ. En 1970 fundament√≥ su aseveraci√≥n diciendo que ‚Äúcuando elgobierno dan√©s levant√≥ las restricciones sobre la pornograf√≠a, la cantidad de cr√≠menes sexuales disminuy√≥‚ÄĚ.

Resultado de imagen para La industria audiovisual del pornoComo sea, parece que los prejuicios siguen rondando en torno a una pretendida sexualidad ‚Äúnormal‚ÄĚ. Ahora bien: si las poblaciones, varones y mujeres (y todas las combinaciones intermedias que se quieran establecer), en todos los contextos, con o sin capacidad econ√≥mica, incluso desde muy tempranas edades ‚Äďa partir del despertar genital puberal‚Äď, acceden a la pornograf√≠a (¬°que no es exactamente un crimen sexual!), habr√° que estudiar cr√≠ticamente el fen√≥meno. ¬ŅHay algo cuestionable en ella? En tal caso: ¬Ņqu√© es?

Hoy por hoy, toda la producci√≥n audiovisual pornogr√°fica ratifica patrones machistas-patriarcales. La mujer es siempre cosificada, puesta como objeto a disposici√≥n de un pretendido inacabable, insaciable deseo masculino. Las relaciones sexuales tienen un sesgo de ejercicio masculino de poder: los hombres ‚Äúle hacen‚ÄĚ cosas a las mujeres, las toman (las ‚Äúcogen‚ÄĚ), en tanto que las mujeres hacen cosas por y para los hombres (¬Ņno hay misoginia escondida en eso?).

Adem√°s, como cara oculta del supuesto para√≠so que ofrecen estas producciones ‚Äďal mejor modo hollywoodense‚Äď, hay una realidad espantosa (lo que presenta el ep√≠grafe inicial), que es la verdadera industria, el verdadero negocio, con actores en muchos casos infectados con VIH o enfermedades de transmisi√≥n sexual por el no-uso de protecci√≥n, con un mecanismo comercial triturador de sujetos, con enga√Īos y estafas a la orden del d√≠a (como es Hollywood, como es cualquier negocio en el capitalismo, manejado siempre con criterios mafiosos, s√≥rdidos. L√©ase bien: ¬°cualquier negocio!, tambi√©n las petroleras, las farmac√©uticas, las armas). Pero m√°s a√ļn, la realidad espantosa en juego es que la fantas√≠a presentada por el mundo de la pornograf√≠a es una pura mentira medi√°tica, que hace creer que todas esas espectaculares aventuras sexuales (entronizando la virilidad masculina en general) pueden ser posibles. ¬°Y no lo son!

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