Ago 28 2013
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CulturaLibro de la semana

La justicia poética de Juan Gelman

La lengua de Juan Gelman fue la llama que encendió la temperatura. No fue la noche más fría del año. La sensación térmica empezó a cambiar cuando el poeta entró a la sala Borges de la Biblioteca Nacional, en Buenos Aires. El público se puso de pie y aplaudió. La emoción iba y venía, de la platea al escenario. Y viceversa.

“Esta reunión va a marcar una noche fundamental de nuestras vidas”, pronosticó Horacio González, director de la Biblioteca, antes de que los poetas Jorge Boccanera y Daniel Freidemberg presentaran Hoy (Seix Barral), 288 poemas en prosa que transitan el camino del duelo por la desaparición y asesinato de su hijo Marcelo, pero también dan cuenta del abismo insondable del mal en el mundo. “La verdad es que no sé qué decir. Los libros se suelen escribir solos. La conciencia de lo que se escribe es muy difícil de apresar. A veces escribía siete, ocho poemas a la noche, me iba a dormir, me levantaba y no recordaba ninguno de los textos escritos. Tenía que volver a leerlos para saber de qué se trataban”, comentó Gelman.

“La poesía de Gelman no deja de sorprendernos por la libertad con que trabaja, por su ejercicio de transfiguraciones de todo con todo, por las imágenes que resuenan sobre un entramado de ideas”, planteó Boccanera, quien advirtió que el modo singular de enlazar la perplejidad y la certidumbre “lo ha convertido en un maestro a nivel continental”. El último libro del poeta es “una muestra acabada, en pulidas joyas diminutas, de sus viajes posibles hacia el ‘uno’ y los otros”. Esa poesía –agregó Boccanera– ha ido virando “de una oralidad expansiva a textos concisos, de suma condensación de sentido”.

La textura de los poemas de Hoy “deviene de un amplio catálogo de registros expresivos orquestados al modo gelmaniano: el repliegue místico, la sequedad del silogismo, y un modo de conducir la digresión por paisajes del sueño”. También mencionó los temas recurrentes que atraviesan la obra del Premio Cervantes de Literatura 2007: la infancia de las cosas, el amor, la revolución, la memoria, la espesura del vacío, el exilio, la indagación de sí mismo y la poesía.

En esa suma de “momentos pasados, presentes y por venir”, Gelman va más allá de lo meramente temporal: “es un ‘hoy’ hecho de ‘ahoras’, es un ‘hoy’ vuelto un soy”. Boccanera detectó una vuelta de tuerca a la frase que Hamlet le dirige a Ofelia –“ser o no ser, ésa es la cuestión”– para ensanchar el campo semántico y transformarla en “ser o no ser es ser no ser”. Gelman cabeceó y asintió, acaso asombrado por el hallazgo. “Este ‘hoy’ está hecho de cavilaciones que nos interpelan y advierten: ‘la dignidad canta músicas flacas’, ‘hay que barrer el mundo en sucio estado/otra vez ponen huevos de serpiente’, en referencia a un poder global que reconfigura los modos de disciplinar, de modelar imaginarios y subjetividades.

Gelman habla de ‘la progresión de la crueldad’, apuntando a la pretensión de recordar la rebeldía del hombre y convertirlo en un ser obediente al desastre, carne de autoritarismos”, analizó Boccanera. “Estamos frente a una de las propuestas poéticas más originales, intensas, reveladoras y cuestionadoras de los últimos tiempos. Una especie de ‘Guernica’ hablado que, aun frente a los reveses, respira deseo, que es la medida de la vida.”

“¡Qué decir frente a todo lo que significa este señor que tengo al lado!”, dijo Freidemberg en el filo de la emoción y admiración. La mejor manera que encontró para hablar del libro fue el final de Hoy. El último poema empieza con una letra y la apertura de un signo de interrogación: “¿Y”, sin el signo de cierre. “¿Cómo ‘¿y’? ¿Qué pasó con todo lo que estaba escrito antes? –se preguntó Freidemberg–. Después hay una serie de interrogaciones: ‘si la poesía fuera un olvido del perro que te mordió la sangre’, y sigue con distintas cosas. ¿Se está desdiciendo el libro después de todo lo que dijo? A lo mejor volver sobre sus pasos es la única manera de que esos pasos existan.” Freidemberg continuó desmenuzando ese poema y citó el cierre: “¿Y si fuera lo que es en cualquier parte y nunca avisa? ¿Y si fuera?”.

“A lo mejor lo que nos está proponiendo es que la poesía no es. A lo mejor para poder pensar la poesía, tendríamos que pensar ‘si fuera’. Que tiene que dejar de ser para empezar a ser. Que no puede existir poesía que primero no deje de ser; que en cuanto existió dejó de ser y la ponemos en marcha en el acto de la escritura, en el acto de la escritura. Algo se abre. Al fin y al cabo, si la poesía para ser tiene que dejar de ser, el libro termina abriendo un espacio donde se continúa de otra manera. Se continúa en silencio, como una especie de reverberación.” Como páginas abiertas a las heridas de este tiempo, añadió que el mundo del último poemario de Gelman es “un mundo en el que se cayeron todas las explicaciones” y “no hay nada que pueda ser explicado”. “Solamente queda la palabra poética lanzada a su manera, con sus propios derechos, sin pedir permiso.”

“Despasión”, según entiende Freidemberg, es una de las tantas palabras inventadas por Gelman. “Tal vez no sean tiempos para la pasión, pero no son tiempos para la indiferencia.” El poeta leyó durante más de media hora. No volaba una mosca en la sala. Todos mudos ante versos que se pegan en los labios de la memoria: “La tierra pule huesos que el tiempo roba sin retorno”. Luego llegó la ovación del público y la despedida de Juan: “Gracias por estar aquí y sobre todo por aguantarme”.

*Publicado en Página 12 de Argentina

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