Nov 25 2008
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Política

La legitimidad y el valor democrático en Chile

Jorge Montecino*

De no haber un cambio profundo en el sistema político chileno, el próximo presidente de Chile, podría ser elegido sólo por el 30 % de los chilenos mayores de 18 años. Esto pone en el centro del debate la verdadera legitimidad y el valor del modelo democrático.

 

 Se asiste al fin de un ciclo político en el país, marcado por el agotamiento del consenso político de la actual coalición de gobierno, que presenta estados de fatiga y falta de liderazgo producto de su incapacidad para proyectar a Chile, en un escenario post 2010.

A lo anterior se suma la incapacidad de la Alianza por Chile, para articular un proyecto político que implique una verdadera alternancia política, con carácter de futuro. A la falta de unidad política, se agrega el hecho de no haberse desprendido totalmente del conservadurismo, heredado del gobierno militar y el hecho de no ganar una elección presidencial en los últimos 50 años. Vale decir, la derecha política carece de un proyecto común, verdaderamente democrático y  además, presenta cierto pánico ante la posibilidad cierta de acceder al gobierno.

Dichos aspectos configuran un cuadro de ingobernabilidad, aunque obtenga una victoria electoral en las próximas elecciones presidenciales.

Por otra parte, la izquierda extraparlamentaria, carece de un proyecto político viable, que provoque consenso nacional y además, no tiene el apoyo electoral necesario para acceder al gobierno.

En dicho escenario ¿Qué ocurre con el sistema político chileno?

Todo hace indicar que asistimos al agotamiento del sistema político actual. De no haber un cambio profundo en el sistema político chileno, el próximo presidente de Chile, podría ser elegido sólo con el 30 % de los chilenos mayores de 18 años.

Esto quedó demostrado, en las dos últimas elecciones, en cuyo proceso electoral, votaron por alguna opción (voto validamente emitido), alrededor de seis millones de electores y con una clara tendencia a la baja, lo que unido al voto nulo, blanco y los no inscritos (mayores de 18 años), implica que solo emitió su voto, el 48 % de los chilenos mayores de 18 años. Vale decir, un 25 % de aquellas personas mayores de 18 años, votaron efectivamente por la presidenta Michelle Bachelet.

Esta situación pone en el centro del debate la verdadera legitimidad y el valor de la democracia. Amplios sectores de la ciudadanía comienzan a sentir crecientes sensaciones de rechazo y apatía. Se hace necesario provocar profundos cambios en el conjunto del sistema, que generen en el corto y mediano plazo, la innovación política requerida y termine en parte con el creciente desinterés de la ciudadanía por los asuntos políticos y los procesos electorales.

Para generar una nueva dinámica política, es necesario al menos:

Provocar una nueva Constitución, elaborada y discutida por el conjunto de los actores políticos, económicos, sociales y culturales del país. Esto implica terminar con la exclusión  electoral y las trabas autoritarias aún heredadas de la Constitución del año 1980.

Mayor participación ciudadana en el conjunto de las iniciativas públicas, – se privilegia la relación con la sociedad política por sobre la sociedad civil lo que ayuda a mantener inactivo (apatía) a importantes sectores del país- como parte de un cambio político profundo en el país.

Mayor rotación de la elite política (renovación de las dirigencias) que provoque un verdadero acercamiento de la política a las personas comunes y corrientes.

Terminar con la excesiva  prominencia de los partidos en los asuntos claves de la gobernabilidad del país; lo que erosiona cualquier intento de instalar nuevas miradas. Se requiere de mayores cuotas de democratización al interior de los partidos. Generar instituciones más dinámicas, diversas y provocadoras del cambio político.  

Provocar mayores niveles de participación de los jóvenes en el sistema político. Cambiar la actual inscripción voluntaria en el registro electoral, por una inscripción automática. Igualmente dejar voluntario el derecho al voto, como un ejercicio individual, no autoritario y más participativo.

Introducir la figura del Plebiscito, en aquellas materias en que los quórum calificados, ejercer su decisiva influencia para que nada cambie, a pesar de las señales nítidas que envía una mayoría de la ciudadanía, al sistema político. 

La elite política chilena, no debe temer a la ciudadanía. El país, ha demostrado en estos últimos 20 años, su madurez necesaria, cuyos ciudadanos han aportado con sus habilidades y destreza al desarrollo del país de manera decisiva, en todos los ámbitos del acontecer nacional e internacional, lo que invalida cada vez más, la mantención artificial de aquellas instancias antidemocráticas –democracia tutelada o protegida- , que sólo ayudan a mantener la apatía de un número apreciable de chilenos, sobre todo los más jóvenes y vulnerables socialmente. 

* Cientista Político. Director Ejecutivo del Observatorio de la Realidad Ciudadana de la Universidad Arcis Valparaíso.
Arena Pública, plataforma de opinión de Universidad ARCIS.

 

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