Jul 22 2014
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Ambiente

La letra menuda de las guerras por alimentos

Monsanto y sus amigos en la industria biotecnol√≥gica, sus cabilderos y sus representantes pagados en los medios contin√ļan impulsando el control monop√≥lico de los alimentos en el mundo mediante su oferta de semillas.

Este imperio se construye sobre fundamentos falsos: que Monsanto es creadora/inventora de vida y, por tanto, puede ser propietaria de las semillas por medio de patentes y que la vida se puede producir con ingeniería y máquinas, como un iPhone.

Por la ecolog√≠a y la nueva biolog√≠a sabemos que la vida es una complejidad organizada por s√≠ misma: se contruye sola, no es posible manufacturarla. Esto se aplica tambi√©n a la producci√≥n de alimentos mediante la nueva ciencia de la agroecolog√≠a, la cual nos brinda un conocimiento cient√≠fico m√°s profundo de los procesos ecol√≥gicos a nivel del suelo, las semillas vivas y la comida viva. Las promesas de la industria biotecnol√≥gica ‚Äďmayores rendimientos, reducci√≥n del uso de qu√≠micos y control de malezas y plagas‚Äď no se han cumplido. El mes pasado un fondo de inversi√≥n demand√≥ a DuPont por mil millones de d√≥lares por promover cultivos resistentes a herbicidas a sabiendas de que no lograr√≠an controlar las malezas y en cambio s√≠ contribuir√≠an al surgimiento de supermalezas.

Al crear la propiedad de semillas mediante patentes y derechos de propiedad intelectual, e imponerla en el planeta por medio de la Organización Mundial de Comercio, la industria biotecnológica ha establecido un imperio monopólico sobre las semillas y los alimentos. Además de reclamar la propiedad de las semillas que vende y cobrar regalías, en materia de controles y equilibrios sobre seguridad, la industria biotecnológica destruye sistemáticamente leyes nacionales e internacionales relativas a la bioseguridad, afirmando que sus productos son como la naturaleza los creó. ¡Es esquizofrenia ontológica!

La bioseguridad es la evaluaci√≥n multidisciplinaria del impacto de la ingenier√≠a gen√©tica sobre el ambiente, la salud p√ļblica y las condiciones socioecon√≥micas. En el √°mbito internacional, la bioseguridad es derecho internacional consagrado en el Protocolo de Cartagena sobre Bioseguridad. Yo fui designada por un grupo de expertos para elaborar el marco del programa ambiental de Naciones Unidas, con el fin de poner en vigor el art√≠culo 19.3 de la Convenci√≥n de Naciones Unidas sobre Diversidad Biol√≥gica (CDB).

Monsanto y sus amigos han intentado negar a los ciudadanos el derecho a la alimentaci√≥n saludable oponi√©ndose al art√≠culo 19.3 desde la Cumbre de la Tierra en R√≠o, en 1992. En estos d√≠as intentan desmantelar las leyes nacionales sobre bioseguridad en India, Pakist√°n, Uni√≥n Europea y toda √Āfrica y Am√©rica Latina. En Estados Unidos distorsionan la Constituci√≥n al entablar demandas contra gobiernos estatales que han promulgado leyes para etiquetar los alimentos gen√©ticamente modificados alegando que el derecho de los ciudadanos a saber lo que consumen es inferior al derecho de la industria biotecnol√≥gica a imponer alimentos peligrosos a consumidores desinformados, el cual manejan como libertad de expresi√≥n de una empresa, como si fuera persona f√≠sica. Despliegan su maquinaria de propaganda para atacar con argumentos no cient√≠ficos a los investigadores que trabajan en bioseguridad, como √Ārp√°d Pusztai, Ignacio Chapela, Irina Ermakova, √Čric S√©ralini y yo.

Muchos periodistas carentes de preparación científica se han alineado como soldados en este asalto propagandístico. Hombres blancos privilegiados, como Mark Lynas, Jon Entine y Michael Specter, sin experiencia práctica en agricultura, armados sólo con grados de bachillerato y vinculados con medios controlados por los consorcios, son utilizados para socavar los verdaderos hallazgos científicos acerca del impacto de los OGM en nuestra salud y ecosistemas.alimentos

La industria biotecnológica usa sus títeres propagandistas para sostener la falacia de que los OGM son la solución al hambre en el mundo. Esta negativa a un auténtico debate científico acerca de cómo los sistemas vivos evolucionan y se adaptan es respaldada por un asalto intensivo y masivo de propaganda, que incluye el uso de agencias de inteligencia como Blackwater.

En 2010, Forbes me nombr√≥ una de las siete mujeres m√°s poderosas del planeta por poner a las mujeres al frente y en el centro de la soluci√≥n del asunto de la seguridad alimentaria en el mundo en desarrollo. En 2014 el periodista Jon Entine escribi√≥ un art√≠culo de opini√≥n, en el cual sosten√≠a que yo no he estudiado f√≠sica. Adem√°s de haber estudiado un posgrado en f√≠sica y realizado mi doctorado sobre los fundamentos de la teor√≠a cu√°ntica, he pasado 40 a√Īos estudiando ecolog√≠a en granjas y bosques de India, donde la naturaleza y los sabios campesinos fueron mis maestros. Esa es la base de mi experiencia en agroecolog√≠a y seguridad alimentaria.

La buena ciencia y las tecnologías probadas no necesitan propaganda, agencias de inteligencia ni gobiernos corruptos para demostrar hechos. Si los ataques infundados de un no científico a una científica de un país en desarrollo son uno de sus instrumentos para dar forma al futuro, han errado por completo. No se dan cuenta de la creciente indignación ciudadana contra el monopolio de Monsanto.

En naciones soberanas, donde el poder de Monsanto y sus amigos es limitado, el pueblo y los gobiernos rechazan su monopolio y tecnología fracasada. Pero la maquinaria de propaganda suprime esta noticia.

Rusia ha prohibido por completo los OGM; el primer ministro, Dmitry Medvedev, advirti√≥: Si los estadunidenses gustan de los productos OGM, que se los coman. Nosotros no los necesitamos; tenemos espacio y oportunidades suficientes para producir comida org√°nica. China ha prohibido los OGM en suministros alimenticios militares. Italia acaba de promulgar una ley, Campo libre, que castiga con prisi√≥n de uno a tres a√Īos y multa de 10 mil a 30 mil euros la siembra de cultivos OGM. La ministra italiana de agricultura, Nunzia De Girolamo, se√Īal√≥ en un comunicado: Nuestra agricultura se basa en la biodiversidad, en la calidad, y debemos continuar aspirando a ellas sin aventuras que, aun desde el punto de vista econ√≥mico, no nos har√≠an competitivos.

Las piezas de propaganda en Forbes y The New Yorker no pueden detener el despertar de millones de agricultores y consumidores a los verdaderos peligros de los organismos genéticamente modificados en nuestra comida, y las desventajas y fallas del sistema de alimentos industriales que destruye el planeta y nuestra salud.

* Directora ejecutiva del Fondo Navdanya. Publicado en La Jornada. Traducción: Jorge Anaya

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