Abr 15 2005
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Economía

La nueva riqueza

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

“Quien piensa que el fin de la empresa es la utilidad, está fuera del mundo. Las ganancias son la fuente de una actividad empresarial, no su finalidad.

“Una empresa debiera tener como objetivo mejorar la calidad de vida a través de la búsqueda de nuevos productos y soluciones. Las finanzas públicas debieran ayudarla”, comenta Giulio Sapelli, profesor de Historia Económica y de Análisis Cultural de los procesos organizativos de la Universidad de Milán. Lo dice en su último libro Giochi Proibiti (Juegos Prohibidos) en el contexto de la feria Terra Futura, cuya segunda edición se realizó entre el 8 y el 10 de abril en Florencia.

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El tema central este año fue “cambiar las reglas del juego de la gestión de los bienes comunes”. ¿Cómo regenerar los bienes comunes a través de nuestras acciones económicas?, ¿cómo producir sin agotar los recursos naturales? y ¿cómo consumir sin aumentar la injusticia mundial?, fueron algunas de las preguntas que intentaron responder quienes creen que otro mundo es posible. Y no son pocos: 48.500 visitantes pudieron compartir la experiencia de empresas de turismo solidario, bancos éticos, medios de comunicación alternativos, productores ecológicos, pacifistas y marcas de mercado justo, entre otros.

“Habitar, producir, cultivar, actuar y gobernar para un futuro equitativo y sostenible”, reza el afiche de Terra Futura. Lo pusieron en práctica más de 300 expositores –de los que 140 corresponden a empresas, 50 a diversas instsituciones y 110 a entes no profit–, que dieron a conocer casi 2.000 experiencias autocertificadas que demostraron que la sostenibilidad es posible.

Los ejemplos no faltan: sistemas antirrobo para autos de impacto ambiental reducido, duchas que ahorran energía, sistemas de calefacción y de enfriamiento que usan energía geotérmica y solar trasmitida por tubos capilares, vídeo-juegos que simulan la construcción de ciudades y transportes sostenibles, ejemplos y modelos de cultivos biológicos, propuestas de turismo sostenible, detergentes ecológicos con frascos reutilizables, accesorios de moda producidos con materiales reciclables, cosméticos naturales, experiencias de microcrédito, de participación democrática y de medios de comunicación alternativos (televisión, radio y prensa).

fotoSi bien estos productos y servicios al inicio tenían un precio superior al de productos y servicios convencionales, en la feria se registró que la brecha está disminuyendo y que la eficiencia es superior.

Un ejemplo claro es el que presentó el ingeniero Roberto Brambilla. “En Milán hicimos el experimento de reestructurar un edificio a pocos kilómetros del centro y lo transformamos en una casa ecológica construida con calefacción por biomasa, instalaciones fotovoltaicas, paneles solares térmicos, paneles de corcho, contadores de calor termosolar, vidrios de baja emisión solar, pintura de bajo impacto ecológico, etc. El confort para el habitante es alto y los gastos están en la media. Un estudio de Arpa Lombardia demuestra que esta casa cuesta sólo entre 1,7 y 2,5 % más que una casa normal, pero se consume 70 kwt al año en un metro cuadrado contra 160- 180 de un edificio común”.

LAS CONQUISTAS QUE FALTAN

Pese a los avances hay criterios que aún deben cambiar, según Giulio Sapelli: “La empresa es un bien común y el empresario un innovador. Lamentablemente en los últimos años este valor se ha perdido para exaltar la figura del empresario como un financiero de asalto, que en vez de construir hace malabares en los mercados con el único objetivo de maximizar la ganancia inmediata. Lo ayuda algunas instituciones financiaras con la complicidad de una exuberancia irracional de las bolsas de mercado”.

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La mayor parte de los bancos aún están lejos de la economía real y tienden a producir sólo ganancias para satisfacer los mercados bursátiles y no los bienes que son comunitarios. Los bienes comunes, como los recursos naturales, las artes, las ciencias, la arquitectura y la paz, necesitan de tutela.

“No se puede hipotecar el futuro”, dice Riccardo Petrella, presidente del Comité italiano para el Contrato Mundial del Agua. “Creemos que es posible financiar los recursos que son de todos y salvaguardarlos. Para lograrlo es necesario revaluar la fiscalización como instrumento de redistribución de la riqueza, reinventando los institutos financiaros de tipo cooperativo en función de las economías locales, y realizando una gestión más eficaz de los proyectos de cooperación internacional”.

La responsabilidad individual es otro ámbito de conquista. La lógica consumística de cada persona debe alejarse del consumismo sin sentido y acrítico. Es imposible aplicar la idea de ahorro de energía, de eficiencia y de fuentes renovables con un modelo basado en el derroche. La riqueza de hoy ya no es el dinero en sí, es la calidad de vida de todos, de los que vivimos ahora y de los que vendrán.

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Más información sobre Terra Futura 2005 en www.arcoiris.tv (en italiano) y el en portal www.terrafutura.it.

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