May 29 2012
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OpiniónSociedad

La nueva situación política en Chile

En poco tiempo se han desarrollado los elementos centrales que configuran una nueva situación política, que anuncia una recomposición del campo de fuerzas y se comienza a establecer los límites de lo posible y necesario en este ciclo democratizador que nace y que recompone y recrea las esperanzas de avanzar a un nuevo proyecto democrático para las mayorías.| ADOLFO CASTILLO.*

 

Desde que las fuerzas oligárquicas usurparán a sangre y fuego el poder legítimo a un presidente electo democráticamente, en 1973, y llevaran adelante un proyecto depredador, antinacional y anti popular, una intensa confrontación ha tenido lugar desde entonces, conflicto que en ocasiones ha sido abierto, y otras larvado, soterrado.

 

Ese conflicto ha permanecido oculto en medio de los dolores de la sociedad, y ha estado latente como una esperanza siempre renovada de que Chile puede ser distinto, donde a sus jóvenes se les quiera, se les brinde educación de calidad y accesible a todos, sin tener que endeudarlos por décadas; en establecimientos educacionales que se inspiren en el bien de Chile y no el lucro; donde a los adultos mayores se les trate con dignidad y vivan una vejez feliz acorde a los esfuerzos de toda una vida, o que los niños y niñas puedas vivir y crecer saludablemente en barrios acogedores, donde imperen de verdad los derechos humanos.

 

Un Chile donde se garantice la seguridad futura, y las riquezas naturales sean de todos los chilenos y no de dos o tres familias y de empresas transnacionales. Esas esperanzas han estado presentes siempre en el Chile transicional que doblegó a muchos a través del miedo y los hizo abdicar de sus esperanzas de construir un Chile verdaderamente para todos.

 

De todos esos cuentos de un Chile diferente, singular, exitoso, la gente no quiera saber nada más, y los datos que a borbotones aflorar día a día anuncian la recuperación de la dignidad tantas veces pisoteada por quienes han intentado corromper a la sociedad y buscado demostrar que se vive en el mejor de los mundos.

 

Diversas señales dan cuenta de la nueva situación política, que supone y exige a la vez de una nueva política. Es decir, quienes han creído que las cosas pueden seguir como antes se equivocan, pues se evaporan velozmente las certezas sociales sobre el orden que se ha intentado erigir.

 

Basta con mirar los hechos de los últimos días para concordar en la inminencia del cambio que tiene lugar: el movimiento estudiantil se reinstala como un actor protagónico de la política, que habla por la sociedad hastiada de los engaños de concertacionistas y aliancistas; en el PPD, la fracción oficialista es aplastada por el girardismo en un intento por escapar del destino que avizoran; el eje DC – PS se aferra a la figura de Bachelet como última esperanza de futuro, en un espectáculo grotesco, como crónica de una muerte anunciada; la encuesta CEP sigue ratificando lo que el país padece, que las instituciones del Estado ya no representan a las mayorías confirmado la sensación de vivir bajo un cautiverio permanente y al arbitrio de una constitución ilegítima que se reproduce gracias a los privilegios de una minoría que le rinde diaria pleitesía.

 

Por otro lado, los liderazgos que emergieron han perdido el encanto de un momento y desvanecido en el aire. En este marco, el triunfo de Josefa Errázuriz, en Providencia, marca la señal más potente de la crisis, pues no sólo es barrido el candidato del oficialismo concertacionista, sino el liberalismo ciudadano, ambos con incomparables poderes frente a la líder social. Se siente en el aire que algo cambió muy profundamente esa noche de la victoria ciudadana y democrática.

 

Vivimos el desarrollo acelerado de una nueva situación política, donde los jóvenes serán determinantes en el Chile que irá emergiendo de la destrucción y saqueo al que ha sido sometido. Con seguridad los cantos de sirena ya no ejercerán el embrujo del mito de la alegría que venía en 1988, o del blufeo del desalojo que prometía el oro y el moro.

 

Como nunca es un momento para releer los procesos de continuidad y memoria histórica, para sacar las lecciones de lo que nos ocurrió y prepararnos para defender las conquistas democráticas que se avecinan.
——
* Director Académico ELAP-ARCIS

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1 Comentário

Comentarios

  1. Antonio Casalduero Recuero
    29 mayo 2012 19:54

    A esta altura se ha convertido en un cliché eso de que “los pueblos que no aprenden de su historia están condenados a repetirla”. Lo cierto es que el duopolio enquistado en el poder actualmente nada hace por renovar los “rostros” que regentan el congreso. Es muy posible que en las próximas elecciones, tanto parlamentarias como presidenciales, haya más de una sorpresa. La actual ley de inscripción automática, con un potencial de cuatro millones de nuevos electores, propine una bofetada al sistema imperante de los “profesionales de la política”, algo irracional en política, pues coarta el camino a las nuevas generaciones, con aporte de ideas distintas, más actualizadas, más progresistas. La proliferación de las llamadas “redes sociales” han universalizado muchos temas vitales, empezando por el cuidado del medio ambiente, el rechazo a la mercantilización de los recursos naturales, invasores inmisericordes de la naturaleza, la extrema desigualdad económica, la discriminación étnica y social a la hora de hallar trabajo, y otros más. No es una actitud antojadiza que tantas encuestas distintas cuestionen el sistema de las dos coaliciones aferradas al poder por más de dos décadas. Se requiere una urgente oxigenación de la política actual, en circunstancias que muchos medios se centran en ese “rechazo a la política”, lo cual es una falacia intencionada; lo que en realidad está cuestionado es el grupo de los enquistados y “apitutados”, siempre son los mismos, sin una mirada de cambio ni nada por el estilo. Hasta ahora el único que encaja en este paradigma de recambio es el joven excandidato Marco Enríquez-O. Quisieron demonizarlo, ridiculizarlo con las siglas de su apellido, ignorarlo, pero les sacó nada menos que el veinte por ciento en la última elección, algo impensable. Sin ánimo de objetarlo o halagarlo, lo meritorio ha sido su programa, el que incluyó hasta la eliminación del IVA a la cultura y su deseo de usar La Moneda como vivienda personal junto a su familia. ¿No ha sido algo novedoso?