Abr 4 2020
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Despacito por las piedras

LA PANDEMIA DEL COVID-19 ES EFECTO, NO CAUSA

La pandemia del COVID-19 (Coronavirus) no es la causa de lo que nos acontece. Es el efecto de una causa que viene de antes. Eso obliga a revisar la sociedad en la que vivimos y nuestros propios y contradictorios comportamientos. La foto principal muestra el caj贸n con un muerto por coronavirus en la puerta de una casa de Guayaquil, esperando que lo recojan, as铆 como tres centenares m谩s que quedaron tirados por las calles.

La 鈥渧uelta a la normalidad鈥 es por dem谩s improbable.

La pandemia del coronavirus est谩 sembrando el p谩nico en las sociedades de pr谩cticamente todo el planeta. Esta peste no fue el origen pero s铆 le dio visibilidad a situaciones que vienen de lejos y se la est谩 utilizando para justificar nuestros problemas actuales. El sistema de poder conf铆a en que todos los males -por 茅l producidos- se rediman, ocultos en el altar de esta pandemia.

La suma de nuestros males actuales, con la guerra comercial entre China y los EU, adoptaron algunas formas que comenzaron a causar miedo en el planeta. 脡ste no terminaba de acostumbrarse a las crecientes desigualdades sociales, el hambre, las migraciones poblacionales, las interminables guerras locales.

En muchos casos esas situaciones dejaron de ser consideradas como hechos sueltos y comenzaron a tomar fuerza algunas explicaciones globales que las asimilaban al fin de otros momentos hist贸ricos. 脡stos daban cuenta de los tiempos que precedieron a la terminaci贸n de una 茅poca y el comienzo de otra.

Con la aparici贸n de esta pandemia no pod铆an faltar las comparaciones con lo que ocurr铆a a fines del XIV con la 鈥淧este Negra鈥. Ella signific贸 el inicio del fin de un feudalismo que mostraba sus l铆mites y la aparici贸n del mundo moderno. Sobre sus bases se asentar铆a, unos siglos despu茅s, el capitalismo que llega hasta nuestros d铆as. Como producto de aquella pandemia, a las nefastas consecuencias de la muerte de millones de personas se le agregaba un creciente endeudamiento de buena parte de las ciudades europeas. Las espa帽olas, por ejemplo, deb铆an destinar alrededor de la mitad de su gasto p煤blico al pago de los intereses de tales deudas. El esfuerzo de esos pueblos engrosaban las arcas de mercaderes y financistas.

Sostienen los historiadores que aquella peste no hizo m谩s que agravar y poner en evidencia la decadencia que padec铆a aquella sociedad occidental.

Es muy dif铆cil no asemejar aquella situaci贸n a la actual 鈥渁ldea global鈥 controlada por un sector financiero que subordina y se sirve de aquellas actividades que m谩s ganancias le redit煤an.

Los Estados de Bienestar surgidos despu茅s de la Segunda Guerra Mundial perdieron fuerza y entidad ante los avances de las nuevas tecnolog铆as puestas al servicio de los sectores concentrados. El mercado pas贸 a decidir las pol铆ticas de los Estados. Su sistema comunicacional subordin贸, a esos mismos intereses, a la mayor parte de quienes acced铆an a ciertos escalones de las decisiones sobre cuestiones p煤blicas.

Im谩genes: los muertos inundan las calles de Guayaquil por temor al ...Esta peste dej贸 en evidencia dos cuestiones claves. Una que no somos los 煤nicos pobladores del planeta. Todo lo que hay sobre la tierra, en sus mares y profundidades forma parte del mismo universo y debe ser respetado. Segundo, un virus microsc贸pico hizo caer -como un castillo de naipes- creencias, instituciones y presuntas superioridades construidas durante decenas de a帽os por esta civilizaci贸n decadente.

Ahora el coronavirus pone sobre la superficie diversas manifestaciones de las crisis del actual sistema. Se trata particularmente de lo sucedido en estos 煤ltimos 5 siglos de modernidad. Se privilegi贸 una alocada b煤squeda de r谩pido crecimiento, sin preocuparse si eso serv铆a a toda la humanidad o a una m铆nima cantidad de humanos, en perjuicio de las inmensas mayor铆as y del planeta que nos acoge. Este proceso dej贸 grandes beneficios, pero tambi茅n graves riesgos. Hoy est谩n a la vista. De nosotros depende el rumbo futuro.

Las contradicciones de la sociedad y de nosotros

Ante la gigantesca universalidad del mal que explot贸 ante nuestros ojos, la sociedad y cada uno de nosotros tiene la tendencia natural a negarla y esperar que la 鈥渘ormalidad鈥 vuelva las cosas a su lugar. En el medio somos protagonistas de los gestos m谩s sublimes junto a otras actitudes que averg眉enzan a la humanidad.

As铆 es como la mayor铆a de los dirigentes de esta sociedad, al frente de gran parte de los Estados, esperan que 鈥減ase鈥 esta situaci贸n para que todo vuelva a ser como antes. Da la impresi贸n que est谩n decididos a no escuchar lo que la realidad les dice en su propia cara.

鈻 El buque hospital USNS Comfort, con mil camas, llega a Nueva York聽 para聽 aliviar la sobrecarga por el virus de otros nosocomios.

No quieren entender que la b煤squeda de mayor ganancia, eje del mercado, atenta contra la vida y el futuro. Que la disociaci贸n entre las conveniencias del mercado y las necesidades de la naturaleza, que no puede reponer el desgaste al que es sometida, pone en riesgo la continuidad de la humanidad.

As铆 es como, entre otros temas, est谩 la descomposici贸n de monta帽as de pl谩sticos cuyos efectos debilitan a bacterias que contribuyen al ox铆geno que permite la respiraci贸n de la vida mar铆tima y terrestre; la deforestaci贸n que contribuye a los dram谩ticos cambios clim谩ticos; los cultivos asociados a los agrot贸xicos que agreden a la salud y existencia humana.

Sobre esos 鈥減ies de barro鈥 est谩n asentados los 鈥渁vances del progreso鈥 de estos tiempos.

Estas contradicciones que viven las sociedades del mundo actual tambi茅n se manifiestan en algunos casos individuales. Se trata de la miserable, insolidaria e incre铆ble actitud de algunos miembros de la 鈥渢ilinguer铆a clasemediera鈥 que le hace bullying a personas que pueden padecer el mal del coronavirus o fueron aislados por prevenci贸n.

Esas actitudes discriminatorias llegan al extremo de haber obligado la mudanza de personal sanitario afectado a estas tareas, cuyo esfuerzo -otro sector de la sociedad- aplaude todas las noches.

Juan Guah谩n

 

 

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