May 13 2005
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Ambiente

La pesca, pero no sólo la pesca en el drama argentino

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los trabajadores argentinos –porque alguien tiene que pagar las fiestas que fueron y los latrocinios cometidos– cobran en la actualidad un salario real cuyo promedio ha caído no menos del 50 por ciento respecto del que cobraban en 1975.

No sólo esto les preocupa; la situación la analizan dentro del proceso de apropiación legalizada de los bienes de la humanidad, que se impone bajo la forma de la apropiación privada mundial de los recursos naturales, llevada a cabo por las empresas multinacionales (farmacéuticas, agroalimentarias, control del agua potable).

Un texto analítico emitido por diversas organizaciones académicas, políticas y sociales, formulado en enero de 2005, se abre con estas disquisiciones al entrar en el estudio de la situación de la pesca en el Mar Argentino. El documento, distribuido por la Red de medios alternativos, fue publicado por la revista 4 Semanas de Buenos Aires.

La depredación de los recursos pesqueros es preocupación fundamental de los ambientalistas, políticos serios, ecologistas y sectores que viven de la pesca artesanal en toda América Latina. En el mes de abril se reunió en Santiago de Chile la dirigencia de la Fundación Océana –organización internacional para la defensa de los mares y la vida marina– como una forma de plantear esta preocupación.

El estudio publicado por 4 Semanas destaca el intento estratégico de las economías más poderosas por adueñarse de las fuentes de agua dulce y del capital biótico mundial, localizado en un 92 por ciento en Asia, África y América Latina. Señalan que en Latioamérica un instrumento de esa política es la conformación del Área de Libre Comercio de América (ALCA).

En Argentina, puntualiza el documento, los recursos pesqueros no escapan a esta ideología de mercado. El Estado argentino ha demostrado estar más ocupado por responder a éstos intereses que por proteger los recursos vivos marinos, de propiedad social. Esta complicidad –Estado-sector privado, con el apoyo de la burocracia sindical– ha sido y es responsable del declive de los recursos marinos, y sus consecuencias inmediatas: menos pesca y más desempleo.

Pese a las voces de alarma ante la situacion –entre las que cabe mencionar la del Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero– no son escuchadas. Incluso –se asegura- el INDEP, que es un organismo oficial, si bien declama como tarea formular y ejecutar proyectos de investigación que aseguren la sustentabilidad de los recursos pesqueros, en la práctica su política institucional responde a las grandes empresas que pescan en los principales caladeros: calamar, langostino, merluza y merluza negra, con una estructura administrativa autoritaria que controla la publicidad de los resultados de las investigaciones.

La Ley de Pesca argentina, de 1998, habilita a los capitales del sector pesquero a repartirse los recursos en forma gratuita por medio de títulos de propiedad, por lo tanto también a venderlos, comprarlos o alquilarlos. Este sistema se denomina Cuota Individual Transferible (CIT), lo que en la práctica significa que las empresas extranjeras, con mayor capacidad financiera, se quedan con la mayor parte de los recursos pesqueros, pagando, incidentalmente, los salarios más bajos de la historia.

En los últimos seis años éstos sectores han presionado para que se lleve a cabo el sistema de cuotas transferibles. Aún no lo han logrado totalmente –aunque las cuotas de merluza se asignan por razones políticas más que biológicas– por causa de las enormes irregularidades existentes en los permisos de pesca, en las declaraciones históricas de captura, que son una de las bases por la cual se deberían determinar las cuotas y en la lucha entre sectores empresariales por obtener una mejor cuota.

fotoEL BASURAL EN LA RESERVA DE LA UNESCO

En Argentina suceden hechos tan absurdos que superan la ficción. En ningún lugar del mundo se propondría colocar un vertedero de basura en un área especialmente protegida por la UNESCO y por el Estado para preservar el ambiente. Sin embargo el intendente de la municipalidad de Mar Chiquita, pretende autorizar un predio de disposición final de residuos dentro de la Reserva Parque Atlántico Mar Chiquita.

Los vecinos se encuentran preocupados por el peligro de contaminación de este sistema biológico que contiene la única albufera del país y una de las tres que hay en todo el mundo.

La laguna Mar Chiquita es desde 1996 Reserva Mundial de la Biosfera, declarada por la UNESCO y está incluida en el régimen de Parques y Reservas Naturales de uso múltiple y refugio de vida silvestre.

Bajo la vieja premisa de que lo que no se ve no existe, el intendente buscó una fracción de campo donde ya se realizaron las cavas para enterrar los residuos. No sólo las leyes de la lógica indican que el lugar menos indicado para realizar actividades contaminantes sean estos reservorios de flora, fauna, aire y paisaje.

La biodiversidad de este paraíso natural es inmensa. El número de especies de aves registradas en este humedal llega a 168, más otras 38 especies de aves migratorias provenientes de América del Norte, Suramérica y la Patagonia.

Se destaca también por albergar a la lagartija de los médanos y otras especies dunícolas endémicas, además del zorro gris, carpinchos y una gran variedad de artrópodos. La riqueza íctica está representada por 53 especies de peces continentales y marinos.

Si se analizan someramente lo que acarrearía la instalación del basural en la reserva llegaremos a consecuencias terribles como la contaminación de la laguna y la muerte de aves que se alimenten en el vertedero de residuos. La propuesta ambiental y turística de la municipalidad es instalar un basurero.

El partido de Mar Chiquita comprende 3.196 kilómetros cuadrados, por lo que la reserva, que ocupa cerca de 26.500 hectáreas, representa un porcentaje menor al 10 por ciento del total del territorio. Es decir que al intendente le queda más del 90 por ciento de la superficie para realizar el relleno sanitario. No se puede entender por qué se empeña en hacerlo dentro de un área ecológica protegida con una importante área inundable. Llama la atención además la presencia de un canal desagüe de los excesos de lluvia.

Inexorablemente los líquidos que se producen por el proceso de putrefacción de la basura y los agentes contaminantes van a ir por este canal a la laguna Mar Chiquita. La contaminación no sólo llegara a la laguna y a los campos vecinos, sino que los recursos de agua subterránea se hallan a poca profundidad y al estar íntimamente vinculados con las aguas superficiales que las alimentan en épocas de lluvia, por lo que son fácilmente contaminables.

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* Fuentes

Revista 4 Semanas (www.4semanas.com.ar).

Portal Ecoportal (www.ecoportal.net).

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