Ago 19 2005
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Cultura

La poesía es una gasa que te envuelve para siempre

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Conocí a Gino en Buenos Aires. Dos extranjeros en la ciudad que atrapa y que, de muchas formas, no te deja con el tiempo de ser más que otro de sus prisioneros y amantes. Él era fotógrafo de la Editorial Perfil, yo empezaba a trabajar en la revista “Caras”. Debe haber sido en los últimos años de la década de 1981/90. No recuerdo si todavía fumaba o luchaba contra las ganas de seguir fumando. Como fotógrafo era de los mejores.

Y también era –por cierto lo es todavía– un representante de la escondida y perseguida especie que llamamos hombre bueno. Sin embargo por años sólo intercambiamos los chismes de cualquier redacción. Recién a medidados de la década siguiente comenzamos a ser amigos. A compartir en casa la cena –que a veces él cocinaba–, la copa de vino, el café, las discusiones sobre política, afectos, problemas.

fotoRecién entonces –como confesando una inseguridad– me contó que había decidido escribir; pero no mostraba lo escrito. Una vez me dejó un texto: el capítulo de una novela o la página de un Diario; recuerdo que habíamos estado –con otros amigos– hablando de Pavese y de Ungaretti.

Nunca lo escuché hablar mal de nadie. Y cuando pude, finalmente, leer algunas de sus poesías comprendí por qué. Ahora mi lucha es punzarlo para que no deje de escribir.

Los textos siguientes –uno también en versión italiana, no sé si escrito originariamente en su primera lengua o traducido del castellano– fueron tomados al azar. Brindan tanto la quieta posibilidad de una reflexión como la inqiuetante aventura del espíritu. En cierto modo la poesía de Gino Lovecchio es una gasa que te envuelve para siempre. La fotografía que abre esta crónica le pertenece.

RECUERDOS DEL RIACHUELO

Vaga el espacio y borbotea del pasado.
Muchas lunas y soles por la tierra de nadie
tuvieron los sueños de ojos bien abiertos.

Infinito del tiempo, misterio,
silencioso antro perpetuo.

Cual hombre enmudecido al ocaso
el grito vano del adiós gime,
maúlla inicuo –como gata en celo.

EL RIACHUELO AMORDAZADO

Lenta deriva
de la corriente fosca.
El río te espera, el río no perdona.

Acecha tus suaves cabellos,
tu piel de porcelana,
con las promesas de su verbo hosco.

Mira las aguas no cristalinas
como los anhelos de los hombres
que conociste. Y te tuvieron.

Promesas fugaces
a la sombra de tu aroma, mujer impía.
Después de poseerte, los hombres se marcharon,
cargando el manto del olvido
tras las aguas foscas y turbias.

LA CORTINA DEL PODER
Y LOS ERRORES DEL PASADO

 
Desde la ventana admiro
un róseo horizonte de paz.
Los hombres que no saben
amainan las velas
con mustios movimientos resignados.

 
Todo será igual ahora
sintiéndote libre.
Aún si, al ser feliz,
sonríes.

Allá, a lo lejos la vida árida,
Llena de inexplicables movimientos, ladra.
Oh, inconstancia de los designios.
Del querer y del silencio.

Aquellos que saben
trenzan un destino. Inexorable.

 
LA CORTINA DEL POTERE
E GLI ERRORI DEL PASSATO

Dalla finestra ammiro.
Roseo orizzonte di pace.
Gli uomini che non sanno
Ammaiano le vele
In mesti movimenti rassegnati.

 
Tutto sarà uguale adesso
Anche se tu ti senti libero
Anche se essere felice
Fa sorridere

Laggiù la vita brulle,
Piena di inspiegabili movimenti, ladra
Oh, incostanza dei propositi
Del volere e del tacere.

Quelli che sanno
Intrecciano un destino. Inesorabile.

 
NOSTALGÍA DE LAS ACEITUNAS FRESCAS

Cuando un hombre sale a dar lo mejor de si mismo
La fortuna le sonríe y los grillos cantan la alegría.
Como en aquel verano, lleno de sabores escondidos,
Remembrando con el paladar y buena nostalgia,
Las aceitunas recién cosechadas y frescas.

Cuantas memorias del alma hechas de magia,
así tanto he amado mi tierra y mi feliz niñez,
cuando con voz de dueño y mucho afecto,
mi padre observaba mi súbito crecer a la sombra
de las aceitunas verdes, cosechadas y frescas.

Son, esos momentos, imagen de raros recuerdos.
Cual inmenso océano, azul profundo,
laten como un mar nostálgico de olvidos.
Y traen el recuerdo de un dolor harto punzante,
Instalado de improviso, en el intelecto, sin un fin.

TRANSPOSICIÓN

Me inmolaré al fuego de la Biblia.
Seré judío, luego cristiano.
Y cuando la muerte
me conduzca del brazo, nada.

Solo ceniza que el tiempo igualará
a la luna y las estrellas.
Brillaré con ellas en el espacio infinito,
sin paraíso, ni infierno, ni tormento.

Morir en la eternidad de boca cerrada,
con el recuerdo de un planeta vivo
y no saber que un día
todos serán también polvo de estrellas
que vagarán en el perdido espacio 
olvidados de la Biblia y de los santos.

A UN AMIGO

Deja tus brazos cansado languidecer al costado de la mesa.
Ánima de alma de corazón extinto, confusas certezas,
suaves sueños de magnolias, rococó, Dior antiguo.
Tu aliento entrecortado, la divinidad del saber asiste
el vano grito de placer finito.

INFINITO

Como águila
vago espacio,
cielo, luces, silencios.

Silencio. Recuerdo.

Allí, las alturas concilian anhelos,
el hombre evoca y espera.
Y vibra con fuerza el infinito.

Alguna vez intrépido
he llenado los ojos de infinito.
Breve ensueño que el súbito
despertar desvaneció.

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