Sep 15 2008
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Economía

La Unidad Monetaria Sudamericana y la integración financiera regional

Oscar Ugarteche*, Aurora Vázquez**

El anuncio de Brasil y Argentina de que iniciarían su comercio binacional en moneda nacional ha sido la primera noticia latinoamericana orientada en el sentido de la integración financiera regional. La noticia dada el 5 de septiembre desde Brasilia enfatiza que se harán los pagos en moneda nacional entre ambos países a partir del 3 de octubre, pero no dice cómo se harán con los países más pequeños del MERCOSUR.
 
Este primer paso podría ampliarse con la utilización de una unidad de cuentas de referencia estable que no sea el dólar. En las últimas ocho semanas desde julio del 2008 a septiembre el tipo de cambio dólar euro ha pasado por una apreciación del dólar de 1.60 por euro a 1.40 por euro, sin que exista ninguna razón macroeconómica para explicar dicho movimiento. La inestabilidad de la moneda de dicho país es un reflejo de la inestabilidad de su economía y la incertidumbre sobre su crecimiento futuro.
 
Ante un contexto poco alentador en el que se habla de crisis financiera, energética, alimentaría y ecológica, se abre una brecha que permite el paso a nuevas estructuras que no sólo tienen impacto en la economía sino también en la política, en la sociedad y el medio ambiente, aunque ésta aún es muy pequeña, ya se han empezado a dar los primeros pasos y así es como Argentina y Brasil, cuya decisión de tener un intercambio comercial bilateral con sus monedas.
 
Recientemente en Buenos Aires se discutió la unidad monetaria sudamericana, una canasta de monedas análoga al ECU europeo que tiene como mérito mayor, ser estable ante las variaciones del dólar y del euro. A diferencia de la unión monetaria planteada por Brasil a partir del real hace tres años, la unidad monetaria es una canasta de monedas que le deja libertad de acción a los bancos centrales para el manejo de sus políticas cambiaria y monetaria dentro de ciertas bandas y con coordinación macroeconómica.
 
El comercio intra latinoamericano crece a tasas nunca vistas y es comercio de manufacturas. En la medida en que van ganando mayoría en el comercio total, como en el caso argentino, tener una unidad de referencia regional es conveniente y económica. Ahorra los costos de transacción de pasar por una tercera moneda y además desconecta la relación entre las monedas que comercian de una tercera moneda intermediaria cuyo valor es ser una referencia de precios.
 
La creación de una unidad monetaria, como ya vimos permite crear estabilidad económica entre los socios, favoreciendo el comercio intrarregional, al mismo tiempo que crea oportunidades y ventajas para un posterior desarrollo y crecimiento económico. Lo más importante es que permite pensar en la región como un ente autónomo listo para enfrentar los retos de la globalización financiera en otros términos, con unidad de criterios ante la incertidumbre..
 
* Investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM **Becaria del proyecto DGAPA-UNAM “Elementos para la integración financiera Latinoamérica”

 

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