Sep 20 2011
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Cultura

Lagos Nilsson / Yo, Violeta, de Mónica Echeverría

Resulta difícil de creer que la autora no se hizo una con el personaje capaz de decir "me voy cortando, una tras otra, las venas". Escribir un libro será —piensa uno— meterse dentro de sus personajes, correr sus riesgos, auxiliarse de la propia biografía para saber qué hay detrás, aunque detrás no haya lo mismo; tan distintos no somos unos de otros.

"Exigí y no recibí más que rechazos, portazos que me botaron al suelo y me quitaron toda esperanza. Tarde se han dado cuenta de lo duro y mezquinos que fueron, pero más vale tarde que nunca" (pág. 186). Para entonces Violeta Parra se ha disparado con el Smith&Wesson y sus sesos y restos de hueso han manchado cama y ventanas.

Puede que Yo, Violeta sea sólo una novela basada en una artista, pero puede que sea algo más; por ejemplo un libro que cierra, más que como novela, como hagiografía de carne del grito de una mujer y artista fundamentalmente incomprendida. Como tantas, ay, como tantas. Y tantos.

Yo, Violeta, Mónica Echevarría
Ed. Plaza Janés, Santiago de Chile, 2010

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