Dic 15 2008
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Política

Las incógnitas de Mumbai, las huellas del 11 de septiembre de 2001

Sebastián Pellegrino*

El Gobierno pakistaní está en la mira de los investigadores. Sin embargo, la tesis de un nuevo 11S obliga a recordar el anuncio de la Doctrina Bush y las promesas de Obama sobre política exterior. Los hechos ocurridos el 11 de septiembre de 2001 (11S), evidenciaron una política exterior estadounidense agresiva y con ansias de dominio planetario unipolar. Sin embargo, han pasado muchos años desde aquel martes, y el escenario internacional surgido pos 11S no ha sido del total agrado de Washington.
El actual Presidente de Estados Unidos parece empeñado en seguir enredando las pocas alternativas que existen para pacificar Medio Oriente y el Sur de Asia. Y no sólo eso. Los enredos se presentan hasta en sus propias palabras.

Veamos algunas declaraciones y vaivenes emocionales y retóricos de George W. Bush en relación a sus intervenciones militares:

“Debemos llevar la batalla al enemigo, perturbar sus planes y enfrentar las peores amenazas antes de que afloren". West Point, 1 de junio de 2002, anuncio de la Doctrina Bush.

"Gran parte de la información de inteligencia (sobre el arsenal nuclear iraquí) resultó equivocada (…) Como Presidente soy responsable de la decisión de ir a Irak, y también de solucionar lo que salió mal, reformando las capacidades de nuestra inteligencia". Minutos después agregó: "Nosotros no elegimos la guerra. Fue la decisión de Saddam". Discurso pronunciado el 14 de diciembre de 2005.

“Lo que más lamento de todo el período es el error de inteligencia en Irak”. Nueva confesión, realizada el 1 de diciembre de 2008, en relación a las inexistentes armas de destrucción masiva en el país del Golfo Pérsico.

"Con todas las acciones que hemos tomado en estos últimos ocho años, hemos establecido una base sólida sobre la que podrán basarse futuros presidentes y líderes militares (…)En los años venideros, nuestra nación debe seguir desarrollando las capacidades para llevar la lucha a nuestros enemigos en todo el mundo. Debemos permanecer a la ofensiva”. Esta vez, justificación de la Doctrina Bush por su mismo artífice, realizada el 9 de diciembre de 2008.

Barack Hussein Obama, sucesor a la presidencia del republicano y a la lógica “preventiva militar, ya mostró actitudes cercanas a los enredos de George.

Obama designó como miembros de su gabinete a un general retirado cercano a su ex rival republicano John McCain, a economistas partidarios del libre comercio y mantuvo al secretario de Defensa de Bush, Robert Gates. En política exterior, el flamante presidente electo prefiere volcar la “estrategia defensiva” hacia Pakistán, y centro de Asia.

Recientes palabras de Robert Gates sintetizan mejor las prioridades estadounidenses en materia militar: “Nuestras tropas han infligido un golpe tremendo a nuestros enemigos en Irak. Ahora, el general Petraeus (nombrado titular del Comando Central del Pentágono) pondrá la mira en nuestros adversarios de Afganistán, el Golfo Pérsico y Asia Central”. Además, Gates analiza si es viable enviar 20 mil soldados estadounidenses más a Afganistán.

¿Por qué tantas declaraciones ajenas al escenario indio? ¿Acaso no es éste un artículo sobre los atentados de Mumbai? Respecto al primer interrogante, hay que decir que la injerencia de funcionarios y altos mandos militares estadounidenses en la crisis diplomática entre India y Pakistán sólo ha generado mayor tensión.

Sobre lo último, cabe señalar que las recientes incursiones militares estadounidenses en territorio paquistaní (con misiles lanzados desde aviones no tripulados), plantean graves problemas sobre los efectos a corto y largo plazo en la seguridad regional y en el todavía frágil gobierno civil del primer ministro Yousuf Raza Gilani.

Pakistán se encuentra en un punto de inflexión en el que el nuevo gobierno intenta consolidar su posición mientras se enfrenta a una creciente insurgencia, en especial en las zonas tribales, y una crisis económica aguda. El país podría derivar hacia el desastre y el caos si Estados Unidos y sus aliados no recalibran su estrategia y optan por soluciones menos agresivas con vistas a la consolidación del gobierno civil.

Respecto a Afganistán, es importante la mención de Mohamed Hassan, especialista en Oriente Próximo, respecto a las dificultades con las que tendrá que lidiar Washington en los próximos meses: “La guerra que lleva a cabo Estados Unidos en Afganistán no se está desarrollando en absoluto como aquel querría. Después de cinco años la resistencia gana en potencia. De vez en cuando Estados Unidos y la OTAN tienen un éxito, pero cada vez más tienen que recurrir a los ataques aéreos”.

Últimamente las derrotas -o por lo menos las complicaciones- de Estados Unidos, no se dan sólo en el terreno militar. El acercamiento entre Rusia e Irán preocupa demasiado a Obama, quien llegó a plantear recientemente la posibilidad de renovar y ampliar los vínculos con el Gigante euroasiático para obligar a Teherán a dejar los proyectos de desarrollo nuclear.

“Es importante que retomemos de cero las relaciones entre Estados Unidos y Rusia (…) Queremos cooperar con ellos en los ámbitos que sea posible”, dijo el Presidente electo a principios de diciembre. Muchos analistas consideran tal opción como la alternativa principal de la estrategia global de Obama.

Lo cierto es que Irán también incluye la lista de “países peligrosos”, según los parámetros de la Casa Blanca y del próximo Presidente demócrata.

Comparemos las declaraciones de Obama, realizadas el 7 de diciembre, con sus promesas preelectorales de “cambio”: “Necesitamos una diplomacia dura pero directa con Irán, dejándoles muy en claro que su desarrollo de armamento nuclear sería inaceptable, que su financiamiento a organizaciones terroristas, sus amenazas contra Israel, son contrarias a todo lo que creemos”.

“Sin embargo, también tenemos que enfocarnos en los palos. Para que podamos cambiar la conducta de Irán, tal vez sea necesario que tengamos que endurecer las sanciones”, agregó en es oportunidad Obama.

Es imposible no pensar en el retorno del “Garrote y las zanahorias” a las entrañas de la política exterior estadounidense. Lejos de todo cambio, las expresiones del próximo Presidente condensan el lenguaje político de principios del siglo XX y el eco del republicano Teodoro Roosvelt, quien se adjudicara la resolución de problemas soberanos en Venezuela, Cuba y Panamá a los “palazos”.

Hay más argumentos y escenarios que hacen difícil pensar en la “nueva diplomacia” que planteó Obama durante la campaña presidencial. El caso más difundido en las últimas semanas es Somalia y las actividades de los piratas marítimos.

Una vez más el estigma de lo musulmán (y su ligera vinculación con Al Qaeda) servirá para mantener la intervención de un país estratégico desde el punto de vista comercial y energético para el mundo occidental.

Funcionarios estadounidenses analizan postergar el retiro previsto de las tropas que actúan en Somalia, por “temor a la expansión de la influencia de organizaciones radicales islámicas vinculadas al movimiento de Osama Ben Laden”.

A este escenario se suma la inminente puesta en marcha de los Africom, nuevo cuerpo militar estadounidense para el control regional de África, el cual formalmente se encargará de “mantener la estabilidad de los Estados africanos” y, según el periódico Stars and Stripes (Barras y Estrellas), combatirá problemas puntuales como “el tráfico de drogas, los ataques de piratas marinos, la inmigración ilegal y el tráfico de seres humanos”.

Las experiencias similares sobre creación de fuerzas para actuar fuera de Estados Unidos demuestran que, por lo menos, los objetivos manifiestos no suelen acompañar las reales intenciones y los resultados de tales proyectos.

En suma, existen pocos indicios para pensar en un rediseño de la política exterior estadounidense. En cambio, sí los hay para prever la continuidad e la Doctrina Bush, aunque reformulada por la próxima gestión de la Casa Blanca.

Y por supuesto que el tratamiento, las construcciones ideológicas y las intervenciones estadounidenses sobre la crisis diplomática entre India y Pakistán, hacen que los episodios de finales de noviembre en Mumbai formen parte de los indicios de continuidad señalados anteriormente.

Entonces, éste sí es un artículo sobre los atentados de India, pero que aborda los posibles intereses ajenos a las disputas nacionales y étnicas entre India y Pakistán. De ésta manera puede explicarse la conceptualización de un nuevo 11S y la revitalización de la “doctrina militar preventiva contra”.
 

*Agencia Periodística del Mercosur

 

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