Jun 12 2008
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Política

Las mujeres y el derecho de las comunidades indígenas, una nueva batalla

Kelly Phenicie *

En los últimos años, los siglos de lucha por los derechos indígenas se han topado con una interrogante: ¿Debe ponerse en vigor el derecho de las comunidades indígenas a la autonomía y el derecho comunal, aun si pone en riesgo los derechos de las mujeres?

Muchas organizaciones  han luchado para proteger el derecho de los pueblos indígenas al derecho comunal. Aparte de las instituciones estatales, las poblaciones indígenas normalmente celebran asambleas locales que ellas consideran como la autoridad política y judicial dentro de su comunidad, una práctica que los activistas se esfuerzan por proteger a fin de conservar la identidad y costumbres indígenas frente a la cultura occidental.

Sin embargo, estas asambleas suelen tener mentalidades y regulaciones sexistas, y dejan a las mujeres indefensas contra la violencia por motivos de género y sin voz en la toma de decisiones importantes. Aunque una mujer puede fácilmente acudir a la asamblea de la comunidad para un problema relacionado con robo, está obligada a ir al gobierno cuando es golpeada o violada por su esposo, pues muchas mujeres dicen que son ridiculizadas por los líderes de su comunidad por este tipo de quejas.

"La asamblea sostiene que no resuelve los llamados ‘problemas domésticos’”, dijo Carmen Ugarte Leandro, directiva de la Coordinadora Regional de Comunidades Afectadas por la Minería (CORECAMI) en Lima, Perú. "¡Esos son problemas domésticos! Tienes que conversar con el gobierno local", dijo, remedando la típica respuesta de la asamblea comunal. "La mayor parte del tiempo no nos toman importancia [a las mujeres]".

Pero las instituciones estatales no siempre ofrecen una solución favorable, pues están igualmente plagadas de una fuerte mentalidad machista, baja representación femenina y, a menudo, racismo contra lo indígena.

A la luz de la injusticia que enfrentan estas mujeres, expertos y organizaciones de derechos indígenas tienen ahora que escoger entre invadir la autonomía de los pueblos indígenas, instándolos a ser más igualitarios, o alentar a estas comunidades a seguir con sus antiguas y amenazadas costumbres.

Una nueva opción

La organización de desarrollo y derechos indígenas IBIS, con sede en Dinamarca, se ha puesto del lado de las mujeres, realizando talleres y seminarios para organizaciones más pequeñas de mujeres indígenas en Bolivia, Ecuador y Perú, para que las participantes estén conscientes de sus derechos básicos y cómo ejercerlos, dando así a las mujeres una nueva opción al responder a la violencia.

La organización dice que aunque la tasa de divorcios en las comunidades donde trabaja ha aumentado, las mujeres están agradecidas por su apoyo, diciendo que ahora disfrutan de un nuevo sentido de independencia.

Este año, IBIS ayudó a líderes de organizaciones locales de mujeres a reunirse, intercambiar ideas y llevar su agenda a la Tercera Cumbre de los Pueblos celebrada en Lima, Perú, a mediados de mayo, donde se reunieron con otras mujeres y organizaciones para manifestarse sobre sus derechos en cuestiones de género. La cumbre fue un encuentro alternativo a una cumbre bienal de líderes de gobierno de América Latina y el Caribe y la Unión Europea realizada en Lima en los mismos días.

En talleres realizados cada jornada, las mujeres discutieron sus preocupaciones en torno a los problemas y desafíos que enfrentan. Pese a la distancia entre sus comunidades —desde las alturas del Altiplano boliviano hasta la selva ecuatoriana— las mujeres compartieron historias similares de injusticia y frustración con el statu quo así como un entusiasmo común por suscitar el cambio.

Aparte de la alta incidencia de violencia y discriminación contra las mujeres, todas las participantes identificaron diversas cuestiones de importancia que afectan a las mujeres en Bolivia, Ecuador y Perú, entre ellas la falta de oportunidades económicas y capacitación laboral así como la débil participación de las mujeres en los organismos de toma de decisiones en los planos local, nacional e internacional, debida a veces a altos niveles de analfabetismo entre las mujeres, mantenido por políticas estatales exclusivistas y machistas que impiden una educación igualitaria.

Las participantes de Bolivia y Ecuador mencionaron también la incapacidad de las mujeres para expresar sus opiniones sobre cuestiones como los tratados de libre comercio y la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA), así como el impedimento legal de las mujeres para heredar tierras.

Las mujeres bolivianas sostuvieron que pese a que hacen la mayor parte del trabajo en la tierra, sólo los hombres pueden legalmente heredarla, debido a tradiciones comunales o incluso ciertas leyes estatales. Esto, aparejado con la falta de oportunidades de empleo y capacitación laboral, las hace forzosamente dependientes de los hombres en las comunidades.
 
Pero estos problemas no son propios sólo de este pequeño grupo de mujeres que se levantan contra las tradiciones comunales; más bien las participantes reflejan el clamor de muchas mujeres indígenas a lo largo y ancho de sus países y posiblemente gran parte de América Latina. En todos los talleres las participantes confirmaron que la mayoría de las mujeres sufre de estos mismos problemas, particularmente violencia doméstica.

Gladis Vila, de Huancayo, en los Andes centrales peruanos, dijo que durante uno de los talleres que su organización realizó para mujeres locales, llegó un momento en que, después de sus risas y plática amistosa, se generó un lazo afectivo.

"Todas lloramos porque en algún punto de nuestras vidas alguien había sido violento con nosotras. Si no fue un esposo, fue un padre; si no fue un padre, fue un hermano; si no fue un hermano, fue un líder de asamblea. Pero todas nosotras habíamos sufrido violencia", dijo.

Falta de solidaridad

Sin embargo, de manera muy parecida a la revolución feminista en la cultura occidental, no todas las mujeres indígenas están a favor de sus propios derechos. Por el contrario, todas las participantes coincidieron en que la falta de solidaridad entre las mujeres indígenas es uno de los más grandes obstáculos que enfrentan para promover los derechos de las mujeres.

Iderosa Buendía, de la población asháninka en la selva peruana, sostuvo que la mentalidad prevaleciente entre las mujeres indígenas es todavía ?si somos mujeres debemos soportar los golpes de los hombres?.

Vila añadió que "como mujeres no nos apoyamos mutuamente, sólo añadimos más leña al fuego", y mencionó también los torturantes celos entre las mujeres, ante lo cual las demás participantes movieron la cabeza expresando su asentimiento.

A medida que más mujeres compartían sus historias, los asentimientos afloraron. Las participantes hablaban enérgica y elocuentemente sobre sus experiencias y creencias a fin de alentar a sus demás compañeras.

Una participante del Perú que tiene una bebe dijo que en su comunidad todos la presionan para casarse, diciendo que le será difícil encontrar alguien que cuide de ella. Pero ella aseveró reciamente que si sale con un hombre, tiene que aceptarla tal como es. ¿Por qué tendría ella que casarse? ¿Para que él pueda empezar a pegarle?

Otra mujer de Bolivia dijo que uno de los más grandes retos para las organizaciones locales de mujeres es que las participantes tienen primero que consultar con sus esposos, que no están de acuerdo. "Las mujeres no se animan a acudir porque tienen miedo". Si desobedecen a sus esposos, por lo general las golpean.

Pese al poderoso entusiasmo de las mujeres en el taller, Karen Escudero, asesora de género de IBIS Perú, confió que su más grande temor es que éste disminuya cuando regresen a sus comunidades.

Juntas, las mujeres encuentran consuelo al saber que no están solas y al compartir sus historias con otras que pueden simpatizar con ellas. Pero al regresar a sus comunidades, también vuelven a una constante batalla cuesta arriba.

Aunque hay todavía muchas preguntas y obstáculos sobre cómo suscitar el cambio, es claro que la búsqueda de la igualdad continuará para estas mujeres a medida que exijan a activistas y expertos que reconsideren si realmente vale la pena preservar todas sus tradiciones.

* Publicado en Noticias Aliadas

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