Sep 4 2004
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Cultura

Las mujeres y la mala suerte

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

fotoLos griegos consideraban de mal ag√ľero que una mujer sola fuese la primera en entrar a un bosque. Los romanos recogieron esta superstici√≥n y le a√Īadieron la prohibici√≥n de que acompa√Īaran a las partidas de caza. Entre los marineros ha sido creencia firme el considerar que la mala suerte sube al barco acompa√Īando a una mujer. Incluso el que una se√Īora se pusiera una gorra de marino ha sido tradicionalmente interpretado como un mal ¬ęfario¬Ľ para el buque.

Curiosamente los mascarones de proa de los veleros reproduc√≠an en muchas ocasiones las formas de una mujer. Si la figura era da√Īada, se ca√≠a al mar o sufr√≠a cualquier contratiempo se consideraba el preludio de un naufragio. El mascar√≥n de proa, en las creencias marineras, iba unido inseparablemente a la nave. En los desguaces de los veleros nadie solicitaba llevarse ese recuerdo, en ocasiones verdaderas obras de arte. Se lo consideraba el esp√≠ritu del barco y el √ļnico elemento femenino con permiso para permanecer a bordo.

Los mineros repiten una historia parecida. La p√©rdida de una veta o el riesgo de derrumbes eran las previsibles consecuencias de la bajada de una mujer a las entra√Īas de la tierra.

Otras explicaciones a esta serie de creencias ponen el acento en que el origen de la prohibición buscaba evitar enfrentamientos en trabajos rudos donde el aislamiento y la fortuna tienen un peso importante.

En ocasiones, la discriminaci√≥n ha sobrevivido intacta hasta nuestros d√≠as en Espa√Īa. Fue el Tribunal Supremo el que hubo de dictaminar el derecho de las mujeres a pescar en el lago de La Albufera. Desde que en 1353 el rey Pedro de Arag√≥n otorgara los Reales Privilegios de pesca a la ciudad de Valencia y en 1857 la exclusividad recayera sobre la Comunidad de Pescadores de El Palmar, s√≥lo hombres han sido los que han podido faenar en La Albufera. La pesca en el lago se ha regido siempre por el derecho consuetudinario. La tradici√≥n manda.

S√≥lo los hijos de los pescadores, respaldados por alg√ļn socio, pod√≠an formar parte de la organizaci√≥n. Ni siquiera los nietos varones, descendientes de hijas de pescadores de la comunidad, han tenido acceso al privilegio de la pesca. El art√≠culo 14 de la Constituci√≥n, que prohibe cualquier discriminaci√≥n por raz√≥n de sexo, fue el contundente argumento utilizado por el Supremo para inhabilitar la tradici√≥n en el contencioso de La Albufera.

Impureza femenina

La sangre menstrual ha sido uno de los condicionantes m√°s fuertes a la hora de impedir que la mujer fuese admitida como miembro de pleno derecho en la sociedad. La ¬ęimpureza¬Ľ derivada de esta situaci√≥n era y es el argumento esgrimido para evitar, por ejemplo, que la mujer manipulara la carne de cerdo durante la matanza.

La mitolog√≠a popular sostiene tambi√©n que no es conveniente que una mujer riegue las plantas durante el per√≠odo. Cortarse el pelo en esos d√≠as puede acarrear esterilidad. De la misma forma tiene prohibido asistir a la fermentaci√≥n del mosto en las bodegas. La ¬ęimpureza¬Ľ podr√≠a agriar el vino o dotarlo de aromas extra√Īos.

La religión ha servido también como un justificante de la desigualdad. Hasta hace pocas décadas una mujer con la regla no podía entrar en una iglesia ni comulgar. Entre los musulmanes no puede pisar una mezquita, están exentas de las cinco oraciones diarias y tienen prohibido tocar el Corán.

Los cristianos ortodoxos, por su parte, consideran que durante la menstruaci√≥n la mujer no puede besar iconos. Los seguidores del calendario antiguo son a√ļn m√°s severos. Las mujeres han de asistir a misa con la cara lavada, el cabello cubierto y faldas hasta los tobillos. Durante la ceremonia han de quedarse de pie.

La iglesia ortodoxa, al igual que las sinagogas jud√≠as, dividen a los fieles en las homil√≠as. Las mujeres a la izquierda, los hombres a la derecha. Entre los ortodoxos, al igual que los cat√≥licos, la mujer puede buscar el auxilio espiritual de una monja, pero la oraci√≥n de absoluci√≥n de los pecados s√≥lo puede ser hecha por un sacerdote. Tampoco en esta confesi√≥n ninguna mujer puede entrar en el hiero (sacrist√≠a) pues se las considera impuras. La √ļnica excepci√≥n es la se√Īora de la limpieza a la que el pope bendice y purifica antes de cada fregada de suelos.

fotoCirugía contra el mal

Quiz√°s la discriminaci√≥n m√°s cruel y peligrosa sea la de la ablaci√≥n clitorideana. La tradici√≥n es, de nuevo, la raz√≥n m√°s invocada a la hora de explicar la mutilaci√≥n genital femenina. En ocasiones esta pr√°ctica se considera necesaria para certificar el paso de la ni√Īez a la edad f√©rtil. El control de la sexualidad femenina es otro de sus motivos.

Con la ablación se mitiga el deseo sexual de la mujer y, por lo tanto, se reducen las posibilidades de infidelidad. En algunas sociedades es imposible que una mujer se case si no se ha sometido previamente a esta práctica. La limpieza y la higiene son otras tantas excusas que buscan justificar esta práctica bárbara. En algunas sociedades africanas a las mujeres no mutiladas se las considera impuras y no se les deja manipular el agua.

Otras creencias mantienen que los genitales femeninos crecen durante toda la vida y que por comodidad es conveniente cercenarlos. El cl√≠toris cuenta con su propia mitolog√≠a y las versiones que lo consideran peligroso son comunes. Seg√ļn √©sto el hombre podr√≠a correr peligro de muerte si lo toca con su pene. Otra versi√≥n mantiene que el beb√© pudiera malograrse si lo roza con la cabeza durante el alumbramiento.

La forma m√°s brutal de ablaci√≥n es la infibulaci√≥n, tambi√©n conocida como circuncisi√≥n fara√≥nica. A las ni√Īas v√≠ctimas de esta pr√°ctica se les cortan los labios mayores y el cl√≠toris. Las superficies carnosas resultantes se unen para que al cicatrizar cierren la vagina. En ocasiones se cosen directamente. El √≥rgano sexual femenino queda reducido a un agujero por el que la v√≠ctima podr√° orinar y expulsar los flujos menstruales.

Esta mutilación hace que el primer acto sexual se convierta en una tortura. Es necesario volver a agrandar la vagina, por lo que se practican cortes que permitan la penetración. Después del alumbramiento es habitual volver a coser la vagina de la mujer.

Aunque la pr√°ctica de la ablaci√≥n y de su variante m√°s agresiva, la infibulaci√≥n, es anterior al Islam, hoy d√≠a la mutilaci√≥n genital femenina se relaciona con esta religi√≥n. Quiz√°s la culpa de este hecho recaiga sobre los propios l√≠deres isl√°micos, que no se muestran un√°nimes a la hora de condenar esta pr√°ctica. Si bien es cierto que El Cor√°n no contiene ninguna defensa de la ablaci√≥n, algunos proverbios atribuidos a Mahoma recogen la opini√≥n del profeta. Seg√ļn la misma fuente la respuesta dada fue ¬ęreduce pero no destruyas¬Ľ con lo que se dejaba la puerta abierta a una forma leve de mutilaci√≥n.

La ablación, que pudiera parecer una práctica lejana, se practica en Europa. La llegada masiva de inmigrantes subsaharianos al viejo continente ha traído también esta práctica ancestral a nuestro suelo. Las fiscalías de Londres y París ya han puesto en marcha procedimientos legales para erradicar lo que nuestra civilización ha tipificado como una violación a los derechos de la mujer.

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* Periodista espa√Īol.

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