Dic 22 2006
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Economía

Las noticias cuentan historias, – LAS COLUMNAS OTRAS DIFERENTES

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Tomen, por ejemplo, “El Daño del Hambre”, un artículo de la reportera del Herald Nancy San Martín que apareció en el periódico el 11 de diciembre. Este excelente trabajo comienza con la historia de Antonio, un niño de tres años en Guatemala que sufre de desnutrición y cuya “piel manchada es delgada y le cuelga, como la de un viejo que se ha encogido”.

El artículo prosigue y revela que Guatemala posee el numero seis de las más altas tasas de desnutrición en el mundo (y la más alta de este hemisferio), mayor que la de muchos países más pobres. Un médico guatemalteco llama a la desnutrición, que afecta con dureza especial a la población indígena, un problema “constante”. Un problema que provoca la muerte y profundos daños físicos y mentales.

La solución es la prevención por medio de una mejor alimentación para los pobres rurales. De no hacerse esto, al menos algo debe hacerse para mitigar el daño. Pero según la noticia del Herald, muchos niños gravemente desnutridos no recibieron siquiera esto, porque “el tratamiento cuesta unos $900 dólares por niño, y aunque a los padres se les pide que cooperen con solo unos $40 dólares del costo, esa es una pequeña fortuna en una nación donde la distribución del ingreso es muy desigual, y hasta 75 por ciento de la población rural, fundamentalmente indígena, vive con menos de $2 dólares al día”.

Guatemala, por supuesto, no es uno de los países que se ha pasado a la izquierda. Es más, evidentemente allí no hay ningún clon de Chávez entregando subsidios “populistas” a los pobres, especialmente a los indios pobres. Sí, el pueblo de Guatemala estaba adelantado a su tiempo cuando en la década de 1940 eligió a su propia versión de Chávez, mucho más callada: el social demócrata Jacobo Árbenz, quien estaba comprometido con la reforma agraria y la justicia social.

Pero lo que los guatemaltecos obtuvieron a cambio fue una contrarrevolución exitosa organizada por la CIA contra el gobierno elegido y décadas de horrorosa represión durante la cual fueron asesinados cientos de miles de indios guatemaltecos. Incluso después del regreso de la democracia electoral, los que se han atrevido a denunciar a los asesinos son asesinados.

¿Extraña a alguien que los guatemaltecos estén renuentes a votar por la izquierda? La intervención extranjera, la limpieza étnica y décadas de represión han enseñado una lección a los guatemaltecos, y evidentemente la han aprendido. ¿Pero por cuanto tiempo y a qué costo?

Muchos otros países de Latinoamérica no aprendieron la misma lección o la han olvidado desde las décadas oscuras de las guerras sucias y las desapariciones. Hay muchos factores que explican el ascenso de la izquierda en Latinoamérica, pero la desigualdad y la injusticia social, que se muestra en formas extremas en Guatemala aunque presente en casi toda la región, seguramente son de los más principales.

La cobertura de la región por parte del Herald, para orgullo del Herald, refleja acertadamente los hechos acerca de la pobreza y la injusticia en Latinoamérica. Sin embargo, cuando se trata de las páginas de opinión, es una historia totalmente diferente.

Revisen las colaboraciones de los tres columnistas del periódico que se concentran en Latinoamérica, Andrés Oppenheimer, Marifeli-Pérez-Stable y Carlos Alberto Montaner; les será difícil a ustedes encontrar una sola cosa acerca de la injusticia social, la desigualdad y la pobreza, o su posible vínculo con tendencias políticas. Ni tampoco encontrará un análisis o explicación, por ejemplo, de las razones para las sucesivas victorias de Hugo Chávez en las urnas.

¿Qué es lo que encontrará?

– Mercado libre, retórica ideológica en pro de la democracia y retorcerse de manos (Abandonen el populismo; adopten el mercado”, Marifeli Pérez-Stable, 3 de octubre). El más reciente artículo, acerca de Nicaragua, es un buen impulse para la próxima aseveración, ya que contiene la siguiente declaración: “Tener nuevamente a Ortega al timón es una pesadilla”.

– La demonización de líderes de izquierda, solos (“Ecuador marcha rápidamente al precipicio”, Carlos Alberto Montaner, 3 de octubre) o en combinación (“Ortega en el camino del chavismo ”, Carlos Alberto Montaner, 14 de noviembre “Los locos dispuestos a la destrucción”, el mismo autor, 10 de octubre) y desprecio por el pueblo que los elige (“Las naciones tienen el gobierno que merecen”), Carlos Alberto Montaner, 31 de octubre).

– Pensamiento desiderativo (Andrés Oppenheimer, 10 de diciembre “La ‘izquierda’ latinoamericana se ha estado desplazando a la derecha”, y “Derrota de Lula no es impensable”, 5 de octubre).

El premio por este tipo de “análisis” es para Andrés Oppenheimer, quien al perder la esperanza de que Chávez fuera derrotado en las urnas, trata de lanzar un golpe preventivo para socavar la legitimidad de las elecciones publicando una columna la víspera que cuestiona la victoria de Chávez aún antes de que esta sea consumada (“Victoria contaminada espera por Chávez”, 30 de noviembre).

El margen de victoria de Chávez, 62 por ciento por 38 de su adversario, y la aceptación de la derrota por parte del candidato de la oposición, hacen lucir a Oppenheimer como un tonto, lo cual puede ser la razón por la que desde entonces no ha escrito acerca de Venezuela.

Estos son sólo algunos ejemplos. No hay, por supuesto, ni una palabra acerca de los muchos Antonios en Latinoamérica en ningún tipo de estos análisis y muy poco acerca de las realidades sociales que subyacen en los avances de las distintas tendencias de la izquierda en Latinoamérica. Cuando se trata de Latinoamérica, el Herald parece servir a dos amos: al periodismo, como se refleja en su cobertura, y a los electores de la extrema derecha de Miami cuyas opiniones son amplia y monolíticamente reflejadas en las páginas de opinión.

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* Periodista. En www.progesosemanal.com.
majcastro@gmail.com.

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