Nov 2 2009
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Opinión

Las pinzas apretan en Honduras

Néstor Francia.*

¿Dónde estará la trampa? El acuerdo desmejora lo previsto en el Acuerdo de San José y, mientras Shannon adereza el guiso, los congresistas hondureños montan la olla. Zelaya responde con advertencias tajantes, pero la realidad indica que se golpea al movimiento popular hondureño. Surge, en otro ámbito, una entente oolombia-oposición venezolana. El "show" debe continuar

El pasado jueves en la noche tardía un amigo nos llamó para informarnos que se había llegado a un acuerdo en Honduras, sin darnos detalles. Después de un instante de sorpresa, nuestra primera reacción fue preguntar: “¿Y dónde estará la trampa?”. Nos dimos entonces tiempos para recibir nuevas noticias.

El viernes en la noche ya había recibido algunas, así que en nuestro programa de ANTV planteé tres cosas:
1) El acuerdo Tegucigalpa-San José-Diálogo de Guaimuras es el mismo acuerdo de San José, pero desmejorado;
2) Expresamos nuestros deseos, no obstante, de que sirviera para traer paz a Honduras;
3) Dejamos en claro, sin embargo, nuestras grandes dudas sobre los resultados del acuerdo.

Hoy el panorama es un poco más claro y nos permite ratificar nuestros temores de que se le ha tendido una trampa al pueblo de Honduras, y que sin importar lo que pase en torno a las decisiones de los negociadores, al final solo se habrán cumplido los planes del imperio después del golpe de Estado (recordemos: Plan A, Acuerdo de San José; o Plan B, dar largas y reconocimiento paulatino de las elecciones del 29 de noviembre). El acuerdo de ahora, como dijimos arriba, es una versión desmejorada del acuerdo de San José.

De hecho, el tema sobre la restitución de Zelaya pasa a ser el quinto en la lista, después de haber sido el primero. Además, dejó de ser inequívoco. En el acuerdo propulsado por Arias, se estipulaba la restitución inmediata del presidente legítimo. Ahora el asunto se pone en manos del Congreso Nacional, el mismo que aprobó el golpe de Estado. Sobre esto, el vicesecretario para América Latina estadounidense, Thomas Shannon, afirmó:

“Es el tema que va a ser más provocador y al que más atención tendremos que prestar…la implementación de este acuerdo va a ser complicada y va a requerir la colaboración de la comunidad internacional”. Pero además hizo una referencia que va a ser utilizada hasta la saciedad si el Congreso no restituye a Zelaya: aseguró que ambas partes acatarán la decisión, sea cual sea, porque así lo plantea el acuerdo: cuchillo para la garganta de Zelaya.

En ese mismo sentido, el enviado de la OEA al país centroamericano, Víctor Rico, después de algunas insinuaciones de que el Congreso debería aprobar la restitución, subrayó sin embargo que el convenio suscrito “es muy claro en reconocer las facultades y la independencia que tiene el Congreso de Honduras para tomar una decisión”.

Ya el Congreso golpista comenzó a enseñar los dientes: el diario El Heraldo de Tegucigalpa reprodujo unas declaraciones del vicepresidente de ese cuerpo, Ramón Velásquez Nazar, quien  reiteró que si la decisión de los diputados fue nombrar un sustituto de Manuel Zelaya en la Presidencia, “no hay razón para restituirlo…Absolutamente esa es la posición que vamos a mantener”. Además manifestó que “la restitución de Zelaya es un aspecto legal y el Congreso es una institución eminentemente política y el tener en nuestras manos un informe de la Corte Suprema de Justicia, nos da la visión jurídica del asunto”.

Pero hay más: según la vicepresidenta alterna del Congreso, Marcia de Villeda, los legisladores deberían votar contra el regreso de Zelaya, siguiendo lo que ella considera como la “voluntad mayoritaria”. La diputada liberal espera que la Corte Suprema emita una resolución contraria a Zelaya y que el Congreso ratifique esa misma postura, de tal forma que el mandatario depuesto sea alejado de su cargo con la legitimidad del acuerdo firmado por las partes en conflicto bajo la tutela de Estados Unidos.

En un mensaje transmitido por Radio Globo, Zelaya insinuó que no aceptaría una resolución del Parlamento en contra de su restitución y daría por roto el diálogo si esto se produjese, pero ese órgano no ha suscrito el pacto y no se ha comprometido a nada.

Zelaya ha dicho: “El Congreso Nacional, si en la sesión que tenga va a reafirmar que lo que hizo está bien hecho, y que el golpe de Estado está bien hecho, entonces no hemos hecho absolutamente nada más que burlar a la comunidad internacional y burlar al pueblo hondureño con este acuerdo”. Es lo que hemos dicho: se trata de una trampa, para nosotros inclusive si el Congreso restituye a Zelaya, ya veremos por qué. Otra declaración del presidente legítimo:

“El Gobierno de Reconciliación y Unidad sólo se puede formar si nosotros estamos de acuerdo, si nosotros no estamos de acuerdo no hay Gobierno de Conciliación y Unidad”. Zelaya, además, aseguró que consideraría roto el pacto si no es restaurado. Por otra parte advirtió a la comunidad internacional, ayer domingo, que podría existir un “juego oscuro” por parte del mandatario de facto, Roberto Micheletti, luego del acuerdo.

También ayer, el gobierno de facto aseguró que Manuel Zelaya, pretende “desestabilizar” el proceso electoral y “poner en precario” el pacto, al exigir que el Parlamento decida sobre su restitución antes del próximo jueves. “Esta mala interpretación que se ha dado a las fechas es una táctica muy conocida con el fin de desestabilizar el proceso electoral” dijo la vicecanciller del Gobierno de facto, Martha Alvarado.  Según esta funcionaria “lo más importante que ha logrado la firma del acuerdo es destrabar el tema (del envío) de los observadores (extranjeros a las elecciones) y espero que vendrán otro tipo de actitudes de parte de la comunidad internacional”.

Una de las cosas más sospechosas de todo este entramado es la composición de la llamada Comisión de Verificación de cumplimiento del acuerdo. Hay un delegado de Zelaya y otro de Micheletti. Los otros dos son…¡el ex presidente chileno Ricardo Lagos y la secretaria de Trabajo de Estados Unidos, Hilda Solís! Esto podría convertirse, de ponerse dura la cosa, en un tres contra uno.
Otro punto que nos despierta resquemor es el hecho de que Zelaya no está liberado de las varias acusaciones que le han hecho los golpistas.

El abogado Armando Aguilar, uno de los delegados de las autoridades del gobierno interino para el diálogo en Honduras, advirtió que “Como no hay pacto sobre el particular, los tribunales pueden perfectamente ejecutar decisiones con relación a órdenes de captura y la policía practicar la orden de captura”.

Al menos nuestro gobierno no se ha sumado al coro de alabanzas y felicitaciones, a pesar de cierta euforia demostrada en un principio por Chávez, que tal vez se deba a una táctica política. “Mi representación no se va a sumar a ningún jolgorio, ni va a comenzar a bailar antes de que el director de la orquesta haya subido a la tarima”, expresó Roy Chaderton.

Ni siquiera que el Congreso restituya a Zelaya se habrá llegado a una solución de fondo. En el acuerdo de San José empeorado, el tema de la Constituyente, uno de los más sentidos por el movimiento popular hondureño, ha sido suspendido indefinidamente. Sin embargo, la intención gringa de frenar al movimiento popular se encontrará con la poderosa resistencia ya demostrada por el pueblo de Honduras. Por otro lado, al quedar muy poco tiempo para las elecciones, no sería fácil desmontar el fraude que tratará de dar continuidad al golpismo por otras vías.

Si el Congreso Nacional no restituye a Zelaya, lo cual es muy probable, le sobrarán argumentos al imperio para promover el reconocimiento de las elecciones de noviembre con el apoyo de sus aliados del continente: que Zelaya es intolerante, que rompió los compromisos, que todos se comprometieron a respetar la decisión del Congreso, que la Resistencia debería medirse en elecciones para demostrar que es mayoría. Entraría en pleno desarrollo el Plan B Micheletti-Obama-Clinton, ante lo cual América Latina y el mundo se presentarían divididos, facilitando las cosas para las fuerzas retrógradas. La trampa está armada por cualquier lado y el pueblo tendrá que luchar mucho para desmontarla.

Finalmente, no es desestimable la táctica permanente de Zelaya de dialogar, aceptar y no aceptar, mantenerse en la palestra, como una manera de contribuir para que el tema de Honduras no salga de los titulares y para que la resistencia no merme sus fuerzas. Solo que ojalá no se le pase la mano.

Colombia-Venezuela: acuerdo de jaurías

Sigue conformándose la entente entre la oligarquía colombiana y la oposición antipatriótica venezolana. En ese sentido, el partido Un Nuevo Tiempo responsabilizó a la Fuerza Bolivariana de Liberación de la masacre de ocho colombianos, un venezolano y un peruano en el estado Táchira.

El secretario ejecutivo de UNT, Enrique Ochoa Antich, exigió en rueda de prensa la renuncia del ministro de Interior y Justicia y el titular de Defensa por la “incapacidad” ante la investigación de los hechos, haciéndole así coro al canciller colombiano Jaime Bermúdez, quien insinuó que las autoridades venezolanas no actúan con diligencia en este caso.

Por otra parte, las autoridades colombianas expulsaron, este domingo, al sargento venezolano Wilmer José Gamardo Barreto, como una maniobra para  responder a las acusaciones de espionaje que hizo nuestro Gobierno a funcionarios del DAS. Es una situación de guerra más o menos sorda, que avanza paso a paso.

Entretanto, la alicaída oposición criolla sigue tratando de montar distintos espectáculos mediáticos para poder mantenerse en vigencia a pesar de sus debilidades, inconsecuencias y divisiones. Ricardo Sánchez, presidente de la FCU de la Universidad Central de Venezuela, anunció que el movimiento estudiantil acometerá acciones y se “declara en rebeldía” porque consideran insuficiente el presupuesto para el año que viene.

Por otro lado, el llamado Frente por la Libertad de los Presos Políticos convocó para mañana un cacerolazo y un cornetazo nacional a las siete de la noche. Estas acciones carecerían de éxito real, pero triunfarán en el mundo virtual, gracias a Globovisión y compañía, aunque sea parcialmente.

* Analista de asuntos políticos.

 

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