Sep 17 2011
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PolíticaSociedad

Las prostitutas de Berlusconi

De ahí el temor de los fiscales de que Tarantini y su gente pudieran haber extorsionado a Berlusconi para obtener algunos beneficios. Incluso se habló de unos 500 mil euros que el primer ministro habría girado a Tarantini. Según sus abogados, se trató de una ayuda que Berlusconi dio a Tarantini y su esposa porque estaban pasando un difícil momento económico.

Las ocho personas sospechosas han sido investigadas por la Justicia de Bari por más de 20 acusaciones, dos de ellas muy graves como “asociación para delinquir” y “fomento de la prostitución”. Se trata de empresarios, de un abogado y de algunas mujeres.

Todos ellos habrían sacado provecho de ese tráfico de prostitutas para que sean enviadas a las distintas residencias del primer ministro en Arcore (cerca de Milán, norte de Italia), en la isla de Cerdeña y en Roma. Tarantini y los otros contribuían a organizar las fiestas en las casas del premier y se ocupaban de buscar prostitutas o jóvenes dispuestas a prostituirse.

Tarantini se ocupaba de seleccionar las mujeres en base a ciertas características físicas. Debían ser jóvenes, graciosas y delgadas. Pero al parecer el empresario cuidaba también los detalles y daba órdenes a las mujeres sobre la ropa que tenían que vestir y sobre su comportamiento. De ningún modo debían usar tacos altos para no ofender la altura del primer ministro. El empresario pagaba los gastos de viaje y les ponía a disposición un auto para llevarlas hasta el lugar del encuentro.

“Eran elegantes cenas de tipo social”, aseguran los abogados de Berlusconi. Este escándalo de 2010, ahora profundizado y ampliado por los fiscales, se agrega al proceso Ruby en el que el primer ministro está acusado de prostitución de menores y de abuso de poder en Milán.

Sus correligionarios mientras tanto están tratando de hacer aprobar en el Parlamento una nueva ley contra las escuchas telefónicas, específicamente para que no puedan ser publicadas por la prensa. Pero el presidente de la República, Giorgio Napolitano, que según la Constitución italiana debe firmar las leyes para que entren en vigor, no tendría intenciones de firmar.

*Periodista de Págin 12, desde Roma

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