Dic 5 2011
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OpiniónPolítica

Latinoamérica ya no es el patio trasero de nadie

Revisión y divulgación de nuestra Historia mancomunada. Libertad y fomento de la circulación de bienes culturales entre nuestras repúblicas. Rescate, preservación y enaltecimiento de nuestro patrimonio cultural. Desarrollo de políticas para eliminación definitiva del analfabetismo, gratuidad de la enseñanza en todos sus niveles, sistemas masivos de educación a distancia y normas integrales de validación y reválida de estudios. Rescisión de todos los acuerdos y tratados mediante los cuales Estados Unidos y Europa ejercen influencia o control sobre los contenidos y métodos de nuestros sistemas educativos y de investigación. Orientación de la investigación académica y científica hacia nuestros problemas regionales. Protección para la música, la cinematografía, la televisión producidas en la región. Red de agencias informativas regionales. Rigurosas normas de responsabilidad social para los medios de comunicación. Multiplicación de emisoras libres, alternativas y de servicio público con alcance continental. Creación de redes de Institutos de Estudios Latinoamericanos y del Caribe.
 
EN LO INTERNACIONAL

Un mecanismo de unión no opera por sí mismo los milagros que requiere un mundo. No repitamos las experiencias de la Liga Árabe o de la Unión Africana , que más de una vez abandonaron a sus miembros ante la agresión imperial. Latinoamericanos y caribeños son sometidos en otros países a discriminatorios y draconianos regímenes de visado e inmigración: deberíamos aplicar siempre y en todo caso a los nacionales de ellos la estricta reciprocidad. Concurren en la CELAC países con orientaciones distintas, algunos abiertos hacia el futuro, otros todavía uncidos a pactos, compromisos y dependencias con los poderes hegemónicos que hoy entran en decadencia. Algunos de sus miembros tienen Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos o con la Unión Europea. A través de tales acuerdos podrían entrar en nuestras economías como caballos de Troya. Otros tienen gobiernos surgidos directa o indirectamente de la fuerza contrarrevolucionaria. Delicada será la tarea de concertar entre tan distintas perspectivas. Seguramente la CELAC subsumirá la incipiente organización de UNASUR, añadiéndole a México y Centroamérica.
 
Entre otros cometidos, queda planteado el de la progresiva desvinculación hacia la OEA , que durante toda su existencia sirvió para legitimar las injerencias de Estados Unidos y agredir, aislar o deslegitimar las experiencias progresistas. La potencial unidad de la CELAC le asignaría un peso determinante en la Organización de Naciones Unidas. Esta nutrida coalición de países podría aspirar a ejercer posiciones decisivas en el Consejo de Seguridad, en el Consejo de los Derechos Humanos, en la Organización Mundial del Comercio y en otras secciones claves del organismo mundial. El nuevo ente tendrá sin duda una actitud menos obsecuente hacia la Alianza Atlántica , que se hunde en el desastre de la crisis económica, y más abierta hacia China, Rusia, India, Japón y en general el Asia, África y las potencias emergentes. Bien podría asumir el liderazgo de un revitalizado Movimientos de los Países no Alineados. América Nuestra es el camino hacia Nuestro Porvenir. América Latina y el Caribe ya no es patio trasero de nadie.

* Escritor.

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