Sep 4 2011
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Política

Libia: plazos, tiempos y planes para el posKadafi

 En realidad, les quedaría a los imperialistas la opción de negociar con Kadafi la intervención en Libia de fuerzas armadas árabes reaccionarias, como las de Qatar, que participan en los bombardeos de la OTAN y financian al CNT, o de países africanos islámicos en nombre de la Organización de la Unidad Africana, aunque la presencia de soldados negros extranjeros recordaría demasiado los mercenarios africanos que utilizaba Kadafi.
 
Y, por supuesto, también la posibilidad de apostar fuertemente al regionalismo histórico (la Cirenaica, en efecto, siempre estuvo diferenciada de la Tripolitania y del Fezzán) y la compra de notables tribales para impedir la reaparición de un gobierno único y fuerte en todo el territorio de Libia.
 
El imperialismo piensa utilizar a ese país como instrumento para su política en todo el mundo árabe. Ni a Estados Unidos ni a Europa ni a Israel le convienen, en efecto, que caiga el gobierno de Bachir el Assad en Siria, que es una garantía de estabilidad para Tel Aviv y un freno constante a la lucha palestina (Assad declaró, por ejemplo, que los palestinos son sirios del sur y siempre pretendió controlarlos).
 
Tampoco les convienen regímenes semidemocráticos en Túnez y en Egipto, obligados a tener en cuenta la hipoteca de la movilización de las masas de desocupados que la crisis mundial estimula a la acción y la política racista y xenófoba de los gobiernos extranjeros deja sin otra salida que la lucha para cambiar la situación en sus respectivos países.
 
La alianza europeo-estadunidense tendrá, por consiguiente, un activo papel contrarrevolucionario y colonialista en Libia y en la región. Los que desean conservar las dictaduras –de Yemen, de Siria, de Libia– como dique frente a este rebrote del colonialismo no sólo están condenados a un ignominioso fracaso sino que, además, pierden todo prestigio y toda posibilidad de colocarse junto a los pueblos en rebelión ofreciéndoles una alternativa anticapitalista.
 
La suerte de los dictadores está echada porque el imperialismo ya no los sostiene y sus pueblos harán de todo para derrocarlos. El problema actual es evitar que esos tiranos sean reemplazados por agentes directos de las grandes potencias colonialistas como sucedió en Panamá cuando Bush padre eliminó a su agente Noriega.
 
En sociedades a las que la dictadura impidió organizarse y crear sus dirigentes, mediante libre vida política, la confusión es normal. Pero los acontecimientos obligan a encontrar soluciones urgentes y a recurrir a la autorganización. El papel de una izquierda que merezca ese nombre consiste en ayudar aportando ideas para la construcción de poder popular al mismo tiempo que se moviliza contra el intento de recolonizar esos países.
 

 

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