Ago 6 2007
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Opinión

Libros. – EL MERCOSUR Y LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El libro fue editado en Caracas por la editorial del Centro de Formación para Trabajadores de la Cultura, es parte de una trilogía iniciada con Mercosur. Origen, Evolución Perspectivas (Vadell Hnos., 2005) y sigue con Reportajes sobre América Latina (Edit. El Perro y la Rana, Caracas 2007).

Los caminos hacia la unión latinoamericana no son fáciles, pero existe cierta unanimidad en considerar que deben ser transitados, que separadamente América será un cuadro y un proyecto histórico incompleto y falto de perspectiva.

La agencia de noticias argentina www.argenpress.info difundió un capítulo de la obra a modo de adelanto. Señala Argenpress:

“Este capítulo es una proyección del autor acerca de las perspectivas inmediatas y mediatas de la nueva relación, que él llama ‘matrimonial’ del bloque sureño con la República de la ‘revolución bolivariana’. Guerrero advierte sobre los ‘riesgos matrimoniales’ de una relación entre dos organismos que mantienen dinámicas internas opuestas: en uno se hacen negocios ajustados al control de centros transnacionales, en el otro se vive ‘un proceso de transformaciones revolucionarias’ que altera la vida del bloque y del continente”.

He aquí el capítulo:

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RIESGOS Y TENTACIONES DE LA INTEGRACIÓN AL MERCOSUR

‘…porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra

Gabriel García Márquez,

Cien Años de Soledad.

El continentalismo y latinoamericanismo invocados por Venezuela al integrarse al Mercosur tiene el valor de intentar contrarrestar esa tendencia histórica de desintegración y sometimiento. Ese es su fuerte.

Ese punto de partida debe someterse a la doble prueba de un pasado que juega en contra y de un futuro que tiene tiempos cortos. El imperialismo yanqui no está dispuesto a compartir por mucho tiempo la presencia de un bloque cuya esencia original pudiera perderse a favor de otra de corte bolivariana. A pesar de que ese riesgo no está planteado en lo inmediato, tampoco están dispuestos a esperar os resultados cruzados de brazos. El temor expresado por el expresidente brasileño Cardoso es el que ha entrado en el camino de la prueba histórica.

Causas, efectos y defectos

Los efectos que implican para el Mercosur, el ingreso de Venezuela, serán directamente proporcionales a los efectos que se devolverán sobre el Estado y el gobierno de la llamada ‘Revolución Bolivariana’. Esta dialéctica también implica -o sea: tendrá costos políticos derivados- sobre el poderoso y multiforme movimiento social que sostiene a ese gobierno, ese régimen y ese Estado caribeños. Ahí se cumple la ley según la cual no gana nada sin perder algo, digamos, como los matrimonios en la vida privada o los armisticios en la historia de las guerras.

Si los movimientos sociales, el proceso bolivariano y la sociedad en general, comienzan a perder conquistas sociales, culturales y políticas (especialmente su profunda democracia) significará que la acomodación y adaptación habrá comenzado a jugar en contra de la ‘revolución bolivariana’. Esa será la medida.

El ingreso de Venezuela al Mercosur no sólo modifica hacia arriba el PBI mercosuriano (que ahora sumará el 73.8% de Sudamérica) y un fluido comercial vibrante que ya se multiplicó por 4 con Argentina, por 3 con Brasil, por 3.4 con Chile y por 2.2 con Uruguay, (Paraguay sigue rezagada) tan solo en dos años y 8 meses. La integración de Venezuela como miembro pleno es lo más avanzado que ha logrado el Mercosur, después de 13 Acuerdos firmados con trece países y bloques desde el Protocolo de Ouro Preto (diciembre 1994) hasta el año 2004 (Acuerdo con Egipto).

Estos datos, con toda la importancia que contienen, no son más que indicadores abstractos del peso minúsculo en una economía mundial decenas de veces superior, dominante y concentrada en el exclusivo club de países ricos del G-8. Su aplicación en la vida cotidiana de las sociedades del Mercosur y su fuerza como sostén de los Estados nacionales frente al dominio yanqui, es mucho más reducida, relativizada, vulnerable, que el impacto mediático de saber que representa casi tres cuartas partes de la producción anualizada subregional.

No hay dudas que el nuevo Mercosur con Venezuela adentro, tendrá una dinámica distinta que irá de lo económico y comercial a lo político y de allí a lo geoestratégico. Es aquí donde se abren perspectivas internas y externas (la relación con el imperialismo) cuyos contenidos serán contradictorios, altamente contradictorios.

Una dinámica imprevisible

Habrá elementos dinámicos seguramente progresivos, dirigidos a hacer del Mercosur una zona defensiva comercial y política frente a los Estados Unidos y los monopolios, como dijo el propio Kirchner, ‘El Mercosur no será el TLC’.

Sobre todo será muy útil al gobierno de Venezuela. El Mercosur le sirve como refugio cercano para defenderse del asedio norteamericano, siempre latente. La mejor manera de contrastar estos aspectos progresivo -potenciales y actuales- es destacar la sincronizada reacción de la derecha continental más reaccionaria.

Riesgos matrimoniales

El elemento que va en sentido contrario en este proceso de integración de Venezuela al Mercosur, será el ansiado y hasta ahora fracasado deseo del Pentágono de ‘amansar al loco’, como dijeron en mayo de 2002 del imprevisible Chávez. Pero el objetivo imperialista de ‘amansar’ a un presidente que es líder popular, se trata de hacer retroceder el proceso revolucionario que vive el pueblo venezolano. El asunto es que entre el líder y el proceso se ha establecido una relación tan simbiótica, que no es posible afectar a uno sin afectar mortalmente al otro.

Venezuela dentro del Mercosur abre, en formas objetiva y subjetiva, la perspectiva de integrar a la Venezuela insurrecta a los moldes, modos, relaciones de Estado y cursos políticos de un Mercosur sometido hasta los tuétanos a las leyes del capital y al dominio yanqui-europeo mediante pactos de todo tipo.

Una de las grandes interrogantes que abre es la suerte del ALBA, la propuesta venezolana de hacer una integración al revés de cómo se ha hecho en el Mercosur. El ALBA, Alianza Bolivariana de las Américas, se pudo constituir con Cuba y con Bolivia este año. Su peso es diminuto al lado de lo que representa el Mercosur. El dilema se hará de hierro: o se invierte en el ALBA, o se construye el Mercosur, aún el mejor de los casos: que se mantenga lo formado con Cuba y Bolivia.

Integrar la Venezuela de Chávez a la normatización de la OEA y la llamada ‘comunidad internacional’, es sobre todo, una apuesta política de las burguesías latinoamericanas, y de manera especial, de los gobiernos de los Estados Unidos y de la Unión Europea.

El propio Chávez ha contado en sus expansivas y divertidas charlas las ‘ofertas’ que le han hecho llegar en las cumbres a las que asiste. En la Universidad de Madres de Plaza de Mayo, por ejemplo, relató que en la Cumbre de Québec le propusieron ‘ayuda de la comunidad internacional a cambio de que deje de relacionarme con Fidel, con Cuba y de estar siempre al lado de mi pueblo’ (U-Madres, 25 de abril 2003).

Pero el enemigo no se rinde, siempre quiere más, aprendió en el siglo XX que con otros líderes nacionalistas se pudo y quiere probar con Chávez. Chávez les ha resultado un verdadero embrollo. ‘Nadie lo puede controlar’, acusa el reaccionario Morales Solá.

Qué es lo nuevo

Lo nuevo es que todo el viejo Mercosur comenzará a ponerse en cuestión. Si no, sería irracional la reacción de la derecha continental, así como la conspiración que lleva a cabo Washington a través de sus embajadas y de la Secretaría de Relaciones Hemisféricas.

Es que se abre un nuevo curso de relaciones interestatales en esta parte del hemisferio, determinado por hechos, decisiones imperiales y combinaciones políticas nuevas.

El primer hecho es que se suma al bloque del sur la quinta economía del continente y la tercera de la subregión, dándole al Mercosur un peso relativo mayor en el mercado mundial y en la relación quisquillosa con la economía yanqui.

El bloque gana al principal factor petrolero de América latina, un dato clave en la actual disputa mundial por las fuentes energéticas.

Contra las ilusiones de muchos, el ingreso de un gobierno como el de Venezuela no convertirá al Mercosur en una alianza anti imperialista como lo pudo ser la Conferencia de Bandung (1955) o de La Habana (1964). y tampoco empujará al bloque sureño al experimento de desarrollo endógeno, amplia democracia participativa y soberanía económico-política que vive el país caribeño. A lo sumo se puede afirmar que es la muerte del Mercosur neoliberal tal como fue creado en Asunción en 1991.

El carácter nacionalista de resistencia limitada al imperialismo que ejerce el gobierno venezolano, conducirá inevitablemente, por encima de las voluntades gubernamentales, a una relación de Estados -dentro del bloque y de éste con EEUU- que ya no será la misma. De sus resultados en el mediano tiempo se encargará la próxima historia del bloque.

El problema de esta nueva relación de Estados es que está mediada por los grandes -y pequeños y medianos- capitalistas y funcionarios de Venezuela y el Mercosur. Esa mediación se mide en negocios contantes y sonantes. En este punto nace la tensión entre los tiempos de realización de esos proyectos económicos para mantener conforme a los interesados en la integración con Venezuela y los tiempos del imperialismo. No son los mismos. La sobrevivencia de la alianza dependerá, dado el carácter con el que comenzó, de la consolidación de esos negocios.

El signo progresivo de la integración Venezuela-Mercosur debe valorarse en la relatividad de un contexto mundial signado por una concentración y centralización del poder imperialista. De allí deriva el carácter defensivo del ingreso al Mercosur y su vulnerabilidad, sólo superable por medios revolucionarios en el escenario internacional.

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Modesto Emilio Guerrero es periodista y escritor. Venezolano, reside desde hace más de una decena de años en la Argentina.

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