Oct 23 2005
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Opinión

Líneas polémicas: Venezuela y puntualizaciones locales

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El señor Gumucio en el artículo de marras se refocila ante el inmejorable panorama político que los partidarios de la centroizquierda tienen ante el eventual triunfo de la Concertación en las próximas elecciones, y el supuestamente ejemplar proceder político reciente del presidente Lagos. Resulta difuso saber qué es la centroizquierda a la que el columnista se refiere.


PUNTUALIZACIONES EN EL ÁMBITO CHILENO

¿Existe una centroizquierda chilena que no sea la mafia pepedeísta que jamás ha tenido identidad política que no sea la del oportunismo, el pituto y la coopción? ¿Se referirá a sus amigotes políticos, escritores y faranduleros?. Una cosa es que el panorama político le resulte halagüeño a él y a sus amigos y otra cosa es que este opinólogo hable a nombre de un sector que nunca ha demostrado existir como tradición política en nuestro país.

Pero donde la cosa se pone fea es al negar, con una autocomplacencia que llega al autismo, cualquier atisbo de autocrítica al enumerar punto por punto algunos temas sensibles del suceder nacional. Veamos.

Sostiene “ … autocrítica de qué? ¿La pobreza, la desigualdad? Estamos trabajando en ello.”

¿Estamos? ¿Trabajando? En ninguna parte se ha hecho pública una actuación del articulista en pro del término de las desigualdades y la segregación económica de este lugar. Seguramente el gobierno trabaja tan arduamente en ello, como señala el columnista, que hasta el propio cardenal Errázuriz –que no es de centroizquierda en modo alguno– se ha visto en la obligación de denunciar la escandalosa inequidad en el reparto de la riqueza que produce la economía de este país.

Con toda confianza, el gobierno también se ha empeñado en trabajar febrilmente, durante los quince años que lleva la Concertación en el poder, en cumplir las promesas de entonces y las de ahora: la devolución del 10% a los jubilados, o en el hecho de que mientras los bancos que operan en Chile obtienen ganacias siderales, el nivel de endeudamiento de los chilenos que sostienen esos mismos bancos haya alcanzado máximos históricos.

Gumucio agrega “¿Los Derechos Humanos? Pocos países han avanzado tanto en un terreno tan espinudo como nosotros” . Claro que sí, Lagos avanza tanto en medio de las espinas que, como aquel redentor bíblico, libera a un militar degollador para evitar las rabietas de los milicos y de paso asesina por segunda vez a Tucapel Jiménez, miembro del mismo partido en que el presidente de todos los chilenos militara alguna vez. Y no contento con esto, nuestro campeón de la democracia avala los juicios donde se exonera de responsabilidad a los jerarcas de Colonia Dignidad y saca de la escena a uno de los contados jueces que se ha atrevido a hacer su trabajo intentando llevar adelante el proceder de la justicia.

Y para que nadie alegue de puro flagelante, invoca la presencia de un supuesto futuro en concordia como razón suprema de estos necesarios ajustes democráticos. Seguramente, Lagos nunca sintió en carne propia la demolición emocional de tener un desaparecido en la familia o un ejecutado entre los suyos…

Ahora bien, Gumucio saca además a relucir el expectante plano de la cultura nacional como si estuviésemos viviendo una real arcadia creativa. Cito: “Pocas veces en Chile ha habido tantas películas y novelas chilenas de buen nivel..”

Vamos, ¿de qué está hablando? ¿Películas chilenas? ¿Esas peliculitas como Machuca, que hasta el crítico de un diario laborista como el inglés The Guardian despedazó por bodrio? Hace rato que los europeos, aburridos de la impostura del heroísmo sudaca, mal pueden aplaudir filmes mediocres que además falsean la historia poniendo vendedores de banderitas en las concentraciones y burgueses de Vitacura andando en citroneta.

Sigamos ¿ Novelas? ¿Cuáles novelas? ¿las de Fuguet? ¿Las de Gómez, Costamagna o Simonetti? Escritores todos que son el vivo reflejo del arribismo farandulero promovido bajo un simulacro de seriedad, soportes de una narrativa que se autopercibe de calidad cuando lo cierto es que se trata de meros entretenedores de un medio inventado por los diarios de donde todos ellos salieron.

Pero donde Gumucio se saca los zapatos –y el mal olor hiede de inmediato– es al mencionar los casos de corrupción o nepotismo como un invento de la derecha “… que a todas luces a la gente no le importa tanto como El Mercurio o La Tercera quiere (sic) creer”. ¿Qué diablos es esto? ¿Cómo sabe Gumuccio que a la gente de este país no le importa el funcionamiento del medio fiscal y la probidad de sus funcionarios? ¿Acaso encargó un estudio de opinión? ¿Una encuesta tal vez?

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Seguramente no es nepotismo lo sucedido con el ex -ministro García, castigado duramente por nuestro heroico presidente con una embajada ante la indiferencia del vástago por lo sucedido con su padre en ENAP, que ganó millones por hacer nada salvo ser papá de. O bien tampoco es nepotismo el hecho de que muchas licitaciones públicas se le adjudiquen a parientes de la primera dama, extrañamente convertidos ahora todos en empresarios y negociantes, toda vez que el mismo Lagos declaró con orgullo su origen de clase media trabajadora y esforzada, lo mismo que su señora… Pero no al parecer sus parientes.

Tampoco es nepotismo que aparezca un muchacho Lagos Weber, que por tener esos apellidos aparecía hasta hace poco como precandidato en la rifa electoral que se avecina. ¿Qué pasaría si Lagos Weber, o el mismo Gumucio, se apellidaran Chamorro Huaiquipán? ¿Sería uno precandidato a la diputación? ¿Tendría el otro acceso ilimitado a la prensa y la TV?

DEFENSA DE VENEZUELA

La mención a Venezuela, que es el motivo central de la columna de este opinólogo, sólo sirve para justificar el gasto de tinta en la imprenta. El esnobismo político de Gumucio sataniza y demoniza insolentemente al pueblo venezolano y a sus gobernantes, como advirtiéndonos de un “cuco” que se nos viene encima. Y llega a comparar delirantemente al presidente Chávez con el fascista italiano Benito Mussolini.

Hasta el momento no hemos sabido de que en Venezuela existan campos de concentración, prácticas terroristas de Estado como la tortura, la desaparición, el soplonaje, el asesinato y la represión indiscriminada como las que efectivamente realizó el sátrapa toscano contra su propio país. Y eso marca una diferencia esencial.

Chile no es Venezuela, dice Gumucio; fatalmente digo yo, porque Chile es Chile es que tuvo a un Pinochet que fue un eficiente discípulo de Mussolini, con todo su horror; como tiene ahora a una clase política que se reparte la plata y los poderes tomados de la mano los de allá, funcionarios entonces de la dictadura, sentados hoy en el parlamento y alcaldías en vez de estar en la cárcel donde debiesen, y los de más acá, cooptando el gobierno, cual PRI mexicano –con el perdón de mis cuates– sobre la sangre de miles de inmolados que se ofrendaron para que este decadente y sórdido paisito sea lo que hoy es.

No. Chile no es Venezuela. A mí no me toca juzgar al gobernante que ha decidido plantar cara al único imperio del mal que conoce el siglo XXI y que, bien lo sabemos, empieza al norte del río Bravo. Tampoco me corresponde juzgar a un pueblo hermano, solidario como ningún otro en el cono sur con los chilenos que sufrieron la crueldad del exilio, algo de lo que Gumucio parece no acordarse.

Al final, sí me corresponde juzgar a todos aquellos idólatras de la falsedad y el fraude político –como Gumucio– quienes no contentos con abusar de una tribuna que nadie, salvo sus relaciones y pitutos mediales, le ha autorizado se atreven todavía hoy a celebrar como si fuera una fiesta, el fracaso de una Concertación que de tanto prometer un país de libertad y prosperidad, sólo ha creado un páramo de tedio, sordidez , violencia y decadente, morandesca, televisiva, corrupción.

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* Podría el Comité Editorial de Piel de Leopardo apelar al antiguo –e hipócrita en muchos casos– eufemismo de advertir al lector: “las notas firmadas son responsabilidad exclusiva de su autor y no reflejan necesariamente la línea editorial de la revista….”. No lo hacemos; la libertad de expresión no tiene que justificarse. Como no justifica, por ejemplo, The Clinic que su lema (Firme junto al pueblo) sea aquel que distinguió al antiguo diario Clarín de Santiago de Chile y distingue todavía a su homónimo bonarerense.

(The Clinic puede encontrarse en www.theclinic.cl
La versión digital del diario
El Clarín puede encontrarse en: www.elclarin.cl
El diario
Clarín de Buenos Aires en: www.clarin.com).

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