May 31 2004
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Cultura

Literatura infantil: intercambio cultural y lingüístico

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Si bien la literatura no conoce fronteras, la barrera del lenguaje constituye en sí una restricción. La traducción no es solamente un proceso lingüístico, también involucra a la cultura. Además, el vocabulario de una lengua, por ejemplo, obtiene su significado esencialmente de su cultura. Tal como ha dicho Ernesto Sábato, en varias oportunidades, las palabras tienen el color de la tierra en que se formaron.

Por siglos se ha pensado que traducir es algo que ocurre simplemente entre lenguas. Sin embargo, el lenguaje no es algo suspendido en un vacío, sino parte integral de la cultura. Es expresión cultural y también expresión de la individualidad del hablante, quien percibe el mundo a través del lenguaje.

La dificultad de la traducción de un texto dado depende de la complejidad del texto original, pero también del significado de texto traducidos para los receptores como miembros de otra cultura, con el conjunto de conocimientos, juicios y percepciones que han extraído de ella. La misión del traductor consiste nada menos que en eliminarla barrera del lenguaje, y también debe hacer su versión del texto literario considerándolo como parte de la cultura en que está inserto.

La profundidad del conocimiento, de la competencia y de la percepción que tenga el traductor determinará no sólo su habilidad para producir el texto traducido, sino también su comprensión del texto original. Así, el traductor de obras de literatura para niños debe saber que la comunicación interlingual implica darse cuenta de que una misma cosa puede ser fácil de decir en una lengua y difícil de decir en otra.

La comunicación intercultural realizada a través de la traducción de textos de literatura para niños es importante para que el lector desde su primer contacto con la literatura se enriquezca tanto por el aporte estético, como por el cultural y lingüístico. A través de libros bien traducidos, los niños que están en un período de desarrollo y formación pueden conocer otras realidades que los enriquecerán al mostrarles la variedad de las culturas humanas existentes.

Conscientes de la repercusión que tiene el ofrecer una traducción de óptima calidad a los niños, un grupo de académicos realizó una investigación1 destinada a analizar el aspecto cultural en las obras de literatura infantil.

En ese trabajo surgió claramente la necesidad que tiene un traductor de apoyarse en un concepto coherente de cultura para realizar adecuadamente los procedimientos técnicos aplicados en la traducción, como préstamos, omisiones, transferencias, equivalencias, calcos o adaptaciones.

Traducción y procesos culturales

El concepto de cultura adoptado por nosotros después de ese análisis considera la lengua como parte integrante de la misma y la define como los modos de actuar, pensar, sentir y percibir la realidad que producen un resultado que puede ser perceptible (es decir, cultura material) o bien imperceptible (lo que equivale a la cultura inmaterial). En ambos casos los problemas culturales deben identificarse como tales; las soluciones que se adopten deberán basarse en el análisis adecuado del problema cultural detectado, conforme al concepto de cultura establecido.

Dentro del concepto de cultura que se maneja, el lenguaje tiene, como ya se ha dicho, un papel crucial debido a que sirve para representarla, expresarla y comunicarla. De allí, entonces, que el conocimiento cabal de la cultura de la lengua fuente y también de la lengua meta deba ser considerado rigurosamente por el profesional encargado de entregar versiones exactas. Se deduce entonces que el texto es parte integral de un mundo más que un espécimen aislado del lenguaje, y que la traducción debe ser considerada como un acto de comunicación a través de barreras culturales. Si cultura y lenguaje están tan entrelazados, en nuestra opinión, cualquier intento de separarlos en el proceso traductor resultará artificial.

Entre los teóricos de la traducción ya hay consenso en que dada la interdependencia entre lengua y cultura, la traducción es un tipo especial de transferencia cultural. Reiss y Verineer (1984), por ejemplo, afirman que la lengua como elemento cultural es el medio convencional tanto de la comunicación como del pensamiento y es también expresión de una sociedad.

De este modo, si se desea que el intercambio cultural se produzca, es necesario que el traductor tenga presente lo planteado anteriormente y luego de un análisis de los elementos culturales presentes en un texto dado recurra, entonces, al empleo de los recursos más apropiados para transmitirlos, que van desde el préstamo lingüístico hasta la adaptación cultural. Al tener una idea de cultura precisa, con un vínculo claro entre cultura y lenguaje, es posible detectar y analizar una serie de categorías culturales presentes en las obras literarias que pueden ser comunicadas a otros mundos.

Ejemplos concretos

Así vemos, por ejemplo, que el nombre de las comidas, que son reflejos culturales por excelencia, no debe ser adaptado la mayoría de las veces, como en el caso del “plum-pudding” o “plumcake”, que aparecen en Las Crónicas de Narnia, de C.S. Lewis. Este es un exponente de la cultura culinaria británica, por lo tanto se puede recoger el término o bien se podría intercalar una dición que haga pensar al lector que no se trata de cualquier pastel, sino de algo típicamente inglés (por ejemplo, “el tradicional pastel de ciruelas”); con esto se aporta precisión al lenguaje en cuanto a la denotación.

El mismo autor menciona el “porridge”: creemos que es conveniente conservar la palabra y con ello el color local, efecto logrado, por lo demás, en la mayoría de los casos en que se recurre al préstamo. Cabría considerar su adaptación fonética, ya que según Sapir (1966) esta es paralela a todo préstamo.

En ocasiones, para que el nuevo término culinario sea aprenhendido, pensamos que sería conveniente especificar el tipo de comida y traducir una frase como “Turkish delight, please”, por ejemplo y siguiendo con Lewis, por “un dulce, ojalá delicias turcas”. Esta adición debería haberse hecho al traducir “marmalade roll” (El León, la bruja y el ropero) por “rollo de mermelada de naranjas” y no simplemente por “rollo de mermelada”, como aparece en la versión que circula en nuestro país.

En otro texto muy conocido como es The Wind in the Willows, aparece algo tan familiar como el canasto de picnic o el “pie”, que son palabras de uso bastante difundido y bastante consolidadas en nuestro idioma. El mismo caso se da en Pulgarcito, de los Hermanos Grimm, donde aparece el “kuchen”; sin embargo en tres versiones españolas revisadas, esta palabra fue cambiada por “queque”, “pasteles” y “tortas”, respectivamente, con lo cual se priva al lector del conocimiento de algo muy preciso y significativo de la cultura germana.

Dentro de las adquisiciones más recientes en el ámbito culinario, figura el “nougat” , que si bien no es frecuente, aparece en la propaganda y en las etiquetas de algunos chocolates. La encontramos en un cuento francés escrito por Pierre Gripardi y Claude Lapointe.

Otro punto que cabe considerar, es el representado por las fórmulas de trato como “Frau”, “Fraülein”, (vistas en un texto de Peter Härtling por ejemplo) o “demoiselles” (en un texto francés tradicional) o bien “Sir” y “Doña”, las que inmediatamente aluden a un contexto germano, francés, anglosajón o hispánico, respectivamente. Comparemos la traducción de la frase “Silence, Sir” de El Sobrino del Mago, por “Silencio, señor o caballero”. Nos parece que conservar la fórmula “Sir” recrearía en algo la atmósfera típicamente británica de esa obra.

Similar es el efecto que causa el conservar los nombres propios. La “Arete” nombrada por los Hermanos Grima se desdibuja al cambiarla por “Margarita”, como se hizo en una versión editada en Chile de El Doctor Sabelotodo.

Las palabras y el horizonte cultural

No nos proponemos llenar los textos de extranjerismos. Pensamos que en ocasiones es necesario, como en estos ejemplos, y ante una obra determinada, para compensar la pérdida de la resonancia cultural que entrega la lengua original.

Ahora bien, como ha dicho Valentín García Yerba, los préstamos de palabras enriquecen pero los préstamos de estructuras son objetables. Pensamos con Raymond Farré (1984) , que no habría placer en las palabras si todas fueran conocidas; “¿Qué sería de los textos si se eliminara la curiosidad, la sorpresa y se usaran exclusivamente las palabras del vocabulario usual del lector?”. Nidra Poller (1984) añade que ella concuerda con quienes creen que la lengua de una buena traducción debe tener trazas de la lengua original. Asimismo, los préstamos podrían considerarse como enriquecimiento de la lengua, en cuanto es una toma del significante. Si es por eso, en español hay más de 2000 palabras de origen árabe.

Pensamos, en otro orden de cosas, que el lenguaje nos comunica también los nombres de lugares y que al reproducirlos se conoce otro país. Los lugares a veces se omiten en las traducciones, porque se piensa que el niño, por no conocerlos no va a entender. En nuestra opinión, conviene aprovechar la oportunidad para “transportarlo” a otro mundo y así ampliar su bagaje cultural. Como se hizo en la versión de la Editorial Andrés Bello para una de las Crónicas de Narnia al decir “Y podían ver (la Catedral de) San Pablo”. Se conservó el nombre y se añadió la información justa para ubicar al lector en una ciudad que puede no serle familiar.

Otros ejemplos nos hacen preguntarnos: ¿porqué privar al niño de conocer términos relacionados con otra cultura y así ampliar sus conocimientos lexicales? Si aparece el término “twopence” (Lewis), ¿por qué se tradujo por “dos monedas”, si cabía decir “dos peniques”?

Asimismo, se da el caso de que textos tan tradicionales como Peter Pan nos acerquen a otra cultura, más particular y lejana, por medio de términos como “wigwan” y “tomahawk”, la tienda y el hacha de los Pieles Rojas que se nombran en un pasaje de esa obra. Reproducir estos términos tendría como resultado reproducir una realidad inexistente en nuestra lengua con sus mismas resonancias exóticas.

En el caso del vestuario, nos encontramos con palabras que casi no reconocemos como extranjeras como el “jean”, presente en un texto publicado por el Banco del Libro de Venezuela, por citar sólo un caso, o el “pijama” (presente también en ese texto), que ni siquiera es una palabra originalmente inglesa.

A fin de cuentas la cultura está hecha de traducciones. Los nombres de casi todos los deportes son una buena prueba de ello, ya que inicialmente fueron préstamos y se fueron incorporando y adaptando fonéticamente a nuestra lengua junto con la difusión de la práctica deportiva aludida. Nos parece empobrecedor y ambigüo, entonces, el que en la versión española de un texto originalmente escrito en inglés (Big or Little) se hable de “juego de pelota” por el “hockey”.

El mismo equívoco se produce en la traducción de un texto de Peter Härtling, al cambiar “Kindergarten” por “guardería”; el uso del término alemán es muy frecuente, aunque no aparezca en el DRAE. En Chile, el kínder corresponde aun nivel de la educación formal, que es distito al jardín infantil o la guardería. Esta realidad es fácilmente observable.

Y en cuanto al español, ¿qué rastros ha dejado en los cuentos para niños que se han traducido a otros idiomas? ¿Cuáles son las primeras resonancias de nuestra lengua que tienen los niños de otras latitudes? El Cuentatrapos de nuestro compatriota  Víctor Carvajal, publicado por la Colección Barco de Vapor y traducido al alemán y al francés nos entrega algunos ejemplos, que se repiten con cierta frecuencia en otras obras. Las palabras “Señora” y “pesos” se conservan en la versión alemana y se omiten en la francesa. La fórmula “Doña” se cambia por “Gnádige” y el “campamento”, que tienen una connotación social tan precisa para nosotros, fue cambiado por “Camp”, que no corresponde; por aludir al campamento de veraneo y no a una vivienda precaria, como es el caso.

Traducción e identidad

Por otra parte, en los últimos años, Chile (y América Latina) ha recibido gran cantidad de títulos provenientes de otros países, principalmente España. Esto ha producido como resultado que los niños leen un mismo idioma, pero se enfrentan con términos que no son la norma chilena, al leer registros de otros países. No se hacen versiones para hispanoamérica por razones de costo. ¿Es válido considerar este punto? Hay términos que resultan hasta poco comprensibles, incluso dentro del contexto.

Veamos algunos ejemplos extraídos del texto de Härtling al que se ha aludido varias veces, cuya versión española fue publicada por la Editorial Alfaguara de España. “Nachtopf Nachtges-chirr” es un “Dompedro urinal”, y corresponde a lo que se conoce comúnmente en Chile como “bacinica” o “cantora”. La frase “Dann machte sic ihren ‘Plausch’?”, se tradujo por “Y ella entonces echaba su ‘parrafada’?” en lugar de “ella copucheaba”, como se diría en nuestro medio. El “Trainingsanzug” (nótese la raíz inglesa) fue traducido por “chanda”, que para nosotros es un buzo deportivo.

En las Historias de Franz de Christine Nöstlinger, versión de Ediciones S.M. de Madrid, se tradujeron los “pullis” por “jérseis” (palabra que tampoco es española), el “anorak” por “plumífero” y “mein Junge” por “chaval”; todas estos términos resultan incomprensibles para un niño chileno, que diría “chaleco” o “chomba”, “parka” y “chiquillo” respectivamente.

Hemos visto que el intercambio cultural a través de la traducción de textos para niños es una realidad, la que conlleva un intercambio lingüístico. A través de diversos ejemplos se ha presentado algo de lo que la lengua española ha tomado de otras lenguas, y por medio de otros, se ha visto algo de lo que nuestra lengua ha dado a otras culturas. Este proceso de intercambio es una línea contínua que abarca tanto términos o realidades que reconocemos como ajenas, como aquellos que ya están consolidados en nuestra lengua.

Finalmente, nos parece pertinente insistir en el problema representado por las traducciones hechas en un español muy idiomático, ya sea colombiano, venezolano o peninsular. Creemos que convendría estudiar este problema más a fondo, quizás en una investigación futura, puesto que nos parece que es un tema del cual no se tiene plena conciencia y que puede tener enormes implicancias para el mundo hispanohablante, especialmente para los niños que se inician en el mundo de la lectura.

1 Proyecto DIUC 89020, “Problemática entre la adaptación y la comunicación al traducir literatura infantil: la no conciencia de códigos diversificados”. Coordinadora: Carolina Valdivieso; co-investigadores: Cecilia Beuchat, ilcana Cabrera, Consuelo Fuenzalida, Jaime Hagel, Karin Riedemann.

Bibliografia:

– Farré, Raymond, “Histoire edifiante de deux bons petits traducteurs qui ne demandait qu’a manger!”, en Trousse Livres, No. 54, 1984, pág. 20.

– Poller, Nidra, “Les aventures fabuleuses de la traduction littéraire ou il est raconté”, en Trousse livres, Nos. 54, 1984, pp. 20-21.

– Reiss, K., Vermeer, H.J., Grundiegung einer aligemeinen Translations Theorie, Tubingen, 1984.

– Sapir, Edward, El lenguaje; introducción al estudio del habla. México: Fondo de Cultura Económica, 1966.

 
 
Obras literarias consultadas:

– Barrie, J.M., Pejer Pan, Hodder & Stoughton Ltd. (1911), adaptación de Joan Collins, Loughborough Leicestershire, Ladybird Books Ltd., 1983.

Carvajal, Víctor, El cuentatrapos, Madrid: Ediciones S.M., 1985.

Graham, Kenneth.,The Wind in the Willows, Loughborough Leicesteshire, Ladybird Books Ltd., 1983.

Grimm, Hermanos, Marchen der Brüder Grimm, Droemersche Verlagsanstalt, 1937.

Gripan, Pierre et Lapointe, Claude, Le marchand de fessées, Rennes, Editions Grasset & Fasquelle, 1980.

Härtling, Peter, Oma: Die Geschichte von Kaile, der seine Eltern verliert, ind von seiner Grossmutter aufgenommen wird, Basel: Beltz Verlag, 1979.

Lewis, C.S., The Chronicles of Narnia: The Horse and his boy, the lion, the witch, and the wardrobe, Glasgow: William Collins Sons & Co., Ltd., 1954.

Nöstlinger, Christine, Die Geschichten von Franz, Hamburg, Friedrich Ocuinger verlag, 1984.

Stinson, Kathy, Big or Little, Toronto: Annick Press limited, 1983.

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* Escritora y traductora.
Fuente:  Portal www.lecturaviva.cl, que cuenta con el auspicio de la Universidad de Chile.

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