May 7 2007
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Economía

Llegó la hora. – ¿QUIÉN LE TEME A PAUL WOLFOWITZ?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En mayo florece la primavera en su camino hacia el verano del Hemisferio Norte. Una primavera complicada en lo político –la ética nada tiene que ver una vez que fuera amputada– que salpica, y no con agua de rosas, las más altas instancias del gobierno de Estados Unidos. Por ahora ya se discute la eventual corrupción del presidente del BM.

El 14 de abril de 2007 se entregó un informe del Banco Mundial, Indicadores del desarrollo mundial 2007; en éñ –como es costumbre en los informes de análisis económicos– se lamentaba la continuidad de la pobreza, que tiene por el cuello a casi mil millones de personas.

El documento se refiere explícitamente a la situación de la mujer: “la pobreza persistente (y la falta de oportunidades para la mujer) frenan el desarrollo e impiden que los Objetivos del Milenio puedan cumplirse”.

fotoEl informe lo firmó Paul Wolfowitz. Al respecto escribió el periodista Emilio Marín: “Puede ser que, preocupado por mejorar la situación de inferioridad de la mujer, rubricara unas semanas antes un memorando donde ordenaba un aumento salarial de 50.000 dólares para su novia. La joven británica de origen libio, Shaha Riza (izq.), pasaba del BM al Departamento de Estado y según los corresponsales en Estados Unidos, ganaría más sueldo que la secretaria Condoleezza Rice”.

El Banco Mundial es una de las entidades financieras que “monitorean”, aconsejan, dirigen, castigan el funcionamiento de la economía mundial. Conforma una de las superestructuras técnicas y políticas que proporcionan tendones y nervio al dominio económico de un puñado –algunos aseguran que pueden ser varias decenas– de corporaciones sobre la planificación de la producción y la distribución de bienes en el planeta.

El aparato que le confiere sustancia, poder e imperium sobre los vastos territorios de los países de la Tierra es la Casa Blanca. Paul Wolfowitz fue parte del círculo íntimo del presidente de EEUU –el que define las políticas y toma las decisiones–.

Un comité especial investiga probables actos de corrupción que afectan personal y directamente al funcionario. En concreto se lo acusa de haber dado a su amante, Shaha Riza, aumentos de sueldo y compensaciones inusualmente generosas por cumplir una “misión externa” al Departamento de Estado estadounidense. Esto habría ocurrido en 2005, cuando Wolfowitz accedió a la presidencia del BM, porque dos funcionarios del Banco Mundial no pueden trabajar dentro del mismo “cono de autoridad”, de acuerdo con las normas de la institución.

Existe la posibilidad de que a Wolfowitz pueda exigírsele la renuncia en el transcurso de este mes de mayo de 2007. Por ahora Paul Wolfowitz clama haber actuado de buena fe, pero existe evidencia suficiente de que no fue así y que, en lo que se refiere a la comisión de servicios de su amante “El Comité de Ética (del BM) no fue consultado, ni aprobó los términos y condiciones de la colocación laboral externa”.

El jueves tres de mayo, Wolfowitz emirió una declaración: “Aunque estoy preparado para reconocer que todos actuamos de buena fe en el momento y que tal vez hubo alguna confusión y mala comunicación entre nosotros, es groseramente injusto y equivocado sugerir que intenté engañar a alguien, y urjo al comité a rechazar la acusación de que carecí de credibilidad”.

Sin embargo, críticos del Banco que siguieron la controversia desde el comienzo dicen que Wolfowitz, aparentemente por consejo de su abogado Robert Bennett, mintió y manipuló información al explicar su rol en el asunto de la comisión de servicios de la señora Riza.

Bea Edwards, de la organización que brinda protección a quienes denuncian prácticas corruptas dentro de instituciones públicas, entidad que divulgó originalmente la información sobre el controvertido aumento de sueldo a Shaha Riza, saltó a la palestra: “El señor Wolfowitz nunca intentó poner fin al contacto profesional con Shaha Riza”, aseguró.

El martes primero de mayo, el periódico The Financial Times, publicó una carta de cinco ex ministros del área de finanzas de América Latina, preocupados por el “estado de agitación” del BM y urgiendo la destitución del funcionario. Con no poca ingenuidad –o bastante astucia– señalan: “En el interés de la cooperación multilateral para el alivio de la pobreza, el señor Wolfowitz debería renunciar”. Imposible de sospechar que, por ejemplo, los ex ministros de Economía Domingo Cavallo, de Argentina, y Rubens Ricupero, de Brasil, sean “enemigos” de la institución.

Al Banco se lo acusa con sólidas argumentaciones de someter la economía de los países en desarrollo a los intereses de gobiernos y corporaciones del norte industrial. En 2006 Wolfowitz se comprometió con una “estrategia a largo plazo” para ayudar, con fondos y expertos del banco, a los países pobres a librar a sus gobiernos de sobornos y otras prácticas deshonestas.

Un informe emitido desde Jakarta, Indonesia, el cuatro de mayo, echa un poco de gasolina al fuego que envuelve al norteamericano: dos periodistas de Associated Press, Zakki Hakim e Irwan Firdaus, advierten que “La polémica que afecta al presidente del Banco Mundial Paul Wolfowitz ilustra su falta de ética, que salió a la luz hace dos décadas cuando era embajador en Indonesia y no condenó la corrupción ni las violaciones de derechos humanos”.

El profesor Jeffrey Winters, de la Universidad Northwestern, dijo que el pasado profesional del funcionario demostró que no estaba en condiciones de regentar el BM. Destacó que la liberación del sector bancario de Indonesia en 1988, promovida por el equipo económico de Wolfowitz y los organismos internacionales de crédito, se realizó sin prever mecanismos de control o supervisión:

“Los zorros campaban a su aire por el gallinero financiero y nadie, incluyendo Wolfowitz, presionó a los indonesios para que diseñaran salvaguardias con las que proteger los depósitos del público”, dijo.

Suharto fue derrocado en 1998, y su familia fue acusada de apoderarse de unos 35.000 millones de dólares en fondos estatales durante su mandato, según Transparencia Internacional. Centenares de miles de personas fueron muertas durante esa dictadura.

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Citamos, para terminar, otra vez al periodista Emilio Marín:

“No deja de llamar la atención que en EEUU Wolfowitz pueda terminar destituido de su cargo por ese delito y no por los crímenes de lesa humanidad que cometió como viceministro de Defensa entre 2001 y 2005. Al promover junto a su jefe de entonces, Donald Rumsfeld, las guerras e invasiones de Afganistán en 2001 y de Irak en 2003, aquél fue corresponsable de la muerte de centenares de miles de personas.

“Suena risible que al final tenga un traspié por ordenar un pago de unos miles de dólares de más a su amante. Si así ocurre, una vez más una sociedad hipócrita quedará en paz con sus preceptos religiosos de superficie. Y sus mandatarios seguirán bombardeando a países más débiles, en regla con los presupuestos de Defensa votados regularmente en el Capitolio y nutridos de los ciudadanos que se ufanan de pagar puntualmente sus impuestos”.

Naturalmente, el presidente Bush “confía en Wolfowitz y en su trabajo”. No dijo nada sobre su buen gusto en materia femenina.

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